sábado, 11 de diciembre de 2010

Ensueño



Lo que nos sucede, sucede porque creemos que nos sucede y hay veces a lo largo de nuestro paso (periplo o estancia como quiera decirse) por la realidad, ésa que nos creemos como propia ya que sólo nos pasa a nosotros, en las que ningún sueño, por muy inverosímil o descabellado que éste se nos dibuje en la imaginación, es capaz de superar lo que ocurre ante nuestros ojos.
Creo, no estoy seguro, de que son esos momentos los que construyen dentro de nosotros los recuerdos más intensos y las sensaciones más genuinas, pues el deseo y el cuerpo son uno, como un primer sorbo de agua que apagase la sed, como el primer rayo de sol del amanecer.
No es fácil regresar de ese ensueño, fuente primigenia de los recuerdos, del mismo modo que no es nada fácil alcanzarlo. Si eres consciente, si abres los ojos hacia tu propia memoria y haces una pequeña colección de buenos y malos recuerdos importantes, estoy seguro de que caerás en la cuenta de que en ese momento todos te parecían momentos imposibles. Jamás renuncies a un momento imposible, no lo dejes marchar con el resto de las cosas sin importancia, sálvalos del triste desagüe de los días. E incluso si todo aquello que no nos sucede estamos obligados a soñarlo, suéñalo entonces, para que te ocurra de algún modo y sientas y compruebes esa sensación. Descubrirse a esas sensaciones es una actividad interminable, pues el tiempo avanza inexorablemente dentro de nosotros, como una escalera que se alza a diario y de la que se caen constantemente los primeros peldaños.
Ama lo que te importa y a lo que te debes interiormente por imposible que se antoje, cuídalo y protégelo para que sea libre contigo, dentro y fuera de ti. Y si no sabes lo que quieres, cuentas con mucha ventaja, porque todo te puede gustar por primera vez.

No hay mayor felicidad que la de amar en toda su plenitud lo que se ama.