martes, 28 de septiembre de 2010

La identidad (Milan Kundera)

No sé dónde leí el siguiente párrafo que llamó mi atención poderosamente por su calidad:
"Por mucho que él la dijera que la quiere y la encuentra guapa, su mirada de enamorado no le servía de consuelo. Porque la mirada del amor es la mirada del aislamiento. Jean-Marc pensaba en la amorosa soledad de dos viejos seres que han pasado a ser invisibles para los demás: triste soledad que anuncia la muerte. No, lo que ella necesita no es la mirada del amor, sino un aluvión de miradas indiscriminadas, desconocidas, groseras, concupiscentes, que se detengan fatal e inevitablemente sobre ella sin simpatía, sin ternura ni cortesía. Esas miradas la mantienen en la sociedad de los humanos. La mirada del amor la arrebata de ella"

Busqué el autor y tras el autor la novela, después de saberlos, La identidad de Milan Kundera, he puesto ese rumbo romántico a la librería de la que me nutro, donde camellean con sueños, historias y poemas, la misma donde me compré todos los libros que había de Bukowski e hice que me los envolvieran para regalo aunque fueran para mí mismo, y la he traído conmigo a mediodía a mi casa, por cierto, ahora cobran la bolsa de papel a 40 céntimos, la próxima vez que vaya a pillar me llevo dos monedas de 20, lo contrario sería demasiado alemán.

Es un libro que me ha dejado una sensación agridulce, he disfrutado mucho con la intensidad e ironía de ciertos pasajes y he cruzado horrorizado por otros, precisamente por lo literarios, lo forzados y lo poco originales que me han resultado.

En realidad la novela en sí es una cesárea de ensayo, que no un aborto, desde la doble perspectiva de un hombre y una mujer para hablar del amor y de refilón sobre la amistad, la inseguridad y la naturaleza azarosa del destino de los que se aman, suponiendo que exista el amor en la sociedad actual (en esto hace mucho hincapié Kundera), tornándose al final en una de readaptación de "El marido impertinente" cervantino con unas cartas de por medio.

Es una novela que empieza siendo épica lluvia y en lugar de terminar en río, o en mar, acaba tornándose en un charco sucio de la calle en el que se refleja el piloto rojo de una cámara de seguridad.

El mismo tipo de novela, con la misma estructura bimembre y temática, y mejor llevada a cabo en su lirismo y en su intención, a mi juicio, la podemos encontrar cincuenta años antes en Heinrich Böll, escritor alemán en el buen sentido de la palabra, y su "und sagte kein einziges Wort" (en Español "Y no dijo (ni) una (sola) palabra"). La cual recomiendo por delante de ésta, con tilde, de Kundera, y que de todos modos no me arrepiento de haber comprado, tiene pasajes memorables que releeré dentro de un tiempo.
Su mayor defecto es ese, es demasiado literaria. ¿Y qué significa esto? Pues que el autor intertextualiza demasiado su propia trama, sin que ello aporte un sentido final tan siquiera al marco, a las historias o al sentido del devenir de los protagonistas, perdiéndose de una manera sencilla en el galimatías de lo real o de lo irreal.
Lo mismo es que la escribió en francés y se acabó cansando o perdiendo... Vaya usted a saber, que decía el otro.

Aun así, ha sido una tarde de soledad escogida, lectura y sol deliciosa.

¿Qué más se puede pedir?
¡Ah sí! A ver si me traen pronto Factotum.

(Gracias a todos los encadenados que os pasáis a leer por aquí)