miércoles, 23 de marzo de 2011

La condición


A B.
No te pareces a nada ni a nadie, sino a lo que siempre había pensado que existía en algún lugar para mí, sino a la persona que había estado esperando desde hace muchísimas tardes y noches y pensamientos a solas, años enteros de silencio conmigo mismo, horas impronunciadas y secretas. Miento, no eres lo que había pensado que existía en algún lugar para mí, sino que eres en ti misma la justificación de todo lo que soy, que fueras para mí o no poco importa, lo mismo que la luz dibuja todo en nuestros ojos, así tu nombre ilumina por entero mi existencia. Yo sí era para ti, como yo soy sólo yo para unas pocas cosas, quizás para mirar y llenar de silencio las cosas, quizás y más que quizás para escribirlas luego.
Ha empezado a llover y en los cristales de las ventanas del salón golpean las gotas de lluvia, y me recuerdan a ti, me recuerdan a conducir bajo la lluvia por la carretera que unió involuntaria y milagrosamente nuestras vidas, a quedarnos a hablar a solas muy de noche, tan de noche que casi se hace de día, mientras parecía acabarse el mundo ahí fuera, el mundo siempre fuera de nosotros y nosotros, sin embargo, tan dentro de él, como cuando te abrazo, cuando te abrazo me pertenece el mundo. Y sólo llueve, y la lluvia te trae a mí. Y sólo luce el sol por las mañanas, y el sol te trae a mí. Y sólo anochece y me devuelve todo a ti, la oscuridad, la quietud. Qué sencillo parece reconocerte en cada cosa, ¿verdad?
Nada podrá separarme de ti, porque en mí, dentro de mí, vas toda tú. La que fuiste, la que eres ahora, la que serás después. Si el futuro es una sola posibilidad, tan solo una entre millones de ellas, que me conduzca a ti merece la pena esperar a vivirlo.
No son sólo palabras, es un alma la que se dice a través de ellas, la que quiere ofrecerse ante ti con toda la pureza y dignidad de la que es capaz, tan sólo porque eres tú. Esa es y era la condición, que fueses tú, que me lo hicieras saber.
Y me lo has hecho saber, no te pareces a nada, ni a nadie.

viernes, 18 de marzo de 2011

Asimilar la felicidad es difícil



Si supieras cómo me haces sentir, si por un momento pudieras ser absolutamente consciente, como lo soy yo, de mis pensamientos y la forma de sus recuerdos con los que te dibujo, te pronuncio y te escribo invisible en el aire con la mirada constantemente en mi interior, podrías comprender, o al menos aceptar sin dejar ningún espacio a la duda lo que te quiero, o lo que es lo mismo, lo poco que te pareces a nada y a nadie si se mira desde mí, si trato de mirarte desde mí. Lo extraño, e incluso lo que no deja de sorprenderme, es la naturalidad con la que me aboco a ti, es como si nunca hubiera sido de otra forma. Tanto que estoy comenzando a tener pensamientos extraños del tipo "menos mal". Menos mal que soy un ser humano, menos mal que soy un hombre, menos mal que nací cuando nací, menos mal que naciste, menos mal que nuestros destinos se cruzaron...
Supongo que el secreto de toda la felicidad consiste en aceptar nuestro pasado como el camino que nos ha traído hasta el presente, y que sea este presente algo que no cambiaríamos por nada, no porque sea más o menos dichoso, sino porque es el nuestro, porque nos pertenece indisolublemente, porque sin una de todas las partes no sabríamos apreciar el valor lo que nos acontece, en mi caso, porque me ha llevado hasta ti y la realidad se ha tornado el más dulce e increíble de los sueños, mi realidad es mi deseo.
Es difícil de asimilar saber que estoy viviendo los días más felices de mi vida, y que ellos huyen como la vida huye cada día de nosotros, y brillan y me cobijan lentamente como el calor de estos primeros soles en la brisa de las tardes de marzo. Nunca me había sentido tan atado a la vida, tan al límite de mis sentidos.
No me importa cuanto dure, dentro de mí no acabarán jamás estos días, no hay magnitud para contener o medir este tipo de tiempo. ¿Sabes cuánto dura la palabra siempre?

Yo te había estado esperando siempre.

Sólo a ti.
Sólo a nosotros.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Las ciudades del alma



Trataré de explicarme.

Hay muy pocas personas a lo largo de la vida con las que se puede hablar a altos niveles de intimidad, y con ello no me refiero a la confesión, para eso es válido cualquier interlocutor -desde nuestro propio silencio a una persona que acabamos de conocer-, sino a la ausencia de límites emocionales parecida a la que se establece dentro del espacio que evoca una canción, la música nos hace sentir con ella a través de nosotros, y se dice con nosotros, la gente suele adscribirse a gustos musicales precisamente por ello, porque las canciones evocan espacios, refugios o formas de afrontar la vida de una manera u otra. Esas conversaciones a las que me refiero son pocas a lo largo de los años, pero marcan el devenir de muchas cosas, pues el mero hecho de verbalizar lo que nos ocurre permite cristalizar un estado temporal de nuestras almas, como si al dejarlo fuera de nosotros pudiéramos destruirlo y darle una nueva forma al tiempo, como el que puso nombre a una ciudad por primera vez y con ello dio cobijo a un espacio, así a través de esas conversaciones damos nombre a las ciudades de nuestra alma, a los diferentes estados que ha ido sufriendo a lo largo del tiempo, pueden tener para nosotros nombre de persona, de lugar o de tiempo, de título de un libro, de un disco, de una película, de olor de colonia o de forma de zapatillas desgastadas. No hace falta leer a Proust para darse cuenta, aunque por supuesto, él lo explicó mejor que nadie, y eso ya merece eternidad y respeto, o el respeto que la eternidad trae consigo.
Acaban por abandonarse, las épocas de cada uno (y sus cadaunadas que diría el otro), o lo que he decidido llamar ciudades del alma. Lo que realmente tiene valor, al menos para mí, es la capacidad de sentarse con alguien a hablar y tomar una decisión con nosotros mismos y llevarla a cabo, y ver qué es lo que ocurre y no perder la curiosidad de saber qué es lo que vendrá luego, porque es lo que quisimos un día. Los recuerdos filtrarán siempre lo mejor de nuestra vida, hasta en los peores momentos, recordaremos sólo aquello que nos gustó mucho, a lo que nuestros sentidos dieron un valor más real.
Supongo que cada edad tiene sus ventajas, para los niños pasa el tiempo más despacio, para los adolescentes todo ocurre por primera y última vez, a los adultos parece que dejan de ocurrirles cosas aunque vivan (vivamos, creo que es la primera vez que me considero adulto en toda mi vida) inmersos en una vorágine de incertidumbre, y las personas mayores sabrán mejor que nadie lo que es un error y lo difícil que es acertar, sabrán mejor qué es lo que realmente vale la pena, o quizás solo hable de lo que intuyo y de lo que he vivido hasta ahora, como siempre.

Lo siento si suenan a tópico, lo siento hasta conmigo mismo pero quizás no quiero borrar estos pensamientos, decía o quería decir, que hay imágenes que resumen el transcurrir de la vida de una manera extrañamente exacta como la bajada de un río hacia el mar, la huida, o una sucesión infinita de amaneceres y anocheceres desiguales.

Hay veces que no pasa nada durante años, y años que ocurren en unos pocos segundos.
Y últimamente creo que estoy dentro de esos pocos segundos que ceban todo de sentido.


sábado, 12 de marzo de 2011

El mar y nada más



"El mar y nada más"

Luis Cernuda


A un enamorado

Una palabra encierra todo,

un cuerpo y una voz, una mirada,

un presente infinito como el cielo,

una inmensa presencia como el mar.

Abrir el pensamiento como un libro

en el que sólo están escritos vuestros nombres,

el contorno o el trazo de la vida que evocan.

Latir con un motivo,

tener o ser una razón

que permita habitaros

en esta tierra y este tiempo,

y os haga vuestros.


Y sin embargo lo destruyes todo

como fuego,

ardes buscando la ceniza, desapareces,

buscas reconocerte en la ceniza

que formas con tu propio olvido,

como si al destruiros de antemano

os contuviera el tiempo para siempre.



Sólo por lo que encierra una palabra,

todo puede encerrarlo una palabra

única, la única

que al fin y al cabo te pronuncia.

Una palabra, un sol, un astro luminoso ante el que no hay nada si no claridad,

verdad que ocupa todo,

como la luz ocupa todo,

como ella en ti lo ocupa todo,

presencia inagotable,

río, amor,

absoluta unidad concatenada

su luz, su imagen, su mirada.


Amor y nada más que amor, repites,

te copias como un reflejo

con el alma incendiada de flores o de sangre,

-para ti son lo mismo-

con el cuerpo buscando sus brazos, sólo los suyos,

esos en los que ya no hay nada más porque son fin.

Y amar es conocer el fin de todo.


miércoles, 9 de marzo de 2011

El desagüe y la huida



No sé muy bien sobre qué, ni cómo, pero vengo aquí a dejar una parte de mí, o al menos, algunos pensamientos que no quería dejar marchar hoy, el día de hoy (hoy es siempre), por el desagüe. El desagüe es un concepto muy importante dentro de mí, como idea o abstracción mental, por el desagüe se van todos los pensamientos que tengo a lo largo del día y que no acabo nunca por traer a este lado de la vida, como si en el silencio donde surgen y habitan estuvieran en un estado previo a la vida o posterior a ella, pensamientos que los científicos esdrujularían con adjetivos como prebiótico, la sombra de la casa me oscurece las páginas que diría Biedma. El desagüe, un montón de horas de las que ya no hay recuerdo, sensaciones pretéritas, sentimientos olvidados de las que no queda nada, como la tierra seca en una maceta vieja, y menos que ha de quedar, que diría yo, así con chascarrillo o chasgutiérrezmellado. El desagüe o nosotros, lo mismo da.

Podemos ser personas diferentes a lo largo del día, de hecho cada vez estoy más seguro que la presencia o ausencia de determinadas personas cerca de nosotros, su recuerdo o la situación que ellas implican muta, en un alto porcentaje, nuestra personalidad, entendiendo por personalidad cómo nos sentimos y con qué intenciones actuamos en consecuencia, y la información que ellas pretenden transmitir desde nosotros. He dicho muta, porque es un cambio del que ni nosotros mismos parecemos ser parte voluntaria. Sé que hay mucha gente que se agarraría corriendo las almas, son capaces de agarrarse las almas -creedme- apartándolas de sí como una camisa con uno de esos gestos de reconocimiento de identidad personal, diciendo que ellos son ellos mismos siempre sin importar quién esté, que no cambian. Huye de esa gente mientras puedas, la huida es un concepto tan importante como el desagüe. Huye de los que estén seguros de todo, y mucho más de sí mismos.

Yo huyo por hoy, por el desagüe...


sábado, 5 de marzo de 2011

Fantasía (todos los te quiero)



Todos los te quiero se dicen en presente.

Se suele decir que la incertidumbre es el signo de nuestros tiempos, y es cierto y es difícil vivir de la forma en la que lo hacemos ahora, en la que todo es volátil, mutable, prescindible, masificado, igual y al mismo tiempo enardecido por la individualidad. Desde la intimidad inconfesable a la vida que los otros conocen de nosotros, desde los que somos a los que parecemos ser.
A veces recuerdo unas palabras que leí de Kafka en las que decía que absolutamente todo era fantasía "Alles ist Fantasie". La frase encierra un misterio sincero, hermoso y terrible, nos explicamos la vida a base de suposiciones que nuestro pensamiento hace posibles. Según esas palabras, en su sentido más descarnado, hasta los afectos más profundos pudieron ser otros, pudimos tener otra familia, otra infancia, otros amigos, otra adolescencia, otra ciudad o lugar en el que vivir. Kafka acababa por decir que lo único que existía era un muro, un muro contra el que te estrellabas inevitablemente para sentir la realidad del dolor que te provocaba, ni siquiera un dolor en sí mismo, sino el que sentía cada uno, como si lo verdaderamente real y para lo que estamos creados fuera el desgarro, la dislocación, la capacidad de almacenar la destrucción contra nosotros mismos, el muro o la muerte, lo mismo da, están ahí queramos o no, impertérritos e inexorables. Sabemos de antemano que vamos a perderlo todo algún día, no es una moda barroca o romántica, los cementerios siguen llenándose de cuerpos a diario y más tarde o más temprano, nuestro nombre será inscrito en un registro destinado a tales efectos.
¿Qué nos queda? ¿Qué es verdaderamente real?
A nosotros nada, a los demás su fantasía. Queda sobre todo lo que hagamos con nuestra vida, queda lo que dejemos hecho y lo que dejemos en los demás, en las elucubraciones de su fantasía, un gesto que nos definirá invisibles para siempre, una frase, unos pocos libros, unos vasos bien vacíos, carcajadas, conversaciones, la ocre luz de la tarde atravesando las cortinas de una habitación tocando una espalda, una luna estival e infantil.
Y así, que es lo que venía a decir hoy, y con toda la fantasía de la que soy capaz, para no olvidarte le he puesto tu nombre al azul del cielo, a las calles el sonido y la forma de tus pasos, a las horas que pasan la mágica cadencia y el compás de tus latidos y a mis pensamientos, a mis pensamientos la imagen sonora de tu voz.

Todos los te quiero se dicen en presente.