miércoles, 14 de julio de 2010

La espiral


A Henry Chinaski

Bajaste la espiral hasta el último anillo,
no había nadie allí,
sólo la propia ausencia del que contempla.

Nadie,
ni amor, ni familia, ni amigos,
a la hora de morir estabas solo,
las palabras no significaban nada
la vida era tan sólo digna de olvidarse
algo que desaparecía dentro de ti mismo.

Entonces seguiste caminando
y descendiste más allá,
siempre había otro anillo que era el último,
lo comprendiste:
tú eras el límite.

Trazaste entonces el círculo más hondo,
abrazaste tu propia locura
era tu don,
era perfecto.

Lo que no sabías,
es que mucho más abajo estaba el mundo.