martes, 27 de julio de 2010

Acuarela desde el balcón a la manera de Albert Goodwin




Hace una tarde preciosa de verano, el sol deshace el azul secando los bañadores y las melenas femeninas, la vida es algo que le ocurre a los demás, oigo jugar a los niños, alguien sube en un coche acompañado, una pareja pasea un perro, adolescentes se drogan sentados en el césped, el tiempo es un líquido dorado que se cuela por los huecos de las persianas dibujando las sombras.
El teléfono móvil no suena, y cuando suena es un hermano o un amigo, alguien al menos, alguien que se acuerda de mí, alguien con los que siempre quiero hablar.
Me gustaría ser pintor y pintar como Albert Goodwin, como si todo cupiese en la luz, incluso la luz misma. Como no tengo ningún talento para la pintura llamo a mi texto acuarela, si fuera pintor seguramente me gustaría saber escribir y pintaría palabras sobre un fondo azul. Palabras con eme como mirada, amor o muerte.
Alguien levanta los toldos de su casa, otro alguien baja la basura, la vida está llena de álguienes que dan sentido a la calle, las farolas no se mecen con la brisa, los árboles sí, a lo lejos, lejos como la línea del horizonte veo cuerpos de mujer que esperan en una rotonda, ofrecen sexo por dinero, a nadie parece importarles sus vidas, están tan morenas de estar al sol que es imposible que su piel encaje de modo alguno con su tinte de pelo, Dios se ha olvidado de todos nosotros, una mujer las mira con desprecio desde el interior de su coche, vuelve de su trabajo, su hijo va a clases violín, su hijo está en un campamento, su hijo no la conoce, se separó de su marido, se enamoró de su monitor de gimnasio diez años más joven que él, quedan, después del sexo no saben de qué hablar, ven la televisión, luego él se marcha, a ella le gustaría que él se quedase a dormir más a menudo, hay una ley no escrita, lo ama, la parte estable de la antigua relación con su marido la ocupa un amigo calvo con el que toma cervezas y va a cenar o al cine, de algún modo sabe que acabará con él cuando el monitor se canse o siente la cabeza, es un buen hombre. Las putas ni reparan en ella, no es un hombre, no es dinero.
Las grúas de los edificios en construcción y las antenas de televisión de los ya construidos apuntan hacia algún lugar, un minúsculo avión las atraviesa, huyendo, todos necesitamos huir alguna vez.
Llega la noche, enciende las estrellas.