sábado, 8 de enero de 2011

Siempre queda otra noche sin su nombre



No sé dónde está,
tan sólo sé que su mirada se quedó en mí
que la nombran mis manos
mientras la lluvia cae
que todo está más lejos después de haber visto
la noche deshacerse como un sueño
a su lado.

Cuesta creer que esté en el mundo,
otorgando sentido
con su presencia al resto de las cosas:
el cielo es una excusa que la rodea,
las ciudades refugios,
el día sólo luz que la dibuja
entre el resto de millones de nadies para mí
y yo
una espera imposible que repite su nombre,
una canción no escrita,
alguien sentado frente a un papel que busca
el eco de su voz en su memoria
tan misteriosamente mío
tan misteriosamente azul.

Huye, me digo,
huye para olvidarlo todo,
no volverá jamás a ti el instante
déjalo aquí,
ya lo sabías,
siempre queda otra noche sin su nombre.