jueves, 30 de septiembre de 2010

Si el amor



¿No lo has pensado siempre?

Si es un sueño el amor, será la luz más hermosa en la que jamás habites y pertenezcas. Si es sólo una mirada, será la única que eleve tu alma ante algo inmenso, más grande de lo que puedes entender, insospechado. Si es un cristal, se partirá dentro de ti abrazando todos los reflejos, abandonándose frágilmente al vértigo perfecto de su caída. Si es una palabra, será cantada con silencio, impronunciablemente tuya, como alegría que mece o tristeza que hunde, sola en su naturaleza indestructible. Si es un nombre, será solo ese nombre flotando alrededor del mundo y de las calles, sobre los edificios, sobre las carreteras, sobre las olas del mar, sobre los estantes de los supermercados y las noches de luna. Si es un beso, será siempre ese beso que robaste a tu destino, será un verso de Salinas, sí, el tiempo antes de ese beso y el de después no significarán ya nada. Si es música, será la noche que Billy Corgan compuso Stand inside your love. Si es literatura, será Rilke escribiendo Liebes-Lied.

Si es ella, sólo podrá ser ella y nadie más, porque será todo, todo por primera vez para siempre.

martes, 28 de septiembre de 2010

La identidad (Milan Kundera)

No sé dónde leí el siguiente párrafo que llamó mi atención poderosamente por su calidad:
"Por mucho que él la dijera que la quiere y la encuentra guapa, su mirada de enamorado no le servía de consuelo. Porque la mirada del amor es la mirada del aislamiento. Jean-Marc pensaba en la amorosa soledad de dos viejos seres que han pasado a ser invisibles para los demás: triste soledad que anuncia la muerte. No, lo que ella necesita no es la mirada del amor, sino un aluvión de miradas indiscriminadas, desconocidas, groseras, concupiscentes, que se detengan fatal e inevitablemente sobre ella sin simpatía, sin ternura ni cortesía. Esas miradas la mantienen en la sociedad de los humanos. La mirada del amor la arrebata de ella"

Busqué el autor y tras el autor la novela, después de saberlos, La identidad de Milan Kundera, he puesto ese rumbo romántico a la librería de la que me nutro, donde camellean con sueños, historias y poemas, la misma donde me compré todos los libros que había de Bukowski e hice que me los envolvieran para regalo aunque fueran para mí mismo, y la he traído conmigo a mediodía a mi casa, por cierto, ahora cobran la bolsa de papel a 40 céntimos, la próxima vez que vaya a pillar me llevo dos monedas de 20, lo contrario sería demasiado alemán.

Es un libro que me ha dejado una sensación agridulce, he disfrutado mucho con la intensidad e ironía de ciertos pasajes y he cruzado horrorizado por otros, precisamente por lo literarios, lo forzados y lo poco originales que me han resultado.

En realidad la novela en sí es una cesárea de ensayo, que no un aborto, desde la doble perspectiva de un hombre y una mujer para hablar del amor y de refilón sobre la amistad, la inseguridad y la naturaleza azarosa del destino de los que se aman, suponiendo que exista el amor en la sociedad actual (en esto hace mucho hincapié Kundera), tornándose al final en una de readaptación de "El marido impertinente" cervantino con unas cartas de por medio.

Es una novela que empieza siendo épica lluvia y en lugar de terminar en río, o en mar, acaba tornándose en un charco sucio de la calle en el que se refleja el piloto rojo de una cámara de seguridad.

El mismo tipo de novela, con la misma estructura bimembre y temática, y mejor llevada a cabo en su lirismo y en su intención, a mi juicio, la podemos encontrar cincuenta años antes en Heinrich Böll, escritor alemán en el buen sentido de la palabra, y su "und sagte kein einziges Wort" (en Español "Y no dijo (ni) una (sola) palabra"). La cual recomiendo por delante de ésta, con tilde, de Kundera, y que de todos modos no me arrepiento de haber comprado, tiene pasajes memorables que releeré dentro de un tiempo.
Su mayor defecto es ese, es demasiado literaria. ¿Y qué significa esto? Pues que el autor intertextualiza demasiado su propia trama, sin que ello aporte un sentido final tan siquiera al marco, a las historias o al sentido del devenir de los protagonistas, perdiéndose de una manera sencilla en el galimatías de lo real o de lo irreal.
Lo mismo es que la escribió en francés y se acabó cansando o perdiendo... Vaya usted a saber, que decía el otro.

Aun así, ha sido una tarde de soledad escogida, lectura y sol deliciosa.

¿Qué más se puede pedir?
¡Ah sí! A ver si me traen pronto Factotum.

(Gracias a todos los encadenados que os pasáis a leer por aquí)

lunes, 27 de septiembre de 2010

Ella se ha ido o todavía no ha llegado



"Crushing down, crushing down again
crushing down my friend"
Billy Corgan


Reconforta saber que existe cierta música que nos comprende, viejos poemas a los que acudir en busca de auxilio, asideros donde sólo encaja nuestra alma, hechos de la misma materia que nosotros, porque son nosotros y van con nosotros.
Me ocurre con Cernuda y con Billy Corgan, no voy a decir aquí que son el mejor poeta ni el mejor escritor de canciones, que es discutible y depende de los gustos de cada cual y se puede llenar todo de palabras y opiniones ya pronunciadas y aplicables a cualquier otra cosa, no, pero sí que son para mí en los últimos momentos un hogar donde refugiarlo todo, lo decible y lo indecible. Lo son en mí por varios motivos, sobre todo porque son ya muchos años a su lado, y porque despiertan los vínculos y los afectos más importantes dentro de mí. Sin embargo, en última instancia lo son porque son absolutamente épicos, y siempre hay en ellos el misterio de una respuesta que se responde con más preguntas.
Como si en la mano que se mueve por el mástil o en la sílaba siguiente, hubiera más que una parte de mí, hubiera un todo que me dice mejor de lo que yo jamás podré decirme.
Sé que os estoy hablando de otra cosa, que no venía a escribir de esto, que me estoy ocultando detrás de lo que admiro para sentir a través de ello, deja de novelar Fernando.
A veces pienso que es lo que mejor se me da, sentir a través de lo que despierta mi admiración, tratar de comprender todo cruzándolo a través de mí, interpretándolo, haciéndolo mío para devolvéroslo.
Ella se ha ido, o todavía no ha llegado.


sábado, 25 de septiembre de 2010

La fuente



"Feelings are intense.
Words are trivial"
Martin Gore

Debería sólo escribir silencio, hacerlo presente, es siempre revelador. Sentir es silencio. Mirar es silencio. Amar quizás sea silencio.

Cada capítulo escrito, cada imagen dibujada en el cuaderno de tu alma, cada golpe en la piedra para siempre, cada nota sacada al piano, cada canción rodeando tu espíritu, cada poema y su cadencia en cada folio, cada puesta de sol en el centro de tus pupilas, cada noche de luna llena con su luz azul y blanca, cada mano en tu mano, cada estrella, cada ciudad por la que caminaste, fue sólo silencio.

Eras tú y tu silencio, lejos de todo, en ti, en el centro adonde nadie ni nada más puede llegar. Todo lo que no es silencio, se falsifica un poco, se miente, se nombra, se distancia.

Me gustaría ser como esas fuentes de las que ya no surte el agua, abandonadas y sobre las que cae el tiempo, la lluvia, las hojas de un árbol cercano, haciendo contemplar en quien las mira su propio silencio.

O tan sólo ser una vez esta persona, a solas, enfrente de sí mismo, que pronuncia tu nombre y recompone tu imagen con silencio. Contigo, en esa ausencia, en la que ni siquiera sabes que te estoy nombrando.


miércoles, 22 de septiembre de 2010

Este silencio



¿No soy este silencio?
¿No soy este callar alrededor de ti,
este pensar en ti sin más palabras?
¿No era todo un camino hasta el momento en que la verdad fue tan grande
que sólo pudo pronunciarse?
¿O soy tan sólo un hombre,
que proyecta sus sueños en tus ojos huyendo de su propia vida,
tus ojos que cercan mi alma con su cerco,
tus ojos cuyos iris cambian de color dependiendo de la luz que los alce,
tus ojos de cielo o de agua, de hiedra o esperanza?
¿Te he dicho alguna vez, te han dicho alguna vez,
que son ellos los que convierten la luz en verde o en azul
y no al contrario?
Quizás soy solamente este silencio,
quizás lo he sido siempre sin saberlo.


lunes, 20 de septiembre de 2010

Inolvidable



(Fragmento de mi próxima novela: Siempre el azul)


Hay momentos por los que vale la pena vivir y seguir viviendo, porque en ellos, alrededor de ellos y al llevarlos dentro de nosotros con nosotros todo se cubre de sentido. Ocurren créeme, deja que te ocurran, o evócalos dentro de ti para sentirte parte de algo digno ante lo que arrodillar tu alma.

Recuerdo sus ojos mirándome desde el fondo de sus pupilas bajo la tenue oscuridad o casi luz de una habitación a solas, su sonrisa, su mano sobre mi rostro, se podía escuchar el peso del silencio de tantos años entre nosotros, fuera ya había amanecido, pero el mundo de ahí fuera era un lugar lejano, más lejano que la infancia, más lejano que el porvenir, un lugar al que ya no pertenecíamos aunque tuviésemos que regresar a él, todo se tornaba presente. Deshicimos el tiempo para siempre, y como si pudiese cristalizarse en un gesto o en palabras, ella dijo con una hermosa lentitud:
-Podría quedarme así toda la vida.

Y así fue, o al menos dentro de mí ya no habría otra imagen o momento más real en el que recordarme. Volví a besarla. Sentí cerrarse un libro, caer un telón, llegar a ese lugar imposible que hay en cada uno de nosotros, es algo grande para lo que hacen falta palabras absolutas: Destino, amor, final, ternura, lluvia, cielo.
De algún modo éramos el lugar contrario de la muerte. Y aunque jamás podré explicar o trazar con palabras lo que me había sucedido y lo que estaba sintiendo en aquel momento, sabía que una parte de mí estaba al otro lado de la vida sentada, tratando de escribirlo, tratando de decirte que era cierto, que había merecido la pena tanta angustia y sufrimiento, tanto vagar sin rumbo y tanta soledad, y que de alguna forma siempre lo habías intuido en tu interior. No se llamaba esperanza, era algo más grande, algo parecido a la luz, algo parecido a las estrellas, algo parecido a un ángel o a ver el mar. La abracé, como si abrazase una parte de mí, quizás fuera eso, ella era una parte de mí, la más pura, la más perfecta, no me completaba, no, me hacía posible.
[...]

martes, 14 de septiembre de 2010

Antes de irme a dormir

Soneto nocturno a Ledlin


Te escribiré un soneto por amor
amor hay siempre en todo primer verso,
amor creó una vez el universo
por él vendrá el final quebrantador.

Amar, ser todo un sol abrasador
y luna oculta y fría en su reverso,
océano perdido en el que inmerso
el alma flota pura en su interior.

Y en esta oscuridad, bajo esta noche,
quizá primera noche de mi vida
ocurra todo aquello cuanto espero:

Que no encuentre en tus ojos ni un reproche
y seas tú la que jamás olvida
un soneto diciéndote te quiero.



El miedo de pensar lo que le debo



"And your dream, absolve
and your path, dissolve"
Steven Wilson

Me gustaría hacer sentir a alguien, alguna vez en la vida, igual de bien que a mí me hace sentir Steven Wilson.

Y rodearlo todo de la misma infinita intimidad, verdad y respeto por la belleza que desprenden sus canciones, su música. Me parece que ya nunca más seré capaz de escribir una línea sin tener Porcupine Tree o cualquiera de sus canciones en solitario de fondo, incluso me parece que son ellas las que escriben a través de mí y no yo, quizás eso forme parte de la magia de sus composiciones.
O quizás, en el fondo, sólo somos dos almas que se hablan de una misma forma y que las que sin conocerse, sólo nos importa esa realidad: hacer ver lo extraño y desalmado en lo que se ha convertido el género humano y lo solo que te puedes llegar a hacer sentir en este mundo.

Hubiera dado todo lo que tengo por escribir alguna vez una canción como Way out of here:




Out at the train tracks
I dream of escape
But a song comes onto my iPod
And I realize it's getting late

And I can't take the staring
And the sympathy
And I don't like the questions "How do you feel?"
"How's it going in school?"
and "Do you wanna talk about it?"

Way out
Way out of here
Fade out
Fade out, vanish

And I'm trying to forget you
And I know that I will
in a thousand years, or maybe a week
Burn all your pictures, and cut out your face

The shutters are down and the curtains are closed
And I've covered my tracks
Disposed of the car
Trying to forget even your name and the way that you look
When you're sleeping
Dreaming of this

Way out
Way out of here
Fade out
Fade out, vanish


Y de nuevo, fue mi hermano Alex el que me puso en contacto con semejante fuente de belleza e inspiración.

Le debo tanto, tanto, tanto... Que me da miedo pensarlo.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Vuelve pronto



Hay veces que pienso en ti sin que te des cuenta y te miro en secreto, sin siquiera decírtelo para que no te afecte, y trato de ir recogiendo los recuerdos que has ido dejando atrás, como piezas de un puzzle, hojas secas de los otoños de tu vida, noches de luna llena, o canciones o poemas que han pasado a través de ti como olas de mar, brisas azules sobre tu rostro infantil o las manos que se te dieron y sujetaste.
Siempre parece que no te importa nada, que no reparas en ello, que huyes de no sé sabe qué, pero con todo ese material de tu memoria trato de encontrarte, envolviéndolo todo con palabras, con imágenes, con ese oscuro nocturno en el que pareces vivir más y te sientes más protegido, porque se te ve menos, o simplemente porque todo se muestra como es para ti, como en tus sueños.
¿Te acuerdas de ayer volviendo a casa? Ibas tú solo por calles en las que no había nadie, por tu ciudad, a la que amas como a una mujer a la que odias porque te hizo más feliz que nadie sin saberlo. Yo te miraba mirar las calles en silencio, las calles por las que transcurrió una vez tu infancia y tu adolescencia, y vi cómo te sorprendía la altura del pasamanos de un escaparate por el que de niño pasabas tu mano sin agacharte, recordabas en silencio el gris de una plaza de toros que ya no existe,siempre piensas en las cosas que ya no existen, en lo que no vuelve, mientras los camareros hacían caja a última hora cerrando los bares, del mismo modo que una vez lo hizo quizás tu madre, con la televisión o la radio de fondo para acompañarse, y los últimos bebedores acodados en la barra con todo recogido te ven pasar al otro lado del cristal de la ventana y de la puerta, encontrando su dignidad en la persiana a medio cerrar y en la colilla de su cigarro que todo el mundo quiere prohibir.
Veías limpiar el tren cercanías por dentro, aparcado, la soledad de una limpiadora de tren aparcado pensaste, yo me pregunto por qué odias las palabras que se suponen literarias, por qué gastas tu tiempo en detestar vocablos como transeúnte, deambular, crepúsculo, estío, anhelo. Y no te preocupas en amar las palabras que amas, las más simples, las que te tocan el alma en su más puro centro, mirada, mar, abrazo, hermano, hermana, recuerdo, tarde, soledad, pensamiento, sentimiento, escribir. ¿Te has preguntado que hay en ellas de ti?
Luego te vi hablar por teléfono, y sonreír, y llegar a casa. No querías hablar conmigo, no querías que nos sentásemos a estar aquí, como a un amigo al que no se le cuenta un problema hasta encontrar el momento y el lugar idóneos. Te pregunto: ¿Es ahora el momento, viernes a las 0:53 de la noche? ¿Qué te ha pasado en el brazo?
No me vas a contestar, lo sé. Sé que llevas varios días sin venir, sin sentarte, hasta has ido a la ópera y me hiciste llorar de belleza en la oscuridad, seguro que te han pasado cosas y no me las vas a contar, aunque las sé o las intuyo, porque siempre te estoy observando. Creo que te entiendo, también es culpa mía, te exijo demasiada sinceridad, te desnudo ante todo el mundo, y hay partes de ti y cicatrices que no quieres mostrar. Vivo a través de ti y tú de mí. Los días pasan para ambos, ¿sabes? Hice un poema cuando pensaste en la forma en que caía la luz del sol sobre su rostro sentada en aquella calle cualquiera, como si para llegar a aquel instante todo hubiera merecido la pena, hasta los errores cometidos, pero tú todavía no has querido escribirlo.

Vuelve pronto, sé que te pregunta mucha gente por mí.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Más lejos


Ayer te besé en los labios.
Te besé en los labios. Densos,
rojos. Fue un beso tan corto
que duró más que un relámpago,
que un milagro, más.

El Tiempo
después de dártelo
no lo quise para nada
ya, para nada
lo había querido antes.
Se empezó, se acabó en él.

Hoy estoy besando un beso;
estoy solo con mis labios.
Los pongo
no en tu boca, no, ya no
-¿adónde se me ha escapado?-
Los pongo
en el beso que te di
ayer, en las bocas juntas
del beso que se besaron.
Y dura este beso más
que el silencio, que la luz.
Porque ya no es una carne
ni una boca lo que beso,
que se escapa, que me huye.
No.
Te estoy besando más lejos.

Pedro Salinas

Lo llamarás tu vida, pero tú no lo sabes, no eres capaz siquiera de adivinar lo que dejaste, lo que dejas en él, tu vida está siempre en otro lugar, sucediendo muy lejos de tus ojos, más lejos. No sabes cómo, jamás entenderás la forma en que él te recuerda cada segundo en que habita, su propio cuerpo, el tiempo, el mundo, porque ya nada le pertenece sino la propia identidad de su amor, sobre la que se copia latido a latido, como un reflejo sobre el aire llevado por la luz, como la luz sobre un cristal, así habita él en el mundo. Luz, amor, palabras que abrazan el silencio, sombras con lo que se rodea lo que se siente.
Silencio, sí, silencio. Sólo se ama en silencio, en ausencia de ser, en absoluta unidad, involuntariamente, lejos incluso de nosotros mismos. Y es algo que no muere, porque no nace, y es algo que no puede apagarse, porque jamás brilló su luz en sitio alguno, si tratas de explicarlo se derrama como el agua de las manos, a nadie se puede contar el sueño que está ocurriendo dentro de nosotros, si acaso al despertar, trazar torpemente el relato lo sucedido, sobre un lugar que ya no sucede y ya no importa. No, no es el amor quien muere, ya lo dijo Cernuda, somos nosotros mismos. No hay un antes y un después, hay un durante y un durante después.
Y así cambia todo para siempre dentro de nosotros, y recuerdas por siempre la fecha, la noche sin dormir en una habitación bajo las estrellas, sobre una cama los cuerpos bocarriba, tu cuerpo, cercano por primera vez, tus labios, sus labios, la risa, la risa pura como un color primario, como si hubiera una forma única de amarse, desconocida para el resto, como si se descubriera el motivo de la existencia, y todo significara sí.
(Hoy no quiero escribir con detalles, te darías cuenta enseguida de quién es él y quién eres tú).

Todo significaba sí entre tú y tú, y entre él y él, el tú que llegó hasta él y el él que llegó hasta ti y que ya no serían igual, que ya no son iguales.

Silencio, es lo mejor, lo mejor es callar la verdad, pues siquiera las palabras pueden expresarla o la música, nada, el amor es una mirada que nadie más puede ver, nadie más que quien ama.

Te volverá a mirar y no sabrás que es él, lo volverás a mirar y no sabrás quién eres tú.
Uno de los dos siempre estará más lejos.


jueves, 2 de septiembre de 2010

Un recuerdo



Recuérdalo.