viernes, 10 de septiembre de 2010

Vuelve pronto



Hay veces que pienso en ti sin que te des cuenta y te miro en secreto, sin siquiera decírtelo para que no te afecte, y trato de ir recogiendo los recuerdos que has ido dejando atrás, como piezas de un puzzle, hojas secas de los otoños de tu vida, noches de luna llena, o canciones o poemas que han pasado a través de ti como olas de mar, brisas azules sobre tu rostro infantil o las manos que se te dieron y sujetaste.
Siempre parece que no te importa nada, que no reparas en ello, que huyes de no sé sabe qué, pero con todo ese material de tu memoria trato de encontrarte, envolviéndolo todo con palabras, con imágenes, con ese oscuro nocturno en el que pareces vivir más y te sientes más protegido, porque se te ve menos, o simplemente porque todo se muestra como es para ti, como en tus sueños.
¿Te acuerdas de ayer volviendo a casa? Ibas tú solo por calles en las que no había nadie, por tu ciudad, a la que amas como a una mujer a la que odias porque te hizo más feliz que nadie sin saberlo. Yo te miraba mirar las calles en silencio, las calles por las que transcurrió una vez tu infancia y tu adolescencia, y vi cómo te sorprendía la altura del pasamanos de un escaparate por el que de niño pasabas tu mano sin agacharte, recordabas en silencio el gris de una plaza de toros que ya no existe,siempre piensas en las cosas que ya no existen, en lo que no vuelve, mientras los camareros hacían caja a última hora cerrando los bares, del mismo modo que una vez lo hizo quizás tu madre, con la televisión o la radio de fondo para acompañarse, y los últimos bebedores acodados en la barra con todo recogido te ven pasar al otro lado del cristal de la ventana y de la puerta, encontrando su dignidad en la persiana a medio cerrar y en la colilla de su cigarro que todo el mundo quiere prohibir.
Veías limpiar el tren cercanías por dentro, aparcado, la soledad de una limpiadora de tren aparcado pensaste, yo me pregunto por qué odias las palabras que se suponen literarias, por qué gastas tu tiempo en detestar vocablos como transeúnte, deambular, crepúsculo, estío, anhelo. Y no te preocupas en amar las palabras que amas, las más simples, las que te tocan el alma en su más puro centro, mirada, mar, abrazo, hermano, hermana, recuerdo, tarde, soledad, pensamiento, sentimiento, escribir. ¿Te has preguntado que hay en ellas de ti?
Luego te vi hablar por teléfono, y sonreír, y llegar a casa. No querías hablar conmigo, no querías que nos sentásemos a estar aquí, como a un amigo al que no se le cuenta un problema hasta encontrar el momento y el lugar idóneos. Te pregunto: ¿Es ahora el momento, viernes a las 0:53 de la noche? ¿Qué te ha pasado en el brazo?
No me vas a contestar, lo sé. Sé que llevas varios días sin venir, sin sentarte, hasta has ido a la ópera y me hiciste llorar de belleza en la oscuridad, seguro que te han pasado cosas y no me las vas a contar, aunque las sé o las intuyo, porque siempre te estoy observando. Creo que te entiendo, también es culpa mía, te exijo demasiada sinceridad, te desnudo ante todo el mundo, y hay partes de ti y cicatrices que no quieres mostrar. Vivo a través de ti y tú de mí. Los días pasan para ambos, ¿sabes? Hice un poema cuando pensaste en la forma en que caía la luz del sol sobre su rostro sentada en aquella calle cualquiera, como si para llegar a aquel instante todo hubiera merecido la pena, hasta los errores cometidos, pero tú todavía no has querido escribirlo.

Vuelve pronto, sé que te pregunta mucha gente por mí.