martes, 27 de abril de 2010

Sosiego


Hoy, después de mucho tiempo, he encontrado la tranquilidad. Nunca me había sentido tan tranquilo y tan dentro de mi cuerpo, ha sido esta mañana, de camino al trabajo. Me he levantado una hora antes, pues ya no podía dormir más y en lugar de coger el autobús hasta la estación, he decidido hacer el camino a pie.
Cuando he salido de casa llovía levemente, como con cuidado, era una lluvia agradable que se dedicaba a acariciarlo todo de pasada, al rato las nubes se han deshecho, como dos cuerpos que se separan tras un abrazo, dejando pasar la luz de la mañana, con ese casi calor desde lo más azul del cielo, la brisa tras la lluvia empujaba infinidad de olores. Casi puedo decir que eran olores positivos, olor a árbol, a río, a horno de pan mañanero, olor a gente yendo al trabajo.
Y he sido consciente por un segundo, del lugar que ocupaba mi corazón latiendo en el pecho, y de que había algo valioso a mi alrededor que se demostraba. No sé qué era, creo que era mi propia tranquilidad huyendo en ondas, como las que deja una piedra que cae en un lago atravesándolo todo y siendo atravesada al mismo tiempo. Detrás del cristal de las gafas de sol, podía ver el sol brillar, como un hermano, como un amigo, como algo inquebrantable.
Creo que esta sensación ya no podrá abandonarme nunca, ha sido algo fuera de la vida, o quizás tan profundo que no deba sentirse, como si un por un momento todo pudiera comprenderse y aceptarse tal como es.
Las cosas fueron como fueron, son como son, y serán como sean, están donde están y tienen sus motivos para ser así, todo tiene sus motivos.