sábado, 2 de octubre de 2010

Eres tú y soy yo



¿Cuántos cuerpos van a hacer falta para llegar a tu nombre? ¿Cuántos nombres para llegar a tu cuerpo? ¿Qué estoy buscando con todo esto? ¿Por qué no dejo de hacerme preguntas, cada hora, cada minuto sin ti? ¿Por qué te sigo esperando detrás de cada instante?
¿Cuánto tiempo más, en cuántas intimidades he de destruirme para no hacerlas mías nunca? ¿Por qué las tomo si no las quiero? ¿Cuántas noches iguales más, en el que el único acompañante que conozco cerca de mí cuando amanece soy yo?
Quizás soy yo quien huye de mí para alcanzarme un día, ¿no crees? O soy tan sólo un deseo, un hijo bastardo de Gustav Klimt, esta mañana lo pensaste con una sonrisa volviendo a casa, o como dijo Bukowski anoche en su poema, porque los poemas dicen las cosas de nuevo cada vez que se leen: "podrías haberte pasado todo ese tiempo durmiendo, y nadie te habría echado de menos, nadie te habría echado de menos en absoluto".
Pese a todo, lo hiciste, lo has vuelto a hacer, no sé qué pretendías demostrarte, pero parece que cuanto más lo logras más te alejas, y ya no sabes ni con quién hablarlo porque ni tú mismo lo entiendes.
Sabes que no es vanidad, es algo que se desprende de ti y que acaba por rodearte porque eres capaz de hacerlo creer, ni tan siquiera porque sea del todo cierto, sabes cómo funciona aunque se nieguen y te niegues a admitirlo, y sin embargo, te falta todo lo que te importa, aunque tengas sus sonrisas, sus melenas cayendo, sus hermosas miradas, las espaldas desnudas, sus manos en tus manos durante unos breves kilómetros irrepetibles, tu nombre en una agenda de teléfono.
Es una pena, sobre todo porque tú crees en el amor, porque lo has sentido volar como una nube dentro de ti y no necesitas confirmación de nadie para saber que existe.
Y el caso es que al final acabas tecleando, siempre terminas tecleando, siempre estás tecleando, incluso cuando estás viviendo las cosas, cuando las sientes, cuando comienzan y cuando terminan, cuando conoces a alguien y cuando se deja atrás, una parte de ti no se mueve de esta silla o de la que toque, da igual el país, la ciudad, el tiempo, si hace sol o llueve, estás aquí frente al alfabeto tecleándolas, dejándolas aquí o allí, pensando en ellas, poniéndolas en fila, creyendo que esto tiene algún sentido, al menos en sí mismo parece tenerlo o no te queda más remedio.
Escribir es siempre mejor que no hacerlo, algo similar ocurre con la vida.

Hoy te he sido sincero.