domingo, 5 de septiembre de 2010

Más lejos


Ayer te besé en los labios.
Te besé en los labios. Densos,
rojos. Fue un beso tan corto
que duró más que un relámpago,
que un milagro, más.

El Tiempo
después de dártelo
no lo quise para nada
ya, para nada
lo había querido antes.
Se empezó, se acabó en él.

Hoy estoy besando un beso;
estoy solo con mis labios.
Los pongo
no en tu boca, no, ya no
-¿adónde se me ha escapado?-
Los pongo
en el beso que te di
ayer, en las bocas juntas
del beso que se besaron.
Y dura este beso más
que el silencio, que la luz.
Porque ya no es una carne
ni una boca lo que beso,
que se escapa, que me huye.
No.
Te estoy besando más lejos.

Pedro Salinas

Lo llamarás tu vida, pero tú no lo sabes, no eres capaz siquiera de adivinar lo que dejaste, lo que dejas en él, tu vida está siempre en otro lugar, sucediendo muy lejos de tus ojos, más lejos. No sabes cómo, jamás entenderás la forma en que él te recuerda cada segundo en que habita, su propio cuerpo, el tiempo, el mundo, porque ya nada le pertenece sino la propia identidad de su amor, sobre la que se copia latido a latido, como un reflejo sobre el aire llevado por la luz, como la luz sobre un cristal, así habita él en el mundo. Luz, amor, palabras que abrazan el silencio, sombras con lo que se rodea lo que se siente.
Silencio, sí, silencio. Sólo se ama en silencio, en ausencia de ser, en absoluta unidad, involuntariamente, lejos incluso de nosotros mismos. Y es algo que no muere, porque no nace, y es algo que no puede apagarse, porque jamás brilló su luz en sitio alguno, si tratas de explicarlo se derrama como el agua de las manos, a nadie se puede contar el sueño que está ocurriendo dentro de nosotros, si acaso al despertar, trazar torpemente el relato lo sucedido, sobre un lugar que ya no sucede y ya no importa. No, no es el amor quien muere, ya lo dijo Cernuda, somos nosotros mismos. No hay un antes y un después, hay un durante y un durante después.
Y así cambia todo para siempre dentro de nosotros, y recuerdas por siempre la fecha, la noche sin dormir en una habitación bajo las estrellas, sobre una cama los cuerpos bocarriba, tu cuerpo, cercano por primera vez, tus labios, sus labios, la risa, la risa pura como un color primario, como si hubiera una forma única de amarse, desconocida para el resto, como si se descubriera el motivo de la existencia, y todo significara sí.
(Hoy no quiero escribir con detalles, te darías cuenta enseguida de quién es él y quién eres tú).

Todo significaba sí entre tú y tú, y entre él y él, el tú que llegó hasta él y el él que llegó hasta ti y que ya no serían igual, que ya no son iguales.

Silencio, es lo mejor, lo mejor es callar la verdad, pues siquiera las palabras pueden expresarla o la música, nada, el amor es una mirada que nadie más puede ver, nadie más que quien ama.

Te volverá a mirar y no sabrás que es él, lo volverás a mirar y no sabrás quién eres tú.
Uno de los dos siempre estará más lejos.