lunes, 30 de agosto de 2010

Ansiedad



Hay noches en las que el corazón late diferente, con otra potencia, como si quisiera expresar una voluntad propia, ajena a todo, únicamente suya, como si hubiera dejado de saberlo todo, y al mismo tiempo como si ya no quisiera saber nada más, como si necesitase una palabra que nunca llega, y detrás de esa palabra la remota posibilidad de una persona que lo comprenda, y detrás de esa persona el imposible lugar de un tiempo nuevo, busca un igual al que algún día supo decir te quiero, donde sólo queda silencio, ausencia, vacío, como el de una casa que hubo de abandonarse.
Y late y late y late y te empuja, y no sé sabe qué se rompe, pero algo se rompe, algo se ha roto y no lo puedes explicar, no lo puedes ver, ni tan siquiera estás preparado para sentirlo, igual que el conocer a alguien que nunca nació, o lo que te promete al fondo del horizonte la orilla del mar.
No lo podrás ver jamás, ya no existe, sólo existe tu corazón latiendo en aquella dirección que no existe, como alguien que caminase al mismo tiempo bajo la lluvia, bajo la nieve, bajo el sol de Julio, donde nadie se atreve y es innecesario, allí donde no hace falta. Voluntad inútil que permanece y allí sigue, dándose, golpeando la nada, dentro de ti, dentro de ti, dentro de ti.

¿Dentro de quién, dentro de cuánto?