sábado, 9 de octubre de 2010

Algo más



No sé si es el otoño, la luz gris, el asfalto mojado en el que se refleja la noche, pero algo se ha marchado de mí, o quizás esté llegando. Ayer volvía en el tren leyendo a Nietzsche a una hora cualquiera, ya de noche, y él me decía y me remito a citar lo que asimilé: la mayoría de los escritores son pequeños porque nos ofrecen sólo lo que piensan de sus pensamientos, y no sus pensamientos desnudos.
Más tarde, unas paradas o unos párrafos después afirmaba que había más salud en el alma de un hombre enfermo, que en el alma de un hombre sano. Y luego me susurró al oído que todos los pequeños pensadores son partidarios o no partidarios de tal o cual autor, entrando en el edificio del pensamiento de un nombre, situándose en una de las alas que el propio arquitecto, el pensador, les hubiera preparado. El gran pensador no hace si no proyectar edificios, pensamientos, sin encerrarse jamás dentro de ellos.
Y antes de llegar a mi destino, a mi ciudad, leí: mucha gente se considera a sí misma inteligente, sin embargo, las mejores cabezas y los mejores autores, de los que nace verdaderamente el pensamiento, cuando se les pregunta, en la mayoría de los casos, se tildarán a sí mismos de locos y de cabezas de chorlito.
Enfrente de mí, había una pareja joven, el tren casi estaba vacío y allí estaban ellos el uno recostado en el otro, haciéndose carantoñas, besándose insultantemente hermosos, jóvenes e inconscientes, de algún modo eran lo contrario del libro que yo tenía en las manos. Pensé en algo que me dijo Bukowski, tiene que haber algo más que beber, follar, trabajar, ganar dinero, ir al cine. Tiene que haber algo más...
Supongo que leer a autores como Nietzsche en su lengua y comprenderlo, para mí, es ese algo más, por ser una cosa que llegar a dominar me ha costado mucho sacrificio a solas conmigo, será esa la belleza que reside en cualquier estudio, el infinito y sincero aprendizaje desde uno mismo. Cuando se lee a Nietzsche uno tiene la sensación de estar ante poemas del pensamiento, parecido a ver junto a alguien el final de todo desde un acantilado y saberse capaz de llegar a la imagen final del horizonte con la mirada, es algo liberador. Al mismo tiempo, se siente que uno está rodeado en todo momento de las mejores palabras, de las más cercanas a lo cierto. Se podrá estar de acuerdo o no con lo que dice, o en su inagotable egotismo, megalomanía y blasfemia contra todo lo supuesto, pero no se puede discutir que es uno de los que mejor se ha dicho.

Eso es ser original, decir las cosas como son, sin versiones, con la verdad que las empuja desde dentro. Por ejemplo, y es lo último que digo sobre lo que leí ayer: Para la planta, todo el mundo a su alrededor es sólo planta, y para el ser humano, todo el mundo en torno suyo es ser humano. No puede ser otra cosa, no somos jamás otra cosa.

¡Algo más, por favor, algo más!