lunes, 5 de julio de 2010

Musa


Musa
Tu voz es un acorde de La mayor atravesando las paredes de mi vida.
Tu mirada un cielo nocturno inmerecido e imposible bajo el que camino,
ese cielo que imaginamos que hay al otro lado de nuestra existencia,
donde todo es al fin posible y perfecto,
un lugar donde no existe la culpa,
donde los demonios lloran,
donde los ángeles envidian nuestro destino.
Tu risa es un motivo para que mi corazón siga latiendo.
La forma de tu cuerpo hace posible todas las ciudades del mundo.
Tu alma es lo que lleva a todos los escritores del mundo a escribir,
los escultores a esculpir, los pintores a pintar,
a todos los que aman la música a aprender a tocar un instrumento,
a los mentirosos a mentir,
a los inocentes a buscar un refugio en su propio silencio,
todos ellos buscan tu alma,
la contemplan a través de su propia soledad,
un instante a tu lado les brinda un nombre eterno.
Yo sé qué clase de abandono te contiene,
sé donde habitas,
te he visto cientos de veces empujando al sol para extender el manto de la noche,
por ver si así conseguíamos abrazarte,
no te importaba quién,
nunca te importó quién,
te importa cómo.
Y sé, ahora por fin sé,
en qué cuerpo has decidido encarnarte.
Y estoy dispuesto a ir todo lo lejos,
a recorrer el camino que has trazado para cumplir tu voluntad en mí.
Sólo te ruego que sepas,
que sepas para siempre,
que jamás fui digno de tanta dicha,
soy sólo alguien que escuchó por casualidad el mayor secreto del mundo:
Nos amas...