jueves, 22 de diciembre de 2011

Las horas y el camino




No se agota el silencio que te tengo
ni este existirme en ti a través de todo,
que es algo más que amor porque no muere.

Si hay un final en la mirada
como horizonte inalcanzable
o palabra,
mi pensamiento y esta imagen tuya
sol que deshaces el azul, amanecer de carne,
esta imagen tuya sólo mía,
pureza en la que todo ríe,
alma incapaz del odio,
que me deja conmigo algo más solo;
es vivirme contigo a cada instante.

Qué difícil
ver transcurrir las horas, lentas y llenas de kilómetros,
después de haber estado entre tus brazos.

Y qué sencillo
hasta el más duro y más aciago de los caminos
que me conduce a ti.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Fe



Y si sólo
tan sólo una palabra
habiéndose sin verbo, antes de ti y de mí,
luz que huye
como nombrándose en todo vacío.

Algo que pide
dejar en la vida algo de lluvia,
hacer del aire que respiras algo digno de atravesar el silencio
amor o música, caricia única
verdad que quede en otro cuerpo.

Fe,
una fe tan humana
que haga falta todo un Dios para entenderla.


domingo, 18 de diciembre de 2011

Un poco de idealismo


"You may say I´m a dreamer, but I´m not the only one"
John Lennon
Imagine
Reconforta saber que no eres el único que ha pensado y sentido exactamente lo mismo, y que alguien tuvo el valor de decirlo, medio en broma, medio en serio, disfrazado de barbero y dictador, en uno de los peores momentos de la historia del hombre en nombre del resto. Dedicado a todos aquellos que se atreven a llamarnos utópicos e idealistas, nunca estuvimos ni estaremos solos, y por suerte vosotros tampoco.

viernes, 16 de diciembre de 2011

El resto de las cosas



Me pides un poema,
a mí que sólo soy un hombre
mortal,
perecedero y prescindible
y tú, que eres el resto de las cosas,
me crees capaz acaso de escribirlo
de darte unas palabras parecidas
a lo que crees que siento.

Tú, 
la brisa en que se rompen los inviernos
la toda luz y toda noche,
el deseo y los sueños,
la quimera posible hecha ya carne
mujer de blancura, 
de inocencia
como el rostro de un niño tras el llanto,
tierna como una flor tronchada por la lluvia
amapola y tormenta de verano,
luna siempre presente y misteriosa,
cenit lejano en la mirada
azul de mar que rompe el horizonte,
mano y camino
que buscan mis latidos
sin encontrarte nunca o sólo a veces,
porque el amor
es esa búsqueda de ti que huye
de mi cuerpo
acabando en tu cuerpo,
destino o mar o meta
abrazo y refugio donde desaparece la ruindad del mundo.

Yo sólo un hombre
y tú, 
el resto de las cosas.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Por qué no decirlo


Cuando te sientes obligado a dormir
y cada hora pertenece a una actividad concreta,
cuando la vida se torna al fin
en diferentes caminos iguales al trabajo,
autobuses, trenes o coches
que van y vienen
lo mismo da en Madrid que en Alemania,
la lluvia y la luna son las mismas,
piensas:
¿Es esto la vida? ¿En serio?
¿Es esto en lo que acaba nuestra infancia,
nuestra adolescencia,
las mejores horas, los más puros latidos,
acaban aquí?

Tristeza de cajeros automáticos
de que las únicas cartas que lleguen sean facturas
de luz o de internet,
o hacienda u horarios de recogida de basura,
pienso en la persona que metió la carta automática en el sobre,
en la cartera que la trae ataviada con un uniforme ridículo
y una bicicleta que se pierde en la gélida mañana,
mi existencia les acarrea trabajo.

Llegar a casa y pulsar el power del ordenador
porque no hay nadie,
y todo está tan lejos que sólo queda una canción en la guitarra
o un libro a medio leer o café en la despensa,
o irse a caminar a solas a ver cómo cae el río.
El Skype no te devuelve a nadie ni a sus abrazos
ni el calor de su cuerpo,
es una forma extraña de espiritismo físico,
es como hablar desde el más allá.

Trato de buscar consuelo,
ordeno la casa, paso el aspirador,
pongo mi ropa en el armario,
pienso en mi supervivencia
preparo mis clases,
me estoy cansando ya de llorar las mismas penas
de escuchar
y sentir como la única ley del mundo es el egoísmo,
de volver para marcharme
y de marcharme para volver
y, por qué no decirlo,
de que sólo me quede la poesía
para decir la verdad.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Un recuerdo




Sus ojos eran del color del amanecer y la música estaba demasiado alta para tener una conversación. Supongo que gritábamos al hablarnos al oído. Llevábamos doce años sin vernos, nos saludamos con la efusividad impostada que surge a deshoras en la oscuridad de una discoteca, si hubiera sido por la calle un día de diario tan sólo nos hubiéramos mirado o saludado de pasada. Por su forma de hablar, de vestirse tan ceñida, ir tan bien peinada y su modo de tomarse la copa deduje que era bastante infeliz, su voz transmitía el hartazgo y la desesperación de sentir que la vida es un laberinto sin salida. Su cara era ya un rostro de mujer cansada. Me preguntó cómo me iba y se lo dije, un extraño brillo acudió a sus ojos. Me habló de mí como quien sonríe leyendo el final de un libro, de la persona que yo fui y que ella recordaba hace tiempo. Me vi rodeado de una imagen pretérita que parecía haber terminado en un montón de sueños cumplidos. No recordaba haber dicho ni haber hecho aquellas cosas que acudían a su memoria. Cuando le dije adiós parecía saber algo más de mí que yo desconocía.

Creo que nuestros sueños sólo se cumplen a ojos de los demás, y los de ella eran del color del amanecer.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Alma




La música
es una forma de silencio.

Lo más difícil de aprender,
en esta vida en la que todos los demás
y su opinión importan tanto,
es saberse escuchar
a uno mismo el alma,
el único silencio nuestro,
entre culpar y olvidar
elige siempre cualquier forma de olvido.

Jamás dejes que nadie,
ni tan siquiera un verso hermoso y libre,
te arrebate el silencio
o tan sólo el amor, ese de las contadas ocasiones,
y su forma de cuerpo y nombre indescifrable.




domingo, 4 de diciembre de 2011

Yo y la lluvia



Llueve sobre la casa vieja
es hermoso escucharlo
y no puedo o no quiero dormir,
los canalones recogen al borde del techo
la siempre igual tristeza
y en la calle los charcos
están hechos de lágrimas, están hechos de pena y piedra.

Pensaba tumbado en la cama
bajo el rumor constante y nocturno del otoño
que de escribir tan sólo hay una cosa que me disgusta,
y es que no puedo hacerlo a oscuras.

Qué diferentes yo y la lluvia...

sábado, 3 de diciembre de 2011

Oscuridad en todo caso



El frigorífico vacío y la página en blanco
me recuerdan tu ausencia,
escribo al día y compro cada dos o tres,
la vida exige un tamaño familiar
lo sabes cuando el litro de leche dura demasiado
y siempre sobra carne en la bandeja de plástico
o las patatas y los ajos echan raíces en la bolsa de red.

Aunque en el fondo siempre lo he sabido
me he fijado en esas cosas y su tristeza
desde que tengo uso de razón,
aquel cazo de leche desconchado y marrón,
o aquel interruptor del baño azul, inútil, que no encendía nada
frente al espejo y mi niñez asomada
con tres años mi disco favorito era el Animals de Pink Floyd,
espero que nunca te preguntes el porqué,
su portada
ya me hacía volar el pensamiento hacia Alemania,
pensamientos de niño que acababan en brazos de madre
o en brazos de la muerte.

Hay demasiados cubiertos en casa
y demasiados platos para nadie o por si acaso,
y sobra espacio para uno
sillas, sofás y mesas,
trato
de ocupar el espacio con canciones
que me devuelvan una imagen tuya,
no me importa siquiera que lo sepas
te amo con el silencio, con las paredes blancas,
soy de los que nunca revela las fotos
y si tiene melancolía lee a Bukowski
y relee y vuelve
a colgar tus cartas en un panel de corcho con chinchetas
una carta vale más que mil fotos,
hay algo sensual en poner sellos,
en escribir tu nombre a miles de kilómetros.

No te diré las noches que he llorado a solas
pensando en ti
aunque lo haga en este verso,
tendrás que adivinarlo
mientras crees que me olvido de ti.

Ha llegado un momento en que mi vida excede
lo que es capaz de comprenderse,
ya ni siquiera me importa
hago con ella lo que puedo,
novelas o poemas
rimas o leyendas
oscuridad en todo caso.

De todos modos
acabas encontrándote
contigo mismo en otro alguien,
llámalo amor o verso
y esa nimiedad
(en la mejor acepción, en la acepción más amistosa,
un académico diría aquí: de la importancia de un comino)
le da sentido al resto de las cosas.

No necesitas pedirme que te susurre palabras de amor al oído
son ya versos mis labios
mis brazos y mi cuerpo,
en derredor de tu recuerdo puro
tan sólo el que ha tenido que escribirse
sabe
que todo es de verdad, que no se acaba,
o aún tienes tiempo de leer el principio
de una novela de André Breton:
"Lo que yo he amado, lo conservara o no, lo amaré siempre".

Te quiero,
del mismo modo que David Gilmour
sabe tocar una guitarra.

Oscuridad en todo caso.


miércoles, 30 de noviembre de 2011

Fragmentos de Noche de amor oscura



Si ya es raro y extraño ver tus palabras con forma de libro en manos de otros, y ver qué dejas en ellos, normalmente lo que ellos ya llevaban consigo. No lo es menos escribir para teatro y ver cómo un actor (y su director o un grupo de personas) interpretan tu texto a su manera, a veces próxima al pensamiento primigenio y a veces antagónica a lo que imaginabas, supongo que ahí reside la magia y la libertad del arte dramático. Si la poesía es desnudez y sinceridad, el teatro es exhibicionismo. Desde aquí doy las gracias al grupo de teatro Versus y a su director Elpidio, por haberme brindado su confianza y haberme pedido la colaboración con ellos para su función homenaje a Federico García Lorca que tuvo lugar en octubre de este año, y al cual no pude acudir por motivos personales y de infraestructura. Alemania queda lejos de Madrid. No es la primera vez que adapto un texto para teatro, pero sí la primera que compongo un texto original de estas características por encargo.

Pasen y vean.

Texto original adaptado:
http://lascadenasdeandromeda.blogspot.com/2011/08/noche-de-amor-oscura-escenas-1-y-2.html

http://lascadenasdeandromeda.blogspot.com/2011/08/noche-de-amor-oscura-escenas-3-y-4.html

martes, 29 de noviembre de 2011

Lo que tú fuiste


A mi abuelo
(Papantonio)

Aún te recuerdo cada día,
y recuerdo las cosas que contabas.
Me pesará tu ausencia para siempre
como a todo el mundo que estuvo a tu lado.
Traté de componer una novela con tu vida
pero no quería mentir,
ni convertirte en personaje de ninguna historia
no fui capaz de hacerte eso,
y eso que fue lo que mejor he escrito.
Ayer te recordé de niño escondido en una tinaja rota bajo el cielo
para que tu padre no te viera escapar,
te escapabas para estudiar,
las cuatro reglas, los ríos, el alfabeto,
caminabas más de cinco kilómetros a solas
veredas de arena, polvo y olivares
y les llevabas a las monjas que te daban clase, escondidas y muertas de miedo,
verduras y hortalizas de vuestra casería en una cesta de mimbre,
ese otro mundo que los historiadores y novelistas jamás serán capaz
de reconstruir,
memoria histórica lo llaman.
En ese gesto iba yo contigo, iban mi madre y mis hermanos,
iban mi amor y mi fe en las palabras
a veces
lo único que tengo y que me queda.
Recordé el día que pidieron voluntarios para quemar muertos
y te tuviste que volver de allí incapaz de hacerlo,
mientras los demás robaban carteras y anillos de los cuerpos caídos,
tuviste que sentarte mareado a llorar,
mientras ardían a lo lejos las piras de cadáveres,
memoria histórica lo llaman.
Recuerdo tus increíbles metáforas, tus cuentos, tu manera de vivir observándolo todo:
"Pasamos tanta hambre que los perros le gritaban a la luna creyendo que era una torta."
"Si llamas a un hermano te dice: ¿Qué quieres? Si llamas a un amigo te dice: ¿Qué? (Con desdén)
Si llamas a una madre se le abren las carnes y te llama por tu nombre: ¿Qué quieres mi Antonio?
Nadie quiere como una madre."
"Entre las doce y la una, anda la mala fortuna."
"En esa estantería de ahí hay libros de grandes escritores, de los que dicen (lo decías con ese) la verdad de las cosas para que no se olvide."
La necesidad, decías, es lo que hace grande al artista.
A veces me pregunto, por qué me decías todas aquellas cosas.
No sé de qué extraño silencio
surgía tu sabiduría, tu infinita elegancia.
Pasaste tus últimos años casi sin salir de casa
cuidando tu azotea y tus plantas, las uvas de tu parra,
barrías y luego regabas los patios con tu manguera amarilla por la mañana
y al caer la tarde,
y siempre estabas escuchando tus cintas de música, la radio,
sentado bajo el sol
te levantabas el primero con el alba
no saludabas hasta que estabas bien peinado,
y te ibas el primero a dormir.
Me destroza el corazón
ver cómo nadie más que tú se ha vuelto a preocupar
de todas esas cosas.
Porque ya no estás o estás tan solo en el recuerdo
y al mundo no lo mueve la memoria sino el olvido.
Yo sigo siendo aquel niño
que deseaba terminar el colegio para marcharse allí contigo los veranos,
caminando de tu mano por las mañanas
escuchándote decir a cada pocos pasos "Vaya usted con Dios",
me enseñaste que el amor no pide nada a cambio
sólo la presencia, la lentitud presente de la vida,
los instantes compartidos, el silencio, la tarde azul sobre una pared blanca,
la conversación como acto moralizante.

Me enseñaste a morir incluso
sentado en la mecedora de tu casa,
yo tomé tu cuerpo en mis brazos
todavía guardaba el calor de la vida
y te llevé a tu habitación, te perfumé,
pude besarte y amortajarte,
fue la más dulce despedida, la más íntima,
hasta eso me enseñaste,
a comprender que todo acaba en el amor que dimos.
Sólo pude llorar al ver tu nombre escrito.

Si sigo vivo
es con la única esperanza
de ser algún día para alguien
lo que tú fuiste para mí, o al menos intentarlo,
con eso basta,
basta con tu ejemplo.


domingo, 27 de noviembre de 2011

Irreconciliables




Mi cuerpo
está cansado ya de conocerme,
de darse a conocer,
de ir siempre conmigo a todas partes,
de huir interminable el horizonte
que sólo queda con sí mismo.

Sus extrañas manías, su memoria,
su estar encadenado a la agonía,
a la terbutalina y al café
a la melancolía en cada cosa,
los mismos libros y la misma música
y su morirse poco a poco,
-ama la muerte el cuerpo-
quitándonos el pelo
poniéndonos cara de padre.

Su desbocado corazón nocturno
no sé qué espera de nosotros,
qué ansía
sin dejarnos dormir.

Mas no he venido aquí a escribir
del insomnio
y su podrido halo literario,
he venido a reiterar
la reconciliación
mis ganas de vivir tranquilo,
pese al daño que ambos nos hicimos
pese al daño que ambos nos hacemos.



viernes, 25 de noviembre de 2011

Es más




A A.G

Desubicados otra vez 
lloramos de risa, 
nos abrazamos para saber dónde estamos
porque no existe un donde con nosotros,
porque sabemos bien qué significan los adioses,
las últimas sonrisas, los hasta siempre,
las despedidas, 
los abrazos ante un aeropuerto, 
una estación de tren
o ante los coches alquilados.

Son demasiados ayeres, 
demasiadas veces tu nombre en el remite,
tu deferencia en sellos escogidos
y el trazo de la pluma estilográfica,
son demasiados nombres de mujer.

Mientras puedas contármelo 
mientras pueda gastarte una broma más que haga estallar tu risa,
tu risa de cristales rotos,
tendrá sentido.

Es más de lo que muchos 
jamás tuvieron en sus vidas.




domingo, 20 de noviembre de 2011

Afonía



Cuando nos despertamos el lunes, ninguno tenía voz. El escrutinio había finalizado.

jueves, 17 de noviembre de 2011

La bufanda de Ashlynn



Hoy he muerto contigo Ashlynn,
los dos colgamos en silencio de tu bufanda en el armario
hiciste el nudo con tus pequeñas manos,
si hay un infierno tú estarás en la puerta conmigo,
los veremos pasar uno por uno
mientras,
te pediré perdón por lo que han hecho, por ti y por mí,
por cada insulto, por cada noche que lloraste a solas,
por ellos.

Las palabras pueden destruirlo todo menos tu sonrisa,
sonríe conmigo hasta el final del horizonte
donde no existan lágrimas y caminemos libres
lejos al fin de todo,
dame la mano
lejos de la cartera y el cuaderno,
lejos de los pupitres, los pasillos,
yo jugaré contigo a lo que quieras,
colorearemos el mundo y el otoño
contaremos las olas del mar
y soñaremos,
soñaremos un mundo con tu nombre
sin estadísticas.



Fuente (de dolor): http://www.telecinco.es/informativos/internacional/Ashlynn_Conner-Stacy_Conner-acoso_escolar-EEUU-suicidio_0_1505849545.html





miércoles, 16 de noviembre de 2011

La bella durmiente



Cuando el príncipe llegó al castillo después de tanto y tanto, la besó. No ocurrió nada, la literatura estaba muerta.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Ausencia



Cómo
convertir el silencio, cómo nombrarte en mí,
en qué, con qué palabras o que luz no vista...

Cómo decirte que la noche entre mis brazos
se estalla de alegría por tu nombre,
si se me rompe el corazón como una música
nunca antes escrita, nunca antes tocada.

Amor,
qué nube soy ahora, qué cielo cruzo,
por qué ya no sé nada,
qué mar le has dado a mi memoria
que sólo en ti se hunde y se limita,
si mi pecho ahora,
si tan solo un segundo mi pecho
fuera este poema
para no morir nunca y quedarse contigo,
para leerse en ti,
para romper tu ausencia.





lunes, 7 de noviembre de 2011

La verdad de su amor



Si una vez la luz os contuvo,
ya fue suficiente para no morir jamás.
El uno en el otro,
el uno en el otro
por siempre,
bajo todo cielo y toda noche.


jueves, 3 de noviembre de 2011

La tarde



Se marcha de ti, de todos y desaparece tan sólo para dejar su rastro, entonces ya no te contiene y eres sólo su vaso de sombra. Ayer en aquella hilera de luces de un enorme edificio encendidas contra la noche mientras ibas camino a casa. ¿Cuántas casas ya, cuántas veces empezar de nuevo? Ayer ya no estaba, no regresará la tarde, la lentitud, las horas bajo el flexo y un cuaderno de líneas, las primeras veces de todo.
Nunca somos nosotros. Siempre es demasiado pronto o demasiado tarde, o falta o sobra el tiempo, o falta o sobra alguien.

viernes, 28 de octubre de 2011

Tempus

 
Hoy he tenido el placer de recibir por correo esta ilustración de espaldas al mundo llamada "TEMPUS" dedicada por Jorge (Sefy) http://jorgesefy.blogspot.com joven artista, profesor de la ESDIP con el que suelo colaborar  e intercambiar disertaciones y desalientos mutuos relacionados con la vida y el arte y viceversa, el cual conocí gracias a mi hermana María, fuente inagotable de tesoros personales. Me ha emocionado mucho porque no me la esperaba, y porque sinceramente creo que no soy merecedor de tales homenajes pictóricos.

Sirva esta entrada de homenaje y agradecimiento a la amistad y sensibilidad de Jorge, personas como él y mi hermana son las que hacen que que el mundo gire tenga un poco más de sentido.



domingo, 23 de octubre de 2011

Sobrecogido



He visto a una mujer de espaldas,
se parecía tanto a ti que me he asustado,
el tiempo, como un sueño, detenido
y tú ante mí como un recuerdo vivo.

No sé llorarte ni olvidarte,
quizá porque no quiero ninguna de ambas cosas.
He guardado silencio ante la imagen
de esa mujer a ti tan parecida,
la he dejado perderse caminando,
incluso en la distancia, desdibujada ya en el horizonte,
se asemejaba a ti.

Y entonces he pensado
si no eras tú mi propio pensamiento,
sobrecogido,
como el sol de la tarde sobre el río
o el camino de plata tendido por la luna
sobre las piedras de la calle.

He sonreído enmascarando el alma,
en el silencio en que te habito
no caben ni siquiera las palabras.

Éramos eso, sólo mi mirada,
sólo su distancia,
y en su contorno -tú en mi pensamiento-
una mujer de espaldas,
que yéndose a lo lejos se marchaba.





domingo, 16 de octubre de 2011

La inmensa luz



A los de raza



No descubras a nadie
la inmensa luz que te habita el alma,
antes de hacerlo,
guarda en tu pecho todas las palabras
haz con ellas un refugio de ternura y sueños
y quédate contigo,
haz de esa luz un fuego silencioso
y ellos vendrán a ti para negarte
les sobra oscuridad, tiniebla y desaliento.

Abre los ojos a los absolutamente grandes,
no les niegues tu amor,
amar es comprender,
sabes quiénes son
porque ellos son a través de ti,
tratarán de enmascararlos:
escritores, pintores, escultores, músicos, filósofos,
nombres, corrientes artísticas...
Son sólo luz, inmensa luz.


los reconoces como se reconoce a un hermano,
a un viejo amigo,
a un maestro que te dedicó sus mejores pensamientos.
Sumérgete en sus obras, son las nuestras,
comprende que no tenemos nada más
y que no fue fácil para nadie.

No te preocupes
si llevas demasiado tiempo escribiendo ese libro,
baja a ese agujero que eres tú mismo
saca el mejor diamante de esa mina que forma tu vida,
y nunca olvides
que nadie termina nada del todo,
que suele ser el tiempo el que se acaba y te abandona
¿quién termina de amar?

Les sobra oscuridad, tiniebla y desaliento.




jueves, 13 de octubre de 2011

Luna o recuerdo




Luna o recuerdo

Abandonada luna en la distancia,
blanca mujer, recuerdo que ahora lloro.
Oscuro cielo, estrellas luz de oro,
desnuda soledad, rota fragancia.

Elevas a mi alma tu elegancia.
Hay tanto en ti de mí, tanto que ignoro,
tú, memoria celeste, azul tesoro,
testigo de mis sueños y mi infancia.

En esta noche envuelta de tristeza
abrázame en tu luz, ven con el río,
acaricia en las nubes mi mirada.

Hoy necesito tu delicadeza,
tu nombre, tu alejarte en mi vacío,
los dos estamos solos en la nada.



sábado, 8 de octubre de 2011

Desde tu celda



A  G.A.B


Y cuando las palabras como nubes
vuelan sobre la página,
y nada importa más que contemplarlas
y el mundo entero a solas se destruye
para mirarse en ti, para mirarse en mí.

Cuando regreso aquí al puro blanco
a este solo entregarse en el vacío
de lo que queda dentro del silencio,
como sangre que nombra pronunciando tu nombre,
cual luna o pensamiento que se huye,
bandada azul de pájaros, mirada
que un día fue de niño para darse.

Y ser latiendo una acumulación
de instantes, de mentiras, de ficciones,
tu rostro reflejado al fondo de aquel pozo
una tarde de sol,
días que los demás han olvidado,
no han de volver siquiera a su memoria,
a qué memoria,
sabías bien que poco importa
todo se existe al fin para evocarlo.

Siempre has estado aquí, al otro lado,
coleccionando el último momento,
la última sonrisa, el roto llanto,
no era otra cosa el tiempo,
no fue otra cosa el tiempo
que este vaso carnal de sentimientos,
desnuda copa,
mano oscura de quien bebo.

Siquiera un día ya, después de muerto,
podrán beber de él, saber de él,
desde tu celda, los que contigo estamos,
los que a tu lado fueron.

jueves, 6 de octubre de 2011

El puesto de flores



Han quemado el puesto de flores del que ha sido mi barrio en Alcalá durante gran parte de mi vida, en la vía Complutense, lo he leído en la edición digital del periódico a miles de kilómetros de allí. Acotado por unas solitarias vallas de obra municipales se veía el amasijo de hierros y tristeza en la foto, como si el olvido y la destrucción fueran capaces de rodearse de algún modo, abandonado. He imaginado cómo las flores ardían de madrugada en sus cubos azules de agua, indefensas y asfixiadas bajo el aliento infernal de las llamas y con ellas una parte de mi memoria.
Las flores, el amor y la muerte.
Yo iba allí de pequeño a comprar flores con mi padre para mi madre, para una sorpresa, para una reconciliación. Los días de la madre me atrevía a comprar la rosa yo solo, con el dinero contado. El hombre que atendía el puesto me miraba con una extraña ternura, me las envolvía sin pedírselo y hacía tirabuzones en los lazos de adorno con las tijeras, los hacía magistralmente bien, con maña, haciendo un agradable sonido, al final ponía alguna flor de más sin cobrármela, y yo aunque sabía que iba a hacerlo, le daba las gracias sorprendido. Flores, amor y muerte. El día que murió mi abuela también bajé allí a comprar las flores, era un día gris, fui con mi hermano, en aquel día siempre estuvo a punto de llover. Dijimos que queríamos flores para mi abuela, debió de leer la expresión de nuestra cara, preparó un ramo sencillo con una orquídea en medio, seguramente de las primeras de aquella primavera, recuerdo aquel ramo sentado en la parte de atrás del coche de camino al cementerio.
Flores adolescentes, flores de amor, flores de perdón, flores para decir lo que las palabras no pueden llegar a expresar.
El hombre que atendía el puesto de flores siempre estaba leyendo novelas, parecía no envejecer nunca a lo largo de los años con su perilla gris, su chaqueta de cuero negro y su impasible peinado. Allí lo veía yo cada día al venir del colegio. En multitud de ocasiones yo cambiaba mi camino de vuelta para pasar por delante de aquel puesto fragante, lleno de colores, lleno de vida, lleno de luz. Oasis en el desierto de asfalto de la ciudad.
He imaginado a un amante con la intención de comprar flores esta mañana, he imaginado a un pariente o a un amigo buscando consuelo y memoria, amor y muerte, encontrándose ante el puesto quemado, ardido, arrebatado, como si fuera parte una guerra invisible, marchándose y mirándolo a lo lejos buscando otra floristería.
Han quemado el puesto de flores de mi barrio, qué visión tan triste, qué indefensión. Quizá las palabras sirvan para decirnos cómo fueron las cosas un día, hechas de zarza, flores de espinas, las palabras incandescentes esculpiendo recuerdos ante la injusticia.
                                            (c) de la Foto: Diario de Alcalá. http://www.diariodealcala.es/articulo/general/9357/noche-de-incendios-intencionados

lunes, 3 de octubre de 2011

No somos tú y yo







No somos tú y yo, es el amor,
son las olas del mar, 
de su mar
oscuro, misterioso e infinito
las que han llegado hasta nosotros.

No, no es el sol 
que acaricia febril 
tu rostro en la mañana, 
por ver si te alcanzaba.

No, no es la luna pálida y lejana,
apenas peregrina, suave y blanda,
no es que podamos juntos hoy mirarla,
no es su noche su distancia...

Es el amor que habita nuestras almas.

Y aún me pregunto cómo
la vida cabe en la palabra,
y en mí y en ti, mujer,
toda la luz del mundo en la mirada.

domingo, 2 de octubre de 2011

Julia Cabrera



Llevo algún tiempo documentándome sobre la vida y la obra de Gustavo Adolfo Bécquer, tras varias, intensas y más o menos interesantes lecturas, llegó hasta mis manos un libro de Rafael Montesinos "Bécquer, biografía e imagen". Para mí la biografía definitiva, científica, cercana, amena y rigurosa. No sé hasta que punto la historiografía tiene derecho a meterse tanto en la vida de los escritores, sin embargo, es sumamente interesante establecer las relaciones entre los textos y los acontecimientos vitales, al menos, en este autor tan para mí predilecto, iba a utilizar el posesivo, no lo he hecho por respeto.

Está creciendo en mi pensamiento la figura de Julia Cabrera, primera novia de Bécquer, que él abandonó en Sevilla para irse a Madrid y a la que nunca volvió a ver, y de la que apenas dejó rastro en su obra. Esta mujer no pudo abandonarlo ni arrancárselo de su pensamiento y le fue fiel de manera vitalicia, al menos eso cuentan los testimonios. Murió soltera en 1913, el mismo año en que fueron trasladados finalmente los restos mortales del autor y su hermano Valeriano, muchos años después de la muerte de los mismos. Ella siempre tuvo noticia del estado, amoríos y correderías de Bécquer a través de los familiares de Bécquer, sobre todo de un hermano suyo llamado Estanislao. ¿Fue testigo ella de todo aquel reconocimiento final? No se tiene noticia exacta del día de la muerte de Julia.

No dejó rastro Bécquer de ella en sus obras, pero en los últimos días, los días cercanos a su muerte, el poeta le habló a su sobrina Julia (¡Julia! ¿Julia Espín, Julia Cabrera?), hija de Valeriano y autora de unas memorias de valor incalculable, de Sevilla y de una novia que tuvo su padre -al que convertía en alter ego de sus conversaciones- sobre los felices tiempos de su adolescencia andaluza, en los que daba igual por donde caminara, siempre acababan pasando ambos por delante de la casa de aquella joven.

Pienso en si ella, en si Julia Cabrera, intuía que Bécquer iba a ser lo que después ha sido para tantos y ella lo comprendió de antemano. Su recuerdo, su figura, generan en mí una inusitada melancolía, por su tenacidad, por su valentía, por su absoluta decisión para el amor, para un amor que jamás se vería correspondido, espiritual y puro, sino en la extraña gloria del recuerdo, como si fuera la última leyenda que Bécquer no quiso escribir, una última rima póstuma, oscura y veraz. En si en todos aquellos homenajes, una mujer mayor, al margen del gentío, arrugada y sonriente con los ojos brillantes, emocionados y encendidos conseguía terminar con aquella espera infinita, volviendo a estar cerca de la persona que amaba, nada menos que el poeta más importante de todos los tiempos en lengua castellana. Cumpliendo su sueño más allá de la vida y de la muerte.

Estén donde estén, sirvan estas palabras de recuerdo.




jueves, 29 de septiembre de 2011

Daphne descends



Esta canción, Daphne descends de los Smashing Pumpkins, vuelve a mí con el paso de los años cada vez con más fuerza y significado. Creo que en todo lo que rodea al disco de Adore se encuentra una parte de mí que voy revelando poco a poco, por lo que significó para mí en su momento, 1998, el absoluto descubrimiento del placer estético, de la oscuridad musical, fue como si mi cuerpo y mi alma se hubieran reconocido con la escucha de este disco, algo enormemente convulso. No he vuelto a encontrar un sonido parecido como el que tiene ese disco, hecho con poco, a veces se entrevé el silencio, y al mismo tiempo una mole de materia sonora lo acolcha.

Es extraño que una canción se haga más y más grande a lo largo del tiempo en nuestro interior, hasta conformar un éxtasis espacio-temporal, un lugar en el que habitar el alma, algo con que protegerla, un inmenso escudo de belleza en el que resguardarse del mundo o con el que salir a por él, en cualquier caso protección.

Esta es mi canción, pocos lo saben.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Padre de vida (Cuento para "Un poco de ti")



He escrito esta historia después de que Liana Castello, directora de Encuentos.com, me propusiera colaborar con la campaña "Un poco de ti" para el sitio: http://artistasunidoscontraleucemia.blogspot.com/ Os invito a colaborar y a publicitar la web allá dónde consideréis oportuno.

Aquí os la dejo para que os abrigue al principio del otoño.



Padre de vida



          A veces sólo le quedaba conducir de madrugada por la ciudad, a solas, con la única compañía anónima de los taxis, los autobuses y los servicios de limpieza; y con el silencioso recuerdo de la una vez mujer amada, su silueta en el asiento del copiloto, su sonrisa invisible en el perfil del aire, su voz contra el salpicadero, cuando el resto de las personas que lo conocían pensaban de él que estaría durmiendo, para consolarse. Aún recordaba a diario el veredicto de las pruebas médicas, la sensación que había precedido a su lectura, el segundo que cambió todo. Jamás podría tener hijos, nunca podría ser padre, nunca sería el padre de nadie. Aquel golpe le hundió como si de un segundo al otro le hubiesen dejado sin brazos, en su fuero interno Félix se sentía un inútil, un desdichado, un maldito, pues nada le hacía y le había hecho más ilusión en la vida que que alguien llevase su sangre, su apellido y fuera la prolongación de su persona, de sus valores, de lo que había aprendido en el mundo, ya no podría tener una familia propia, nada que no fuera postizo o adoptivo, un premio de consolación. Aquellos pensamientos acabaron por destruirle, por matar a la persona feliz que había sido durante tantos años junto a Alba. Todo lo que antes había sido, todo lo que había desprendido su persona, desapareció con la palabra estéril, eje de la espiral de su actual depresión. La alegría, el sentido del humor y la ilusión por las pequeñas cosas se tornaron en desprecio, malhumor y desidia sin límites. Alba lo abandonó, y él con el orgullo de las personas heridas lo achacó todo al problema de su infertilidad, sin embargo, no fue ese el principal motivo, la persona de la que Alba se había enamorado un día ya no existía, Félix ya no era Félix, era una sombra oscura y huraña que se arrastraba por el mundo, de casa al trabajo y de trabajo a casa, mirando con desprecio a quien osara dirigirle la palabra. Al menos eso era lo que creían las personas que lo habían conocido, esa era la conclusión a la que se llegaba en las conversaciones que trataban sobre él, como si el dolor de las personas fuese una magnitud capaz de establecerse con pocos tópicos y en pocos minutos. La verdad era otra.

Félix quería que Alba fuera madre algún día, madre del hombre que ella amase y escogiera, madre del hombre que pudiera ofrecerle descendencia natural, la amaba tanto que no permitía que ella se conformase con él, con los largos procesos de adopción, con la inseminación artificial de otra persona, otro hombre que habría ofrecido su semen por dinero, renunció a su felicidad por la felicidad de Alba, en un acto que él consideraba heroico. Había disimulado aquella persona que no era aferrándose a su dolor, enconándose en él para no regresar jamás a devolver aquella imagen suya de la que ella se había enamorado. Nadie sabía lo que Félix sufría a solas con aquella máscara. Bastaba con aparentar ser otra cosa para que los demás acabaran por creer que él se había convertido en ella. Sólo las calles nocturnas de la ciudad eran testigo de sus más honestas lágrimas al volante de su coche. Algunos transeúntes trasnochados que parecían regresar a sus casas con ese halo de pecado en los cabellos despeinados y las ropas arrugadas se le quedaban mirando, a veces lo señalaban y hablaban de él con la persona de al lado.

-Hay un hombre llorando en ese coche.

Él solía girar la cara en dirección contraria a los rostros de aquellas palabras. A veces sólo le quedaba conducir de madrugada por la ciudad. Los semáforos en rojo, los semáforos en ámbar, los semáforos en verde, la lluvia cayendo sobre el parabrisas, la noche infinita y oscura, los parques con las verjas echadas, las persianas bajadas de las casas, alguna luz perdida encendida en el cuarto, en el quinto, en el octavo piso de los edificios, el humo insomne de un fumador en el balcón de su casa, la luna a lo lejos, su luz pálida, creciente, llena, decreciente, nueva. Alba...

Pensaba a menudo en los donantes, pensaba en las personas que ganaban dinero por entregar su semen en un triste bote de plástico. Aquello era un acto egoísta, aquello significaba ser padre de alguien en la sombra, arrebatarle a otro hombre la posibilidad de ser padre, abocar a las mujeres modernas hartas de estúpidos y egoístas a buscar un sustituto en una jeringuilla. Todos esos hombres sí, yo no, pensaba Félix. Quería ser donante de algo valioso de forma altruista, entregar algo difícil de encontrar, entregar oro de forma gratuita, hacer de su vida un acto de entrega en otra vida, ser padre de alguna forma invisible, anónima y consciente.

A partir de entonces comenzó a donar sangre con regularidad para los hospitales de la ciudad. Aquello, pese a que era un acto de entrega, no terminaba por satisfacer su instinto de paternidad, pues aquella sangre aunque podía servir para salvar la vida de los de su grupo, podría ser utilizada tanto en personas jóvenes como en personas mayores. Un día encontró el valor suficiente para dirigirse a una enfermera en el autobús en el que le hacían las extracciones. Corría el rumor por el barrio de que Félix iba allí para charlar con las jóvenes enfermeras y lo de la donación era una mera excusa, corría el rumor y ninguno de los que rumoreaban se subía jamás al autobús a dar una sola gota de sangre.

-Disculpa. ¿Puedo preguntarte una cosa?
-Sí dime Félix, ¿te encuentras mal, te has mareado, te aprieta la vía?
-No, no es eso. Es otra cosa que necesito saber, necesito información.
-Dime.
-¿Qué cosa puedo donar, que me permita seguir viviendo con normalidad, y sea algo vital, algo que la otra persona necesite con urgencia?
-Sangre, Félix, vienes a donar sangre todos los meses. ¿Perdiste a algún familiar, no?
-No, no es eso. Perdí mi familia antes de tenerla. No puedo tener hijos... Soy estéril.
-¿Quieres ayudar a los niños?- preguntó la enfermera con una dulce compasión en los ojos.
-Sí, algo así...
-¿Por qué no donas médula ósea para los niños con cáncer? Sólo te ingresan un día, y el único riesgo es la anestesia, una posibilidad entre cincuenta mil de que salga algo mal, el 0,002 %. Te la extraen de la cadera y se regenera con el paso de los días de manera natural. Te inscribes en un registro, y si hay enfermos compatibles con tu médula, lo cual es también bastante complicado, te llaman, te ingresan y al día siguiente puedes estar salvando la vida a un pequeño. De esa manera es muy probable que estés dando una fuente de sangre a un niño. Imagina lo que debe sentir una familia que sabe que recibe un donante, es casi más que ser padre, piénsalo.

Aquella breve conversación cambió de nuevo su vida, se sentía de nuevo completo.Y aunque Félix seguía viviendo con la máscara de dolor puesta, era tan sólo eso, una máscara ante los demás. Debajo de aquella tristeza se escondía toda la felicidad de un padre anónimo, un padre de vida, el consuelo de familias golpeadas con un dolor incluso más cruel que el suyo, el dolor que provoca la indefensión. Era donante de médula ósea, aunque a veces sólo le quedase conducir de madrugada para consolarse.


***

jueves, 22 de septiembre de 2011

Alemania



A Abraham G. 
por alentarme a escribir en esta noche.

Al final
termino siempre en Alemania,
soy los solitarios pasos que alguien escucha
en sus oscuras calles empedradas
sobre los puentes de sus inmensos ríos,
soy arropado bajo su vasta naturaleza y su cielo blanco,
sus catedrales, sus plazas,
lejos de todo cuanto quiero, cerca de cuanto necesito,
un hogar, un trabajo, libertad, 
y el idioma alemán, mi más amado idioma,
se tiende ante mí entre las personas, los carteles, las cosas, los libros, 
como si las habitara de belleza, de placer, de inteligencia
de sentido.


Alemania es para mí como ese amigo
que no nos da la razón a la primera, testarudo,
lleno de extrañas costumbres y rarezas,
y sin embargo acogedor precisamente
porque tiene su idiosincrasia,
su siempre igual manera de hacerlo todo
y una infinita fidelidad a quien lo ama.


Al final
termino siempre en Alemania,
me acuerdo al escribir esto
de que las últimas palabras de Chéjov fueron
"ich sterbe"
 de que Bukowski era de Andernach,
de que Dostoievski también anduvo por aquí
y de Borges estudiando gramática de noche,
recuerdo muchas más cosas,
Erich Kästner volviendo a Dresden,
Celan buscando el silencio,
Novalis encarnando la poesía,
Schiller diciéndole a Goethe que termine el Fausto,
Hölderlin mirando el Neckar desde una torre en Tubingen,
Hoffmann borracho por las calles de Bamberg,
donde ahora vivo.


No sé de dónde me nace
tanta pasión por esta tierra, 
por su increíble cultura e historia
-la más oscura y despreciable
la más tenaz y más honesta-
por esta lengua, por su literatura,
por sus filósofos y por sus poetas 
inmortales,
inmortales en mí.

Quizá yo,
siempre haya sido un alemán antes de nacer,
un alma alemana
y así,
siempre haya sido un alemán español
desde el principio y sin saberlo
(aunque quisiera ser un ruso
porque me siento ruso, literariamente ruso.
Caí algo más allá, en España,
a lo mejor por eso). 

No importa lo que sea, lo que quiera o donde esté,
al final
termino siempre en Alemania.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Antivida y antipoema



Antivida y antipoema

No debo andar muy bien
esta noche he soñado mi suicidio
-el endecasílabo no ha sido a propósito-
dos veces,
en dos sueños consecutivos.
Todo lo que oía mientras estaba muerto
era una canción de Kent, 10 Minuter,
si no sabes quiénes son,
búscalos en Google, en Youtube o en el Spotify,
ya deberías conocerlos, al menos por tu propio bien,
en ocasiones el único lugar al que puedes huir en la vida es una canción de Kent,
tampoco entiendo cómo mi cerebro
es capaz de reproducir con tanta fidelidad las canciones mientras duermo,
una vez soñé o aluciné mientras me despertaba
el "Get born again" de Alice in Chains,
me asusté a los tres minutos,
cuando me di cuenta de que no había música puesta en mi cuarto
y la música desapareció.

Ella en el sueño me era infiel también
-y en estos versos sí ha sido a propósito
la prosodia del mal llamado verso libre,
los tres endecasílabos más dos alejandrinos-
y yo tenía que ir en su supuesto coche
(el "su" es un pronombre posesivo en este caso de tercera persona del plural, de ellos.
Ahora utilizo paréntesis y no guiones, porque aclaro el contenido, no es algo que diga aparte,
me gusta utilizar así los paréntesis,
Dios escribe los paréntesis de nuestras vidas)
en la parte de atrás,
me iban a dejar en algún lugar,
parecía un hotel o un aeropuerto,
y ella me decía "aún sigo enamorada de contigo"
lo decía mal gramaticalmente,
arrepintiéndose al pronunciar el "ti" y lo cambiaba por "contigo"
y yo he llorado en el sueño
cuando ella ha cambiado las palabras.

Dicen o leí, poco importa,
que censuramos nuestro subconsciente con el pensamiento
y que en los sueños sucede
lo que pensamos sin censura.

Me parece una gilipollez de frase,
una gilipollez de las auténticas,
una gilipollez endecasílaba,
el subconsciente no existe y los pensamientos no ocultan nada,
existirá tan sólo en los individuos imbéciles,
somos lo que sentimos hasta que dejamos de sentir,
los pensamientos son la forma concreta de lo que sentimos
y cuánto más sensible, más inteligente,
mayor definición,
como ese monitor del que se sienten orgullosos los padres de familia,
es como tener un millón de ojos capaz de observar diferentes tiempos en un mismo espacio,
somos una huella del tiempo,
una huella en nosotros mismos nada más,
eso o tengo un corazón cuántico:

Antivida

Qué hermoso es observar la noche en la distancia
mirando las estrellas
dejarse atravesar los ojos por el blanco lunar
y en ella evocar tu nombre,
tu nombre que es un cuerpo de mujer
en el que hundir mi vida
y como si en toda la sombra celeste habitase nuestro amor
dibujar en mi memoria tu mirada como una constelación.

     ***

Sitúe la anterior estrofa
en la historiografía literaria, nombre su autor, su corriente literaria, la sociedad de su tiempo,
analice las figuras retóricas y enumere los recursos literarios de los que se vale
el mismo para llevarlo a cabo y escriba
un breve comentario personal equiparándolo a alguna lectura del curso
de la que puedan extraerse influencias visibles.

No tengo nada que ver con casi nadie.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Las cinco menos veinte




A quienes dieron su vida ante la crueldad y la incomprensión del resto del mundo.



Cuando le preguntan por qué no lleva reloj, Laura acostumbra a contestar que puede consultar en el teléfono móvil , en la pantalla del ordenador o en cualquier parada de autobús la hora que es, miente. Al mismo tiempo que alguien le espeta la pregunta suele recordar "al fondo está la muerte" las palabras del microrrelato de Cortázar utilizadas hace poco tiempo en una campaña publicitaria, y que ella conocía desde hace años. Las rememora con esa vergüenza secreta que sonroja el alma de las personas tímidas, no vaya a ser que el interlocutor se asuste o sospeche que ama la literatura. Hay que vivir escondiendo el alma, en la hiperficie social no hay tregua, está prohibido adjetivar la emoción y mucho menos dotarla de bibliografía.

Miente, no le ha contado a nadie el porqué. Tenía un reloj, su pensamiento era capaz de redibujarlo con exactitud, desde el tacto de la correa sobre la yema de los dedos hasta el calor que dejaba en la muñeca cuando se lo quitaba para ir a dormir. Una vez tuvo un reloj, un reloj que no funcionaba, adornaba su muñeca. Ningún joyero dio con el misterio de tal avería, daba lo mismo, era su reloj, lo seguía siendo pese a no llevarlo desde hacía mucho, años, lustros -le gustaba esa palabra-, décadas. Las agujas siempre detenidas a las 4:40 o las 16:40 o las cinco menos veinte, ¡qué alegría cuando alguien le preguntaba a aquellas horas la hora que era y podía mostrarlo, poco antes de salir de clase, cuando era niña!

Aquel reloj se lo había dado en mano el hijo de una hermana de su abuela, se llamaba Rubén y murió de sobredosis a finales de los años ochenta, con una sonrisa de oreja a oreja y en secreto, a los pies de las escaleras de su casa un ardiente miércoles de verano por la mañana, con una cercanía y una sensibilidad que hasta entonces nadie le había transmitido o sólo los fantasmales árboles azules y verdes en su vaivén nocturno bajo la luz de la luna tras la mosquitera, cuando ella todavía dormía en la misma cama con su abuela. El escándalo monótono de las chicharras era una forma de silencio entre ambos cuando Rubén se acercó a ella y revolvió sus cabellos con la mano antes de dirigirle la palabra. Pese al calor él llevaba manga larga, su cuerpo hacía una sombra delgada, sombra de aire, casi de luz sobre los adoquines grises.

-Toma este reloj, Laurita, sé que no funciona, fíjate, ya ni siquiera a mí me sirve. No tengo otra cosa que regalarte, quería darte algo antes de irme, así no nos olvidaremos. Yo soy como este reloj y tú serás mi muñeca.

Laura miente, sí que lleva un reloj. Sobre el libro de Cortázar descansa aquel reloj en una estantería de su cuarto donde son siempre las cinco menos veinte.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Ella era la lluvia



Al conducir en los días de lluvia volviendo de la capital, cuando el horizonte y el techo gris del cielo ofrecen cortinas lejanas hechas como de llanto de dioses -eso quiere pensar ella- o sombras gigantescas y nómadas, es cuando Laura se recuerda a sí misma. Veranos de soledad y lectura, libros y más libros, ventilador y persiana a medio bajar, noches sentada al margen de la autovía viendo pasar los coches. Todo aquello bastaba, el sabor de un chicle, el ruidoso camión de la basura con sus urgentes sirenas luminosas a lo lejos, una vecina gorda y nocturna que bajaba a pasear al perro, hombres intempestivos y descamisados a los que rodeaba el pecado como lo hacía el humo del cigarro que fumaban.

Poco o nada aparte de aquellos recuerdos desdibujados en su memoria quedaba de aquellos días, ¿había sido aquello su vida? Ahora todo era rutina, una rutina que extraña se había ido instalando en su vida: trabajo, facturas y sexo. Era feliz, feliz como una modelo del Cosmopolitan, feliz como alguien que habla de sí mismo ante los demás dando detalles y pronunciando días de la semana, feliz como un taxista calvo engañando el precio de la carrera a una guiri.

Recordar para Laura era olvidarse, ella era la lluvia.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Pertristeza


poesía

se 
requiere 
de mucha 
desesperación 
insatisfacción 
y desilusión 
para 
escribir 
unos 
pocos 
buenos 
poemas. 
no es 
para 
todo el mundo 
ya sea para 
escribirlos 
o siquiera para 
leerlos

Charles Bukowski



Pertristeza 

ayer de camino a casa
por la noche
cuando los semáforos cambiaban de color para nadie
y un perro ladraba atado a las verjas de un night-club
iluminado de rosa y verde
iluminado de pared sucia y balcón con las persianas bajadas
me dediqué a romper mis pensamientos
que es una de las formas que tengo de no llorar
o de llorar sin que nadie lo sepa


desvanecerse
desvanecer
desván
des-
de

desventura
ventura
ven
ave


desesperación
desespera
espera
es
per
siempre

tristeza
triste
te
tris

huida
ida
fui

de una rotonda puesta en las últimas elecciones municipales
salía
un reguero de agua de aspersores mal puestos
las luces de un pabellón deportivo de instituto
estaban dadas también para nadie o algo peor
para disuadir
y había latas aplastadas de refresco a los pies de un banco del parque
y unas hormigas
se afanaban por relamer
los restos de la tapa de un helado
sabía que a esa hora
estaba entrando la luz de la luna por la ventana de mi cuarto
y Bukowski me susurró al oído:
"o siquiera para
leerlos"

lunes, 5 de septiembre de 2011

Mis recuerdos contigo




En toda vida,
-en toda vida humana-
llega un momento tan desconsolado
que tan siquiera el llanto puede comprenderlo.
Sucede y lo atraviesa todo
en una luz violenta y tan desnuda
que de increíble hace sonreír.

Te escribo,
desde el envés de todas las palabras
desde todas las noches que soñé contigo,
desde el día que te conocí,
-¿te conocí algún día o tú ya eras?-
pues hoy como aquel día me parece imposible.

Hay un azul ignoto e innombrable
que existe para mí, como de cielo.

Llévate, llévate tú,
mis recuerdos contigo.
Llévame a ti, llévate a mí,
y a tus recuerdos conmigo.


miércoles, 31 de agosto de 2011

Azul final



Miró la botella azul de plástico vacía sobre la encimera después de cenar, aquella imagen resumía su vida.
Se había ido muriendo agosto, el último agosto, pensó, y con él, toda una parte de sí mismo. Lo supo ayer, cuando al cerrar los ojos ya no quedaba más que llorar.

jueves, 25 de agosto de 2011

Canción para un hermano


Canción para un hermano

Si un día te marcharas
del lado de mi cuna,
navegaría con mi llanto
hasta la luna.

Si un día me dijeras
que no te queda nada,
te daría mi sombra
que te abrigara.

Si te has quedado solo
de noche ya y de sueños,
yo te protegeré
con mi silencio.

Si te hartas de buscar
sin encontrar tu sitio,
ni tienes dónde ir
quédate el mío.

Y si aun así
abandonando todo
te vas contigo,
no olvides que en tu pecho
van mis latidos.


martes, 16 de agosto de 2011

Bécquer desconocido

Un documental muy interesante y a la altura de mi autor predilecto. Me lo he encontrado recopilando información sobre él... Ya os diré para qué.

Mientras exista una mujer hermosa,
¡habrá poesía!


viernes, 12 de agosto de 2011

Noche de amor oscura (escena final)


Quinta escena

Consuelo


(El hombre del traje blanco camina taciturno, pasados unos instantes se detiene sonriente, hablándole al ramo de flores)


SERAFÍN- Aunque el mundo haya quedado vacío para mí, sin tu voz, sin que nadie pronuncie mi nombre como tú lo hacías, sin que yo pueda escuchar más un te quiero de tu boca. Aunque el día no tenga más luz para mí, por mucho que brille el sol en el azul, y la noche sea más noche todavía, noche de amor oscura. Miro a mi alrededor y sólo me imagino a personas en torno de tu recuerdo, como ateridas manos frente al fuego. Nos dejaste tu amor encerrado en tus libros, nos dejaste tu pasión por la vida en tus obras de teatro, nos dejaste una huella imborrable a los que te conocimos, te rodeaste de amigos, los abrazaste con tu risa, con tu presencia, con tu alegría, con tus cartas. ¿Qué más se puede ser en esta vida, Federico? No necesitas una tumba, (arroja el ramo de rosas al público) ningún poeta necesita una tumba, el mundo es una inmensa tumba, la muerte es sólo un margen, el mar desde el que hoy nos llegan tus palabras. ¿No fue esa tu mayor lección para nosotros? Amabas, sentías, vivías y escribías póstumamente. Lo misterioso siempre estuvo a este

lado de la vida, con nosotros, como tú, para siempre con nosotros.


Quizás sea el destino el que yergue ejemplos de injusticia para mostrar a los hombres el horror, su propio horror cruel, infinitamente doloroso e inútil, como si así no quisiera volver a repetirse. No te han matado sólo a ti, no has muerto sólo tú contigo, han abierto una herida en el pecho del mundo para que a través de ti hallemos consuelo un día, un día de amor inmenso en el que la libertad habite los corazones de los hombres y los cicatrice con su abrazo, un abrazo de perdón, de dignidad, de recuerdo y memoria, de alegría, alegría de que estés para siempre entre nosotros como esta noche, noche de amor oscura.



lunes, 8 de agosto de 2011

Noche de amor oscura (escenas 3 y 4)



















Escena tercera
Llanto español

(El hombre del traje blanco camina con desesperación, de allá para acá, buscando la tumba de su amante a sabiendas de que no puede encontrarla).

SERAFÍN- ¡He preguntado a todos! He preguntado en tu casa, he preguntado a las niñas y a las viejas, he preguntado a los hombres, a los serenos, a los borrachos, a los tenderos, a las gitanas que dan romero, a los gitanos a caballo, he preguntado a los Guardias Civiles, he preguntado a los enterradores, he preguntado a los que te han matado, a los árboles que fueron testigos, he preguntado al cielo con los ojos. (Arroja el ramo de flores con rabia al suelo). ¡Nadie sabe nada! ¡Nadie quiere saber nada!

¡Qué pueblo tan ruin es este que mata a sus poetas!
¡Qué pueblo tan ruin es este que trata de matar el amor entre los hombres!
¿Qué gloria han alcanzado con ello?

Algún día todo este silencio, Federico, algún día todo este silencio desaparecerá y se recordará a España a través de tu nombre y todos buscarán tu tumba.

Tus verdugos serán sinónimo de injusticia y podredumbre y serán olvido…

Yo sé que un día los teatros, las escuelas, los parques y las calles llevarán tu nombre y tus personajes cobrarán una dimensión universal, el fuego de tus palabras los traerá a este lado de la vida, lo mismo ocurrirá con tus versos, sobrevivirán las fronteras del silencio, de este silencio hecho de miedo, de balas, de muerte, de ignorancia. Regresará a nosotros tu luz en nombre de la libertad y la justicia. Tus palabras, tu obra inmortal, tu inocencia arrojarán ignonimia sobre sus tristes vidas. Nunca dejaremos de llorarte, lo mismo que una madre a la que arrebataron sus hijos, nos has hecho víctimas a todos con tu muerte. No existirá la redención para los que te han asesinado, sí la memoria de sus hijos, de sus nietos, del porvenir y la verdad, la dignidad que levanten los recuerdos, las palabras que te nombren, sólo ellas podrán hacer justicia. (Emocionado, se echa a llorar con entereza, toma una lágrima en su mano) Estas son lágrimas españolas, llanto español que recorrerá el mundo para siempre como un mar libérrimo, lágrimas que eternas pronunciarán tu nombre, Federico, aunque no tengamos dónde llorarte.

(Abandona la escena).

Escena cuarta

La muerte pequeña

(El hombre del traje blanco aparece ostensiblemente borracho, lleva una botella de vino en la mano y el ramo de flores en la otra, a las que toma contra su pecho como si fueran compañeras de baile. Baila canturreando una copla mientras se tambalea).

SERAFÍN-
"Prado mortal de lunas
y sangre bajo tierra.
Prado de sangre vieja.
Luz de ayer y mañana.
Cielo mortal de hierba.
Luz y noche de arena."

(Grita)
La fecha del año de tu muerte será sinónimo de terror. 1936. ¡Temblad, 1936!

"Me encontré con la muerte.
Prado mortal de tierra.
Una muerte pequeña.
El perro en el tejado.
Sola mi mano izquierda
atravesaba montes sin fin
de flores secas."

(Grita)
¡Soy poeta también, podéis matarme, mirad, aquí está mi pecho! ¡Este es el pecho de un hombre, este es el pecho de la libertad del amor, la única libertad que me exalta, la única libertad por que muero1! Mataos en nombre del amor, matadnos en nombre del amor.

"Catedral de ceniza.
Luz y noche de arena.
Una muerte pequeña.
Una muerte y yo un hombre.
Un hombre solo, y ella
una muerte pequeña."

(Se cae de la borrachera, se arrastra por el suelo para coger las flores, las
abraza. Grita de nuevo con alegría).

El amor no puede morir. El amor no puede morir. ¡Podéis matarnos pero no moriremos!

(Se marcha tambaleándose con una alegre amargura)

1 Versos de Cernuda, del poema "Si el hombre pudiera decir lo que ama".

martes, 2 de agosto de 2011

Noche de amor oscura (escenas 1 y 2)


En Octubre de este año se realizará un homenaje a Federico García Lorca en el teatro homónimo de la ciudad madrileña de Getafe, será el día 12 -ya lo recordaré cuando llegue el momento- y he tenido el privilegio de colaborar con el grupo de teatro que lo va a organizar, el Grupo Versus, con un texto original e inédito sobre la figura del poeta granadino, bajo la batuta de Elpidio, el director del grupo teatral.

Se trata de un personaje-idea que busca la tumba de Lorca. La propuesta me llevó a investigar un poco más sobre la vida del autor, y allí me encontré con la figura de Serafín Ferro, actor de la época, personaje atrayente, atractivo y enigmático, amante de Lorca, Cernuda y Vicente Aleixandre (casi nada...). En él y en su relación con Lorca y el impacto del asesinato que pudo haber dejado en él he basado el texto.



Las cinco escenas de las que consta las escribí allá por el mes de enero y las he recorregido y sintetizado hace pocos días, pues se trata de un monólogo breve dentro de la antología que piensan llevar a cabo. Algo así como un tipo de entremés entre pasaje y pasaje de las obras escogidas de Lorca para el homenaje.

(Para más información sobre la relación que tenían todos estos grandísimos poetas de la generación del 27, os recomiendo el siguiente enlace: http://www.laopinioncoruna.es/estaticos/domingo/20071209/domingo.html).

Aquí os dejo las dos primeras escenas, a lo largo de las próximas semanas iré colgando las tres restantes.
Noche de amor oscura
(Cinco escenas de un amante perdido)
"Llena, pues, de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena noche
del alma para siempre oscura."

El poeta pide a su amor que le escriba.
Sonetos del amor oscuro

Federico García Lorca


Escena primera

La ofrenda

(Un hombre ataviado con un traje blanco, ramo de flores en mano, camina despacio, pensativo, enamorado, dolidamente enamorado. De vez en cuando huele el ramo de flores y sonríe mirando la lejanía, como si supiera algo que nadie sabe...)

SERAFÍN- Estas flores no tienen miedo. Ellas son valientes y hermosas. Solo los hombres somos cobardes y crueles, o niños que temiendo la oscuridad siguen sin estar preparados para la luz. Tú eras la luz, Federico. Todo lo iluminabas con tu imaginación, con tu
alegría…

Me han dicho que has muerto, pero mienten. No puede morir quien vive en el amor de los que lo recuerdan. Pueden haber matado tu cuerpo, haber callado el timbre de tu voz de hombre mortal, pero jamás podrán apagar el fuego ni el brillo de tus palabras.

La verdad y el amor están hechos de una materia indestructible.

¿Dónde estará tu cuerpo? Tu cuerpo que era el mar en el que yo hundía mis penas. Mi refugio. Tu cuerpo hecho de silencio como la luz de las estrellas. ¿Dónde llevar estas flores? ¿Y qué palabras decir con las que abrazar tu ausencia, como tú me enseñaste? Sólo dos cosas son dignas ante la muerte, las flores y las palabras, la poesía.

(Dejando las flores en el suelo con respeto saca un papel y lee).

En la hora oscura

Reharé tu imagen en la hora oscura,
a solas, con lunar delicadeza.
Nocturnamente en mí, pieza por pieza,
mi corazón será su arquitectura.

Si el recuerdo supone la fractura
y es el final donde tu ausencia empieza,
huiré de mi memoria y mi tristeza
hasta alcanzar en mí tu esencia pura.

Y así pudiendo estar cerca de nuevo
de quien hizo posible mi mirada,
devolverle a mi vida su sentido.

Y así sacar de dentro cuanto llevo
aunque hacerlo no sirva para nada,
recuperarte habiéndote perdido.

(Recogiendo el ramo, abandona el lugar)

Escena segunda

Recuerdos

(El mismo hombre, aparece en escena con el ramo en la mano derecha, como si anduviera cogido de la mano de su primer amor, evocándolo, habla como si en realidad estuviera presente).

SERAFÍN- ¿Cuántas veces anduve por las noches a tu lado, tomando tu mano sin que nos viese nadie, abandonados de todo como dioses olvidados, igual que camino bajo esta noche? Siempre me parecía la primera y siempre la sentía en mí como si fuera a ser la última. Granada, Madrid, Toledo, Cuenca, La Coruña...
Las riberas de los ríos, las orillas del mar, tu risa envolviendo la oscuridad, mi alma flotando en el fondo de tu mirada. ¿Recuerdas nuestro primer beso, el frío de tus manos sobre mi cuello, tus manos hechas de otoño, mi espalda de estío, como decías tú? ¿Te acuerdas de todas esas conversaciones insomnes que terminaban en un duelo de agujas de hiel?
La vida era para ti una hondonada, una tragedia silenciosa que rompías con tus manos al piano, con libros, con recuerdos, pocos lo sabían. Nadie como tú inundaba los lugares de alegría y nadie como tú era capaz al mismo tiempo de sentirse tan solo.
¿Sabes? Nadie podrá arrebatarme nunca tu recuerdo, te acoge mi sangre como a los marineros el océano, te acoge mi pecho como la luna abraza al cielo.

domingo, 31 de julio de 2011

No volveré


A un adolescente

En un ayer de sangre
huido hasta el final de nuestros nombres
sólo el pasado sabe dibujarme,
y no, ya sé que no a ciencia cierta,
no volveré.

No volveré a ser nosotros.

Siquiera para ver la noche rota
en la siempre pureza de tus párpados,
para no terminarte
como el mar, como un sueño,
no volveré.

Tan solo dejaré que la verdad
y su forma de muerte te destruyan
hoy que tan sólo eres deseo, entrega,
no volveré.




martes, 26 de julio de 2011

Paga tu deuda


A Christopher Nolan


Volver, regresar al blanco de la página desde el dolor más profundo y enconado. Él siempre está aquí, recaudador de deudas, impuesto con la vida, como sueño que espera ser soñado, un solo soñador, infinitas mentes poseídas.

¿Qué me traes hoy? ¿Qué verdad o dolor, qué forma de instinto? Paga tu deuda, llevas tiempo sin asomarte al abismo que formas, el mundo es sólo un espejo sobre el que morirás, como cualquier otro, como todos, excepto si pagas tu deuda, si la pagas de verdad.

La literatura, toda la literatura de la historia no está hecha sino con el silencio desde el otro lado, desde este otro lado de la vida. Cientos de miles de millones de horas humanas.

¿Tienes un don? Toda belleza es sólo la armonía de infinitas mentiras sensoriales, sólo su forma, entre tú y el objeto no hay absolutamente nada que no estuviera previamente en ti.

¿Sufres? El dolor es la concreción de la desesperación, la desesperación es la ausencia de fin, un dolor se agota en su propia presencia, es un fin sin fin, se existe a través de ti.

Hazlo, no me lo expliques, no hay más. Paga tu deuda, o al menos hazlo por todos los que fueron, son o habitarán el mundo siendo como tú. Porque estamos en deuda los unos con los otros.

martes, 5 de julio de 2011

Verano de Vivaldi


"Es el lenguaje el que ordena la vida, la vida no dice nada"
M. M. F.

Y si bastara con una sola voz, un solo día de tu vida, un solo verso desde el silencio que nombre una verdad. Ya no sé si sigo esperando algo o si ya ha ocurrido todo. Si en lo que se marcha, si en aquello que llamamos tiempo como río abajo o nube lejana, ya ha sido toda la parte de mí, auténtica y posible, o si ya se ha desasido el todo, el algo que fue genuinamente mío, un gesto, un ademán, una sonrisa, para quedar acaso el fragmento, la espuma, un resto de pureza de algún día en el que ya fui yo o fuimos nosotros, que muchos sólo sabemos o supimos ser nosotros.

Si sólo sé mirar la vida desde el horizonte, lejano, hundido en la distancia, lugar en el que solo el alma en su leve ausencia es capaz de no asirse a más cuerpo que su propia idea, más cuerpo que el leve halo de su existencia, brisa o remanso de sombra de su idéntica pena, de su ajena consciencia, cadena rota en el suelo, ceniza de ilusiones infantiles.

De lo que quede, déjame un lugar desde el que mirarte, alma mía o música u hombre. No importa ya qué seas, un día fuiste todo, tan sólo deja que contemple cómo te desmembras, te deshaces, te destruyes de mí.

No hicimos otra cosa desde que ambos tuvimos conciencia de la existencia del otro.