sábado, 31 de julio de 2010

Precioso


Como si se lo dijera a Abraham González,
el amigo al que siempre me refiero

No es fácil desprenderse de alguien a quien amas, sobre todo si tú conjugas el verbo en presente y la otra persona lo hace en pasado.

No es sencillo atravesar la senda de los días sin su imagen, sin su voz, sin su anterior cercanía, sin pensar que se ha abandonado todo un mundo de pequeñas costumbres, sin pensar que hay algo que queda por disolver en nuestra sangre y no sabemos qué es. Cada pequeño detalle material se torna en un recuerdo, una tierna reliquia dolorosa aunque distanciadamente feliz, porque fue posible.

Entonces empiezan a verse cosas que antes no se veían: El vacío que deja en los muebles el lugar que ocuparon sus fotos, una orquilla de pelo que aparece en una mochila, una pulsera abierta sobre la mesa, la frase que te dijo al dártela, un disco de música, la tarde a solas en que te lo regaló, una camiseta, una postal de una ciudad que os vio caminar juntos, el olor de su perfume al pasar otra mujer por la calle, como si oliera a su nombre.
Quizás resida algo de hermosura en toda esa consciencia que libera lo que nos hiere, y el atravesar los momentos más increíbles, en el sentido literal de la palabra, para contemplarlo con nosotros mismos en nosotros mismos. He utilizado el verbo herir, iba a borrarlo, pero si ha aparecido por algo será, a veces las palabras nos eligen para hablar de nosotros.

No sé tampoco si pueden alcanzar conclusiones, si hay un lado u otro lado del amor.

Sólo sé que necesito escribir sobre ello, dejarlo un fuera de mí de algún modo, o quizás dejarlo dentro de algo, como las cosas que se guardan para no verlas, pero no se tiran.
Sé que quiero empezar de nuevo, y que estoy dando pasos en la dirección correcta, que es la dirección que conduce a mí, y a construir desde mí lo que ocurra conmigo.
Sé que necesito alejar de mí este afán involuntario que cede y que cede y que cede con cada pensamiento a los sentimientos más profundos e irracionales, porque están ahí, todavía están ahí, porque eran de verdad, y eso no es malo.
Es bonito que estén ahí, para qué negarlo, sin embargo, me están también ocurriendo infinidad de cosas preciosas últimamente que requieren de mi atención.
¿O no es bonito ir a tomar algo con un amigo a solas y reírse en la cara de todas las desgracias? ¿O no es bonito ir al cine con tu hermana pequeña a ver una película? ¿O no es bonito aprenderse una canción de Jeff Buckley y utilizar acordes suyos para componer otra? ¿O no es bonito que un hermano quiera irse de viaje contigo a Huelva y a Portugal seis días, y encima te lo pague, y todo con una sonrisa en los labios y en el alma? ¿O no es bonito que alguien nos escriba desde el otro del mundo diciendo que "le nace escribirte porque hay algo que gratuitamente le atrae"? ¿O no es bonito hablar en alemán cada noche y recibir cartas y postales?

No es bonito, es precioso, aunque haya siempre algo que falte.

Tú me entiendes bien.