jueves, 28 de octubre de 2010

La grieta



"Lend me your eyes,
cause I´m losing my sight"
S.W

Creo que no tiene sentido buscarle el sentido a las cosas, las cosas tienen su sentido mientras las haces, o lo tuvieron mientras las hacías, o lo tendrán cuando las hagas. Sin embargo, hay veces que es imposible no sentirse perdido, completamente perdido.
Te detienes un momento, lo miras todo, el pasado, el presente, el previsible futuro, los que quedan y los que te faltan y no sientes si no una pérdida de la inocencia, y el paso del tiempo como una grieta en algún lugar de ti que cada día se hace más grande, y te rompe despacio. Pese a eso, soy consciente de que las alegrías y las tristezas, los abandonos y las historias de amor, no dependen del todo de nosotros y que la mayoría de las veces ni siquiera hay un culpable, no hay nadie a quien señalar, el vaso se cae de la mesa y se rompe, se va la luz, se seca la tinta del bolígrafo, tienes que irte al extranjero. Las circunstancias se amontonan y no encajan, las ideas son inconjugables, a Orestes le persiguen las furias y Edipo se ha arrancado los ojos. A veces en las estaciones de tren o de metro, me da miedo ver a tantas personas juntas, pienso en los problemas de cada uno, en el desastre... ¡Cuántos problemas Dios mío! Para compensar la balanza negativa a la que siempre tiendo me digo, y cuánta voluntad y esfuerzo en tratar de meter la cabeza en algún sitio, unos estudios, un trabajo, llegar a tener tu refugio, una familia con quién, para qué...
Al final en el fondo para nada, pero el final, el sentido último es lo de menos, pues como he dicho al principio: Las cosas tienen sentido mientras las hacemos.

La grieta se abre, eso es todo.

lunes, 25 de octubre de 2010

Cuando no hay despedida


A las lágrimas de B.L.M.F
Ella lloraba un poema.

Cuando se ama
cuando se ama definitivamente,
no hay despedida.

Por muchas horas que pasen,
por muchos días o ciudades,
por muchos otros cuerpos, atardeceres, noches,
incluso con y en las mejores y adecuadas compañías,
nada deja un recuerdo tan puro
como el amor.

En la otra persona,
en lo que amamos sin lógica, incondicionalmente,
queda,
queda encerrada en profundo e inquebrantable sortilegio
la absoluta conciencia de nosotros.

Cómo no vas a llorar,
si lo que lloras es tu propia juventud.
Cómo dejar de soñar,
si nuestros sueños son la involuntariedad
a la que pertenece nuestro cuerpo y nuestro pensamiento.

Jamás hay despedida,
ni antes ni después de todas las palabras,
al menos tú tienes la honradez
de dejar en el mundo algunas lágrimas
que lleven su nombre,
invisibles,
valiosas.

Mírate,
tú al menos guardas ese amor contigo,
y el amor, el amor de verdad,
cuando no hay despedida
es
la poca dignidad de una existencia
que nos pertenecía y que nos queda.

El resto es olvido,
mentiras,
tiempo, trabajo y dinero,
palabras que te acercan a la muerte.

No hay nada malo,
en el llorarse como tú lo haces,
llorabas un poema.

miércoles, 20 de octubre de 2010

A través de la pared (Cuento publicado en Encuentos.com)

Al fin, y como venía anunciando desde hace algunos días y algunos post atrás, ha visto la luz este cuento y esta historia a los que guardo un especial afecto, por varios motivos.
Quiero agradecer antes de ponerme a escribir sobre el relato en cuestión, a las personas que lo han hecho visible y posible:
Lo primero es lo primero, y es dar las gracias a mi hermana e ilustradora María Sanz León, por dar forma con su sensibilidad y su talento único a mis historias. No exagero si digo que lo mejor de mis publicaciones viene al final para mí, y al principio para los lectores, al ver la interpretación visual que ella hace de mis palabras. No es que complemente lo que yo me propongo transmitir, no, es que lo completa formando parte fundamental del proceso creativo, y sirve de marco o de puerta principal entre los lectores y la historia.
Lo segundo y no menos importante. Quiero agradecer también la encomiable, rigurosa y desinteresada labor de la página web Encuentos.com de origen argentino, dedicada por entero a las cuestiones, problemáticas y diatribas del mundo infantil, sirviendo como punto de encuentro de padres, madres, hijos, profesores y alumnos, entre las diferentes culturas del mundo hispano, ofreciendo información gratuita, accesible y material didáctico y literario de reconocido prestigio, así como de nueva creación (como es mi caso) para público de toda índole, edad y condición. Entré con ellos en contacto a través de una invitación de Marielena Rondinel, la misma mujer de la campaña de Corazones con Esperanza (en la que os reitero vuestra colaboración) y la amabilidad de la autora Liana Castello, una de las responsables del sitio en cuestión, y de la que sólo puedo de decir que es un encanto, ilusionada y desvivida con la tarea dedicada al mundo infantil que ha emprendido, que contesta uno por uno los correos electrónicos que se le escriben (¡esto es realmente importante!).Vamos, una de esas personas imprescindibles para cambiar el mundo que diría el maestro Bertold Brecht.
Sobre el cuento, me gustaría que hablase por sí solo con vosotros. Yo os puedo apuntar varias cosas sobre su gestación y su extraño alumbramiento. Aunque pueda parecer extraño, es un descarte de una colección de cuentos que tengo proyectada en borradores y prevista concluir algún día bajo el lema de "Cuentos para una noche de tormenta". Fue concebido en Alemania, una mañana de instituto en la que vi a uno de mis alumnos tocar el piano a solas en el aula de música, que era un aula de paso hacia los pasillos de las mías, y en la que desde fuera y encaramados en el típico banco de centro escolar dos o tres chicos y chicas espiaban cada mañana pegándose a la pared todo lo posible para poder escucharlo. En Alemania fue escrito justo hace un año, después de las clases en un otoño y un invierno oscurísimo y frío, en las horas en que un español o española se hubiera echado la siesta. Y en el fondo de la carpeta del ordenador donde guardo todo, se ha quedado cogiendo telarañas electrónicas de toda índole hasta hace prácticamente un mes que lo revisé, debido a la invitación que os he comentado. Lo mandé a Encuentos precisamente por eso, por ser un descarte y por tratar a mi juicio temas fundamentales en la infancia y la adolescencia. Sobre su escritura decir que le debe todo o casi todo a la cita del principio de Cernuda, de su libro Ocnos, y a unas palabras que leí sobre Chéjov, en las que él decía que escribía constantemente el final de sus cuentos, casi desde el principio, siendo todo el cuento un final constante hasta alcanzar el final, que era sólo el último final de los posibles, aunque el total se lo daba el lector en su propia imaginación.
Y nada más, que espero que os guste o disguste, que os diga algo. Es curioso cuanto menos la categoría que le han dado en la web, me ha arrancado una sonrisa después de todo: "Cuentos para padres".
A mí ya con la portada de María, con dejarlo con vosotros y los ratos que le robé a la muerte en Alemania me vale.

Para leerlo pinchar en el siguiente link:



P.D: ¡Felicidades a mi hermano Alex que hoy es su cumpleaños! Y sin él, nada de lo que veis aquí, ni siquiera yo mismo, sería posible.

martes, 19 de octubre de 2010

Hoy cierro yo el libro de las horas muertas



Quizás una de las mejores canciones escritas en nuestra lengua.

A veces es necesario rechazar la bajeza del abandono y la pena, y cerrar el libro de las horas muertas.

Disfrutadla tanto como yo, en breve habrá novedades sobre una nueva publicación.


viernes, 15 de octubre de 2010

Melancolía


Melancolía

Seguramente para ti tenga un nombre,
la forma de una calle,
de una parada o una línea de autobús
o de ausencia de luz de farola sobre los escalones donde esperabas sentado a que bajara de casa,
su casa,
su habitación.
O a lo mejor es un determinado humo de cigarro,
o las colillas tronchadas en un bote vacío de mermelada
donde ya sólo cae la lluvia en la terraza.
O ir por la calle
y ver
un modelo de coche,
un color de chapa de la carrocería,
el invisible vaho de amor en los cristales de aquel martes que jamás olvidaste,
de lo que solo queda noviembre,
la siempre igual sonrisa de un de peluche que conoces
o una horquilla de pelo en el fondo de una maleta.

Quizás se esconde en el olor a palomitas
o en la soledad de una agenda antigua
donde tú cabías,
donde quedaba tiempo para ti con su letra.

O la melancolía siempre estuvo allí,
la conocías de antemano,
cuando ponía una vela por la noche
y limpiabas a la mañana siguiente su taza de desayuno,
esa que siempre utilizaste tú después,
o en el hueco a la izquierda para sus cosas en el baño,
sus cosas,
perfumes, cremas, desodorantes, secadores de pelo,
todo olía a ella,
o estaba en aquellas revistas que nadie volvió a abrir
y allí dejaste sin tocar cuando te mudaste.

Sí,
siempre estuvo allí,
eterna e infinitamente presente
como ayer,
como ahora.

No va a cambiar nada,
no necesitas ya que cambie nada,
porque sentirla en ti nunca ha cambiado nada.

Al menos hoy,
viernes 00:19 de la noche de un Octubre cualquiera
quiero nombrarla.

Por si algún día ya no significa nada.

jueves, 14 de octubre de 2010

Para el deseo todo es fácil



El deseo como acumulación de sueños y voluntad sobre lo venidero es lo único que nos pertenece realmente, lo único que nos proyecta y hace posible el lugar y el futuro donde queremos estar. Sin embargo, hay deseos imposibles que se estrellan sobre la realidad como un vaso de cristal contra una pared, lo extraño es que no pierden su naturaleza de deseo, aunque sepamos a ciencia cierta que sean irrealizables o imposibles, permanecen como una de esas rocas a los pies de la costa resistiendo el envés inagotable de las olas del mar.
Cuando alguien se ha marchado de nosotros, cuando nuestra juventud se deshace día a día como agua cayendo de las manos, cuando sucede que recordamos, porque el presente es lo suficientemente poco alentador. No estoy triste, sólo estoy tratando de pensar, darle un orden original a lo que siento.
Hay que saber, tener o albergar al menos en nosotros un último instinto de que nada se detiene y nada se detuvo jamás, aunque llamemos a diversos años, o épocas de nuestra vida con nombres propios personas, países, ciudades, calles. La vida acumula el tiempo, o el tiempo nuestra vida en torno suyo, y tengo la sensación de que según avanza la propia memoria se desinteresa de lo cercano, y valora su propia profundidad como algo valioso, supongo que dentro de todos se produce una dignificación involuntaria de los momentos, lo que ya jamás sucederá por haber sucedido, lo mismo que la piedra de toque de un afecto es su longevidad y su efecto en el presente, predominando sobre la intensidad, pero sobre y ante todo su efecto en el presente.
Aún así para el deseo, el resultado y la capacidad de desear que las cosas sean de otro modo, todo se torna fácil, pues esa es la esencia del deseo, el cumplimiento de una voluntad íntima. No hay persona sin deseos, hasta el hecho de no quererlos tener implica en sí un deseo, una mínima voluntad. Todo deseo está cumplido de antemano, al menos, en el momento en que surge. Que se cumpla o no, ya es ajeno a sus propias leyes, y no hablo ya de que se torne en un objetivo o una frustración o siquiera una necesidad, que sólo son formas posteriores y anteriores del deseo.

Con lo fácil que sería...(Termina la frase tú).

Quizás sólo son palabras bonitas, pero a veces pienso en la primera y la última vez de cada cosa que hago, por ejemplo, la primera vez que desee tocar la guitarra y la última vez que la he tocado, la primera vez en que besé a alguien y la última en que lo he hecho, la primera y la última vez que estuve con ella, la primera vez que escribí una redacción en el colegio y este momento; entre medias sólo queda esa fuente inagotable de deseo que es mi alma humana, mi espíritu, o quizás el infinito compendio de los sentidos de mi cuerpo.
Como quieras llamarlo.


sábado, 9 de octubre de 2010

Algo más



No sé si es el otoño, la luz gris, el asfalto mojado en el que se refleja la noche, pero algo se ha marchado de mí, o quizás esté llegando. Ayer volvía en el tren leyendo a Nietzsche a una hora cualquiera, ya de noche, y él me decía y me remito a citar lo que asimilé: la mayoría de los escritores son pequeños porque nos ofrecen sólo lo que piensan de sus pensamientos, y no sus pensamientos desnudos.
Más tarde, unas paradas o unos párrafos después afirmaba que había más salud en el alma de un hombre enfermo, que en el alma de un hombre sano. Y luego me susurró al oído que todos los pequeños pensadores son partidarios o no partidarios de tal o cual autor, entrando en el edificio del pensamiento de un nombre, situándose en una de las alas que el propio arquitecto, el pensador, les hubiera preparado. El gran pensador no hace si no proyectar edificios, pensamientos, sin encerrarse jamás dentro de ellos.
Y antes de llegar a mi destino, a mi ciudad, leí: mucha gente se considera a sí misma inteligente, sin embargo, las mejores cabezas y los mejores autores, de los que nace verdaderamente el pensamiento, cuando se les pregunta, en la mayoría de los casos, se tildarán a sí mismos de locos y de cabezas de chorlito.
Enfrente de mí, había una pareja joven, el tren casi estaba vacío y allí estaban ellos el uno recostado en el otro, haciéndose carantoñas, besándose insultantemente hermosos, jóvenes e inconscientes, de algún modo eran lo contrario del libro que yo tenía en las manos. Pensé en algo que me dijo Bukowski, tiene que haber algo más que beber, follar, trabajar, ganar dinero, ir al cine. Tiene que haber algo más...
Supongo que leer a autores como Nietzsche en su lengua y comprenderlo, para mí, es ese algo más, por ser una cosa que llegar a dominar me ha costado mucho sacrificio a solas conmigo, será esa la belleza que reside en cualquier estudio, el infinito y sincero aprendizaje desde uno mismo. Cuando se lee a Nietzsche uno tiene la sensación de estar ante poemas del pensamiento, parecido a ver junto a alguien el final de todo desde un acantilado y saberse capaz de llegar a la imagen final del horizonte con la mirada, es algo liberador. Al mismo tiempo, se siente que uno está rodeado en todo momento de las mejores palabras, de las más cercanas a lo cierto. Se podrá estar de acuerdo o no con lo que dice, o en su inagotable egotismo, megalomanía y blasfemia contra todo lo supuesto, pero no se puede discutir que es uno de los que mejor se ha dicho.

Eso es ser original, decir las cosas como son, sin versiones, con la verdad que las empuja desde dentro. Por ejemplo, y es lo último que digo sobre lo que leí ayer: Para la planta, todo el mundo a su alrededor es sólo planta, y para el ser humano, todo el mundo en torno suyo es ser humano. No puede ser otra cosa, no somos jamás otra cosa.

¡Algo más, por favor, algo más!

martes, 5 de octubre de 2010

Déjame desnudo de recuerdos. No los necesito.



Una canción perdida, una canción que no entendías, en un disco que recordabas más bien mediocre y aburrido de un gran artista que fue más grande en otro tiempo y será más grande cuando falte, aparece con sus palabras cantadas para no sólo definirte, sino desnudarte y romperte el alma en pedazos. Tal es la magia de lo que no muere.

Vendrán días en que el peso que hoy te abruma se hará liviano.
Vendrán días en que ese peso ya no será carga sino bagaje.
Vendrán días, han de venir.
Porque un alma que alberga sentimientos viles no brilla
y un alma sin brillo es un tiempo marchito para quien lo soporta.
Déjame que escuche esa guitarra que me falta el aire,
que hoy necesito besar otros labios creyendo que beso tus labios.
Déjame perdido en negra noche que hoy el dolor duele,
que hoy necesito buscarte sin miedos, en otros rostros buscarte.
Llega el tiempo que en tu campo amado plantarás pensamientos.
Junto al pozo de tu huerta enjambres de madreselva.
Y esa calma, esa calma te ha de ayudar.
Porque un alma que mora en la sala de los pasos perdidos
es la furia vencida, cáscara vacía de un dolor exacto.
Déjame beber de ti en los labios de mujer extraña,
que hoy necesito el calor de unos brazos
que apaguen mi vana esperanza.
Déjame desnudo de recuerdos. No los necesito.
Que hoy necesito buscarte sin miedos, en otros rostros buscarte.
Dame un lenguaje sin palabras para abrigarme que tengo frío.
Dame besos y caricias olorosas y descalzas.
Dame un mundo sin palabras que yo respire porque me ahogo.
Dame besos y caricias sinceras o mercenarias.
Déjame que escuche esa guitarra que hoy me falta el aire,
que hoy necesito besar otros labios creyendo que beso tus labios.
Déjame perdido en la noche que hoy el dolor duele,
que hoy necesito buscarte sin miedos, en otros rostros buscarte.
Déjame que escuche esa guitarra que hoy me falta el aire.
Manolo García- Vendrán días

lunes, 4 de octubre de 2010

Por esta vez



"Sometimes they will leave you here behind, tonight,
the sun shines forever in your skies now, tonight"
Som Wardner

No te lo van a quitar jamás porque ni empieza ni acaba en ti, es algo que te empuja a través de todo, un eco anterior en el que vuelas y cuanto más avanzas dejando todo atrás, más conoces la lejanía de la que provienes, y recuerda, nadie, absolutamente nadie te lo puede arrebatar, va contigo donde quiera que vayas.
No sabes el porqué, nació en ti involuntariamente, iba en tu sangre como un espejo, brotó conjurado en tu espíritu.
Ian Curtis escribía a tu lado Shadowplay encontrando la verdad en la esquina de una habitación sin ventana, Kafka decía que todo era fantasía mirándote a los ojos, incluso tu afecto más profundo, Séneca escribía tu nombre y el de todos los que quedan por venir, esos que ya amas porque guardan una misma ternura en su mirada y belleza en sus pensamientos, en las cartas a Lucilio. Todos somos Lucilio. ¿Todos? Sí, ¡todos! Al menos créelo por esta vez, pronuncia un nosotros donde quepas tú también.
Ayer sentiste vergüenza y angustia al leer a los columnistas de siempre criticarlo todo porque sí, desde su condición de sabiondos con derecho a veneración de masas, sólo porque están ahí, y tú piensas en Mayakovski gritando "¡glorificadme!" y "¡libros!" a través de un megáfono vanguardista, y en Cervantes muriéndose de hambre, ¡Cervantes! y en Bécquer durmiendo en un banco de un parque de Madrid a la luz rasa de las estrellas, a los que sólo alguien como él podría haber dado nombre, él estaba lo suficientemente loco para soportar la verdad.
Haz caso a Proust, no vuelvas a leer los periódicos o al menos no a sus columnistas, habiendo tantas cosas hermosas e increíbles, novelas y poemas que leer. Yeats, Celan, Rilke, Cernuda, Vallejo, Stifter, Valente, Wolf, Bukowksi... ¿No son ellos tu familia? O hazle caso a ella ¡ella y sus palabras cerca de ti!, y lee Orlando el furioso, e imagina como pudo ser el mundo y las ideas en otros mundos, en otro tiempo, y como no somos nada los unos sin los otros, los otros sin los unos.
Por esta vez, mira tus alas orgulloso de que el resto siquiera pueda sospechar que están ahí, y vuela, vuela con Pink Floyd, con Porcupine Tree, con My Vitriol de fondo, vuela hacia el norte, no existía el norte, sólo el albatros que volaba hacia el norte.
Déjate ir. Si nada tiene sentido, pregúntate por qué late todavía tu corazón...

Están todos aquí, al menos esta noche, al menos una vez para siempre.

sábado, 2 de octubre de 2010

Eres tú y soy yo



¿Cuántos cuerpos van a hacer falta para llegar a tu nombre? ¿Cuántos nombres para llegar a tu cuerpo? ¿Qué estoy buscando con todo esto? ¿Por qué no dejo de hacerme preguntas, cada hora, cada minuto sin ti? ¿Por qué te sigo esperando detrás de cada instante?
¿Cuánto tiempo más, en cuántas intimidades he de destruirme para no hacerlas mías nunca? ¿Por qué las tomo si no las quiero? ¿Cuántas noches iguales más, en el que el único acompañante que conozco cerca de mí cuando amanece soy yo?
Quizás soy yo quien huye de mí para alcanzarme un día, ¿no crees? O soy tan sólo un deseo, un hijo bastardo de Gustav Klimt, esta mañana lo pensaste con una sonrisa volviendo a casa, o como dijo Bukowski anoche en su poema, porque los poemas dicen las cosas de nuevo cada vez que se leen: "podrías haberte pasado todo ese tiempo durmiendo, y nadie te habría echado de menos, nadie te habría echado de menos en absoluto".
Pese a todo, lo hiciste, lo has vuelto a hacer, no sé qué pretendías demostrarte, pero parece que cuanto más lo logras más te alejas, y ya no sabes ni con quién hablarlo porque ni tú mismo lo entiendes.
Sabes que no es vanidad, es algo que se desprende de ti y que acaba por rodearte porque eres capaz de hacerlo creer, ni tan siquiera porque sea del todo cierto, sabes cómo funciona aunque se nieguen y te niegues a admitirlo, y sin embargo, te falta todo lo que te importa, aunque tengas sus sonrisas, sus melenas cayendo, sus hermosas miradas, las espaldas desnudas, sus manos en tus manos durante unos breves kilómetros irrepetibles, tu nombre en una agenda de teléfono.
Es una pena, sobre todo porque tú crees en el amor, porque lo has sentido volar como una nube dentro de ti y no necesitas confirmación de nadie para saber que existe.
Y el caso es que al final acabas tecleando, siempre terminas tecleando, siempre estás tecleando, incluso cuando estás viviendo las cosas, cuando las sientes, cuando comienzan y cuando terminan, cuando conoces a alguien y cuando se deja atrás, una parte de ti no se mueve de esta silla o de la que toque, da igual el país, la ciudad, el tiempo, si hace sol o llueve, estás aquí frente al alfabeto tecleándolas, dejándolas aquí o allí, pensando en ellas, poniéndolas en fila, creyendo que esto tiene algún sentido, al menos en sí mismo parece tenerlo o no te queda más remedio.
Escribir es siempre mejor que no hacerlo, algo similar ocurre con la vida.

Hoy te he sido sincero.