lunes, 10 de mayo de 2010

Ser uno mismo



Debería estar feliz, hoy me han entregado el informe con la valoración de mi año como asistente de idiomas aquí en Alemania. Me han dado la máxima nota posible en todo y han escrito en él unas observaciones que me han dejado sorprendido, pues jamás me hubiera esperado un informe tan favorable, sinceramente.
Mirado con perspectiva, es a lo que vine, a llevarme este papel para demostrar en un futuro a quien no sepa cómo trabajo que soy capaz de realizar todo lo que dependa de mí de la mejor forma posible sea donde sea y que lo he hecho aquí, en otro país y en otra lengua. El mundo es así de cruel y de aséptico, y yo no tengo por qué serlo menos en el ámbito profesional, o cómo quiera llamarse a las cosas que el resto no quiere hacer y por eso nos pagan, trabajo. Tengo la suerte al menos de hacerlo a día de hoy en algo que me apasiona, y espero que así sea, y en esa dirección caminaré siempre, en lo que me apasiona... Cueste lo que cueste, y le pese a quién le pese, me dedico a lo que me dedico y necesito ser de lo bueno, lo mejor dentro de mis posibilidades, pues es el único apoyo que tengo y que tendré en lo laboral, nadie me va a regalar nada que no me merezca.
Decía que debería estar feliz, y no lo estoy, creo que ya no sé estarlo, o se me ha olvidado o simplemente ya no sé cómo hacer para que dependa de mí.
Este año aquí, pese a ser tremendamente productivo en lo profesional y lo formativo, ha sido una verdadera catástrofe en otros sentidos. Creo que nunca había llegado a ciertos límites de decepción humana (el primero conmigo mismo), y jamás me había sentido tan desamparado y a la deriva, supongo que es algo que conlleva mi forma de intentar vivirlo todo de una forma tan real, tan de verdad y tan de corazón, que no tiene cabida a día de hoy en mi entorno.
Pese a tener el apoyo incondicional de las personas que he podido comprobar que realmente me quieren y me aprecian por cómo y quién soy con mis virtudes y mis defectos, que no son pocos para mí, me han faltado muchas otras cosas, y me he empeñado siempre en esperarlas, y hacerme expectativas inalcanzables y en creer, quizás ese sea mi mayor defecto, que todo tiene una solución y que todo es digno de poderse hablar y dialogar, castillos en el aire. Me encantaría ser de otra forma, pero no sería yo.
Es otra parte de mí, sé hacer las cosas muy bien y muy mal, rematadamente mal, tan mal que habría que inventar otro adverbio para designar lo mal que soy capaz de hacerlo. Lo sé, y sé lo que sería y hubiera sido más sencillo, y lo que me hubiera evitado estar como estoy a día de hoy, pero no sería yo.
Espero siempre una carta o un mensaje que no llega, un no te preocupes más, un todo va a salir bien, un anímate, un tengo ganas de verte, un te echo de menos, un me haces falta, un estaré ahí siempre, una palabra aliento, un te quiero sin condiciones... Pero no, ya no y además no tiene sentido.
Es imposible, y además comienza a ser ridículo, rozando con lo patético y lo Dostoyevskiano, sobre todo con mi afán autodestructivo y mi relación de refugio negativo con cierta sustancia, que no me aporta más que más problemas, más ridículos, lágrimas a destiempo, y más daño a mí mismo al fin y al cabo, y preocupación para aquellos que sufren por mí. Creo que he tenido ya tiempo suficiente para afrontar las cosas y comenzar a actuar en consecuencia.
Asumo mi parte de culpa, toda si se quiere, y asumo la culpa de no haber sido tan independiente como debería, y asumo que fue decisión mía preocuparme de mi futuro, y asumo que no tengo arrastrar a nadie con mis decisiones, asumo que no se me dé ya nada o casi nada de lo que espero, y asumo mi culpa a la hora de esperarlo y de decepcionarme por ello. Soy yo el culpable de todo, es cierto, eso es cierto.

Pero si no lo esperase, no sería yo mismo.

Y ser yo mismo es todo lo que puedo ser.