jueves, 29 de julio de 2010

Azar


A L.

Todo es azar. Azar, la distancia que separa a la primera y la última letra del alfabeto terminando juntas.
El mundo existe por azar, nacemos por azar en un país, en un lugar, en una familia y no en otra por azar, y por ese azar aprendemos hablar en una determinada lengua o en otra, si en nuestra infancia, por azar, no nos toca emigrar a otro país, y por ese azar acabamos aprendiendo otro idioma.
Vamos a un determinado colegio porque nuestro domicilio se emplazó por azar en una calle cercana, podría haber sido perfectamente otra, si por azar económico nuestros padres hubieran elegido otro domicilio. Por azar alfabético de nuestros apellidos nos toca una clase y en ella unos compañeros y no otros.
Todo ocurre por azar a lo largo de la vida.
Las amistades más profundas y duraderas, los desengaños, los amores más hermosos o los más tristes, las desgracias más hondas y aciagas, los momentos más felices y excelsos, todo es producto de la suma de infinitésimos azares.
Por azar puedes encontrarte mañana con la persona que cambie tu vida para siempre, dejando una marca imborrable en ti, una huella de eternidad en el pensamiento que jamás te abandonará. A veces el azar que cambia nuestras vidas es un susurro al oído, una conversación, una mirada, una noche en un bar, un cruce en una escalera, una decisión insignificante como coger un autobús u otro, esperar en una estación, pulsar el intro, pulsar aceptar, enviar una carta, llamar, colgar, elegir estudiar una cosa u otra, atreverte a hablar con ella, con él, dar el beso, dar el paso, decir adiós para siempre, la distancia de un segundo a otro, equivocarte de llave, equivocarte de número de teléfono, tener un sueño, escuchar una canción y que te guste, leer un poema...
Todos, todos y cada uno de nosotros somos la suma de un inmenso azar, pero no hay que olvidar que en nuestras manos está la decisión de esperar a que nos toque el turno, recoger los dados y tirarlos de nuevo a ver qué sale. Nadie nos puede quitar eso, nadie puede arrojar de nosotros la voluntad de querer que las cosas sean de otro modo, ya salgan según o diferentes a lo que habíamos pensado.

Yo sólo deseo buena suerte a todos los que me leéis, e incluso a los que no lo hacen, aunque poco cambien a lo largo de la vida los deseos de los demás.

Pero quiero intervenir en vuestro azar, del mismo modo que una vez intervino una persona muy importante para mí, diciéndome que el grupo Porcupine Tree existía. Espero que la canción de Trains os haga un poco mejores, no sé en qué sentido, pero uno parece que se vuelve mejor después de escucharla.

Always the sommers are slipping away.