sábado, 12 de febrero de 2011

Un susurro



Como la música de Falla, en un lugar del alma del aire, en su centro más puro te guardo, te albergo, te llevo conmigo yo. Sin importar ya más nada, ni el antes, ni el después, ni el ayer, ni el mañana. Como si hubiera comprendido el tiempo ya nada importa, créeme, nada ha importado hasta ahora sino que tú estuvieras ya en el mundo. Me reconozco al fin, yo en el fondo de tus pupilas, yo rodeando tu cuerpo. Como recién nacido, como algo nunca antes mío, y sin embargo aquí y ahora, y como desde un lugar ignoto siempre nuestro, pertenecido sin nosotros saberlo siquiera, como toda la música en los oídos.

Disculpa si no sé explicarme. Lo haré entonces con silencio, con pensamientos, con miradas. Todo lo que me ocurre a tu lado trata de nombrarse, mas no sé nombrar lo imposible aunque suceda. Estar contigo es robarle horas a la muerte, comprender que al final, pase lo que pase, el final era esto y el principio también, porque es verdad y la verdad es un fin y un principio en sí misma que no necesita de motivos. Lejos de toda ley, lejos de toda costumbre, lejos de todo lo repetido, cada verdad es única.

No tengas miedo de perderme, de perdernos, somos completamente libres. Lo habíamos sido siempre, pero quizás no lo sabíamos.

Puedes olvidar todas las palabras que te diga, las que he escrito encima de estas, las que te escriba y en su lugar, escuchar un susurro...

Pues todas significan que te quiero.