miércoles, 19 de enero de 2011

Mañana voy a verla



Desde donde escribo se ven las farolas encendidas, las luces de las casas desperdigadas por los edificios como fichas de un puzzle por hacer, coches yendo a algún lugar, coches que se detienen para dejar a alguien en casa, en doble fila, con conversaciones y besos en su interior, las nubes volando sobre todo, los aviones cruzando el cielo despacio, llenos de nada o de negocios, de amor o de olvido, parpadeando tristeza de color rojo. Hubo otros meses en mi vida bajo la misma oscuridad, bajo el mismo naranja barato, en la misma ciudad, yo caminaba entonces por allí abajo, sabiendo que algún día estaría aquí sentado golpeando un teclado bajo el arco nocturno que traza la luna. Solo después de todo, pensaba entonces, no me equivocaba.
¿Era la misma ciudad? ¿Era aquella mi vida? Hablar en presente es mentir, yo decía entonces cuando llamaba a la puerta y tú me abrías: Soy yo. Ya no soy yo, ya no llamo aquella puerta, ya no se abre para mí. No tengo otra forma de decirlo, soy yo, debería de haber más de una forma de presente, algún matiz, presente con el que se esté de acuerdo y presente con el que no se esté de acuerdo.
Era él.

Con ella cerca soy nosotros, quizás ahora sea yo o empiece a serlo, ella se preocupa porque yo lo sea, me hace ver. Es hermoso estar a su lado, mirarla, escuchar su voz, cuando me habla de la niña que fue como si así descubriera un verdadero lado de su sombra, una forma original de su memoria. Es increíble sentir que se ríe por una palabra que le he dicho, es increíble que una palabra traiga al mundo el sonido de su risa y yo pueda escucharlo, es indescriptible sentir que quiere verme, que un teléfono suene y aparezca su voz, que vaya a estar cerca de mí. (A cualquiera le valdría con decir que es muy mona, pero vosotros sólo sabéis hablar con mentiras, faltáis a la verdad continuamente con versiones resumidas de vuestra propia existencia, expresiones podridas de catálogo. Ella es la próxima canción de amor que espera el mundo, el último rayo de sol de una tarde de agosto, ella es dulce y acogedora como el sabor de tu helado favorito, como el silencio perfecto entre los mejores amigos).

No será la misma ciudad, ella hace todas las cosas nuevas dentro de mí. O quizás no sea ella y sea yo, que a miles de kilómetros de todo me dejo al fin llevar por la suave brisa que encierra su nombre.

Mañana voy a verla...