está cansado ya de conocerme,
de darse a conocer,
de ir siempre conmigo a todas partes,
de huir interminable el horizonte
que sólo queda con sí mismo.
Sus extrañas manías, su memoria,
su estar encadenado a la agonía,
a la terbutalina y al café
a la melancolía en cada cosa,
los mismos libros y la misma música
y su morirse poco a poco,
-ama la muerte el cuerpo-
quitándonos el pelo
poniéndonos cara de padre.
Su desbocado corazón nocturno
no sé qué espera de nosotros,
qué ansía
sin dejarnos dormir.
Mas no he venido aquí a escribir
del insomnio
y su podrido halo literario,
he venido a reiterar
la reconciliación
mis ganas de vivir tranquilo,
pese al daño que ambos nos hicimos
pese al daño que ambos nos hacemos.

















(El sabor de la vida lo perdemos degustando...)
ResponderSuprimirMe quedo, como siempre, enmudecida por tus palabras.
Gracias por leerlo. Sinsabores hay muchos en la vida, pero luego hay momentos que hacen que todo merezca la pena, incluso los sinsabores.
ResponderSuprimir"Su desbocado corazón nocturno
ResponderSuprimirno sé qué espera de nosotros,
qué ansía
sin dejarnos dormir."
Precioso... :)
beso
Muy bueno
ResponderSuprimir