jueves, 5 de agosto de 2010

La certeza



Nunca regresan los días, nunca retornan las noches, se marchan, ocurren a través de nosotros, nos atraviesan, fugaces, tranquilas, sospechosamente iguales.
Llega un momento en el que puedes llegar a pensar que nada se parece a lo que ya te ha ocurrido, y como el árbol del que han caído las hojas, te sientas desnudo y lejano ante tu propia conciencia, y a un mismo tiempo como siempre, el mismo tú de siempre, aquel que sabe lo que dicen sus ojos frente al espejo, lo que ha quedado de ti con el tiempo, tronco y ramas desnudas.

Es el momento de la certeza.

Lo que verdaderamente pese en tu alma ocupará su espacio, sin juicios de valor, sin voces ajenas, sentirás el vacío que intentaste llenar con lágrimas un día, no ocurrirá nada, te situarás frente a tus miedos y los comprenderás, como si siempre hubieses mirado un tapiz desde dentro sin darle la vuelta, tus alegrías serán entonces verdaderas alegrías, pues tendrán la tierna y rocosa dignidad de los buenos recuerdos, y todo aquello cuanto sea superfluo, prescindible y quebrantable, se desprenderá de ti, lo quieras o no. Mas no te olvides, no lo olvides nunca, aquello que te hirió profundamente dejó su cicatriz, y no hay nada más hermoso que seguir adelante con ellas y sobrevivir a ellas con nosotros, pues el dolor es un maestro, el único que nos enseña una lección diferente a cada uno, el único capaz de detenerlo todo y hacernos recapacitar en quién somos y por qué somos de una determinada forma u otra, el único que comprende y responde con su silencio, lo que sólo hablamos en silencio.

Llegará, llegará tu momento, tu momento de la certeza, guarda silencio, evócalo todo dentro de ti.

Deja entonces que tu alma se eleve como una nube en la luz, y contemple su propia vida cruzando ante tus ojos, pues somos algo que se marcha.

Y permite que dude, que dude que ese alma que nos contiene a cada uno, nos pertenezca sólo a nosotros, de ella somos responsables, pero no nos pertenece, al menos no del todo.

A quién le pertenece entonces, te preguntas...

A todos aquellos que sin ella no serían iguales, pues ella está presente, pues ella queda un poco en todo lo que haces, o al menos, eso piensas ahora, hoy, el día que no ha de regresar jamás.