sábado, 28 de mayo de 2011

Battle Axe



Como siempre para siempre

No me creo vuestro mundo,
aunque me hagáis participar de él.
Amo más la oscuridad que rodea a la noche que cualquiera de vuestras conversaciones,
prefiero mirar las estrellas o recordar el mar,
mientras tratáis de cercarlas con fronteras y nombres.
Me hacéis poseedor de una verdad tan grande
que ni la mejor de vuestras películas
o vuestros anuncios de televisión serán capaz jamás de reflejar,
no hay crema, medicamento o burocracia que se le aproxime.
No soy mi D.N.I, jamás lo seré,
ni siquiera me reconozco en mi nombre,
mucho menos en los vuestros y vuestros símbolos.
Tengo más en común con una flor de arcén de carretera
o la canción de un hombre que jamás conoceré y en el sentimiento que la precedía,
que con vuestra idea de felicidad,
me identifican más las nubes
que vuestros carnets.

Ningún objeto que posea me definirá jamás,
no adoptaré ninguna de vuestras jergas sin antes disimular,
sin que me hagáis ensayar el papel de aquello que sois.
Esa es vuestra educación,
un absoluto disimulo que se ahoga en la aceptación o no del resto.

Yo sé para lo que vine al mundo,
es más de lo que vosotros podéis desear en un millón de vuestras patéticas vidas materiales.
Os reconoceréis en este poema,
él sólo os llamará vosotros
no encontrará ni un átomo de belleza en vuestro interior,
donde pensar y sentir está prohibido o predeterminado,
y en el que amar depende de parámetros,
él no pretende convenceros de nada,
antes de que desaparezcáis para siempre como siempre.

Como siempre para siempre.

viernes, 27 de mayo de 2011

Quietud




Sentado contra una puerta o a los pies de una escalera de las que bajan calle, buscaba durante horas en su propio silencio una respuesta, sin más pregunta que la incertidumbre, o ni siquiera eso, sin más pregunta que el haberse quedado sin preguntas, como esos relojes viejos y sin pilas en el fondo de un cajón.
Ellas, las horas, pasaban a su alrededor invisibles y presentes como los pensamientos, atravesando el lugar donde habitan dentro de sí mismo los sueños y los recuerdos, a él le gustaba huir hacia esa quietud en la que no ocurría nada. Era la vida de alguien que acababa por no pertenecerle, unos pocos momentos a lo largo de la semana que le unían a la realidad. Mientras estaba quieto soportaba cualquier tipo de tristeza que generaba su pensamiento, como incapaz de disimular por más tiempo su vida. Por ejemplo, nadie se daba cuenta de que los días de la semana eran mentiras, no existía ni el lunes, ni el martes, ni el miércoles, ni el jueves, ni el viernes, ni el sábado, ni el domingo. Se hacían existir, alguien mintió una vez y resultó bastante útil. Hacíamos existir todo.
¿Qué existía aparte del amor? ¿Existía lo que sentía? ¿Existían de veras las palabras? Los trazos en un papel, lo que pronunciamos, lo que evocaban sus pensamientos...

Observaba la vida con un tamiz póstumo, sin entusiasmo, del que solo era capaz tan a solas que ya no esperaba la comprensión de nadie, ni siquiera la suya misma.

Sólo anhelaba esa quietud.


jueves, 19 de mayo de 2011

¿Qué te pasa?



Yo iba en el coche pensando en que mis días se resumen en ir a dar clase, regresar a casa, escribir un trabajo interminable en alemán, volver a marcharme a dar clases particulares para pagar la gasolina y en lo increíble que se veía el cielo de Madrid nublado recortando los edificios. En el semáforo del puente de Ventas había atasco como de costumbre, cuando suelo pasar por allí hay una niña con una sonrisa preciosa, como hecha de luz, junto a unas mujeres gitanas rumanas que te limpian las lunas del coche sin que se lo pidas para que les des dinero, hoy no estaban y la sonrisa de la niña tampoco, pero una cosa me ha hecho llorar.
Un hombre enjuto, no muy alto, aparentemente bien peinado, con una chaqueta raída aunque digna se acercaba caminando a los coches despacio diciendo "Buenas tardes", asintiendo con la cabeza, pidiendo dinero con un vaso de papel entre las hileras de coches. No me ha hecho llorar su pobreza, ni la dignidad con la que agachaba la cabeza al saludarnos. Lo que me ha hecho llorar es darme cuenta de que nunca jamás podré estar con mi abuelo, tan sólo en mis recuerdos o en mis sueños. Se le parecía mucho, no en la cara, ni en el gesto, sino en la forma de andar, en la silueta, en la parsimoniosa y agradable lentitud de ceremonia que lo rodeaba.
Hay algo dentro de nosotros, algo importante e infantil que no muere. Una persona, una voz o un gesto que define nuestra vida. La verdad de algo que se nombra solo en la sangre, dentro de nosotros, porque fue y es parte de nosotros mientras estemos vivos.

Sólo sé decir estas cosas en silencio y a solas, con una hoja delante.

"Estás triste, ¿qué te pasa?" Me ha preguntado hora y media después la mujer que amo, cuando he vuelto a acordarme. Y no he podido responder, creo que he dicho alguna excusa de la que ya ni me acuerdo.

Me pasaba que lloraba dentro de mí, después de mucho tiempo.

sábado, 14 de mayo de 2011

Siempre el silencio



Para ti es todo silencio, sin embargo en tus pensamientos son todo imágenes y palabras, y parece que nunca caminas la realidad, sino la imagen a la que te perteneces, como si en todo aquello de lo que fuiste un día quedase una parte de ti, un rastro de consciencia propio e indisoluble. Silencio, repites, un silencio visible como el de un libro sobre una mesa. Nadie más lo conoce.
Una pareja de jóvenes sentada sobre la hierba junto a un árbol de parque, la sucia ciudad mojada de lluvia, conversaciones de coches aparcados en doble fila, la luna a lo lejos sobre todo, las luces apagadas de las casas, el tranquilo pitido del camión nocturno que recoge las basuras.
Siempre el silencio y siempre las imágenes. Un ticket de autobús de aquellas tardes, una horquilla de pelo debajo del asiento del copiloto, una entrada de cine desgastada (¿no es a veces eso tu alma?), niños con bolsas de chucherías por las calles, el sol entrando por las rendijas de la persiana de tu habitación, una espalda de mujer desnuda, una voz diciéndote al oído que te quiere, la puerta con rejas de un portal, una mujer que pasea a un perro, una fuente de la que no sale agua, compañeras que fuman en un descanso de trabajo, carretera y oscuridad, alguien detrás de la barra de un bar.
Tú siempre estás al otro lado, no sé qué no tratas de olvidar ni por qué. Te da pena ver un teclado viejo de ordenador, te da pena ver los coches con parejas que no se hablan, las prostitutas a las afueras de la ciudad vestían esta noche de blanco para que se las viera porque estaba lloviendo, iban abrigadas, algunas compartían paraguas. Hay veinte millones de euros para construir un puente, esas mujeres siguen ahí, los coches seguirán parando, lascivos, tristes e inhumanos.
El blanco de la página, el negro de las letras, las imágenes. El pomo corredero de una cerradura Azbe, una maceta en un balcón, el olor a limpio de un suelo recién fregado, sonido de correr de muebles, una manguera amarilla y larga, el agua fresca sobre la tierra ardiente, las ruedas de un coche que llega, una pared blanca que se desconcha. ¿No está entre aquellas paredes y aquel cielo tu vida? Aquel era tu sitio, el sitio donde aprendiste que el silencio es lo más importante porque te devuelve la realidad en su forma más pura, el canto sonámbulo de un mochuelo, una vespino que se pierde en la lejanía.

No, no quieres olvidar.

sábado, 7 de mayo de 2011

Por suerte



Por suerte
nací después de 1945 para leer El Principito,
realmente es el único motivo para haber nacido tan tarde,
cuando muera quiero que alguien ponga un ejemplar en mi tumba,
por si, como decía Dostoyevski del Quijote,
hay que justificar la vida humana ante Dios.
Aunque tengo algunos otros motivos importantes,
no muchos más, pero motivos al fin y al cabo.
Nací en 1984, algo más tarde,
para escuchar Tonight Tonight de los Smashing Pumpkins con algo más de doce años
y pensar que algún día estaría escribiendo este poema mucho después,
aunque no supiera cómo, sabría que lo escribiría hoy catorce años más tarde,
un sábado sobre la luz del crepúsculo antes de ver a la mujer que amo,
a ella ya la amaba entonces en mis pensamientos,
como aman los niños, con la absoluta creencia de que lo que creen es real,
porque algunos de mi generación crecimos escuchando guitarras eléctricas
y voces que gritaban belleza y escribían bien,
y pensábamos que siempre había sido así,
ahora sabemos que no,
todo se acabó cuando Jeff Buckley se dejó llevar río abajo
tarareando "What will you say?".
Steven Wilson había nacido en 1969,
Richard Ascroft en 1971
mi hermano Alex en el 77,
otro motivo para nacer algo más tarde,
poder escuchar sus canciones,
en ellas flota mi alma cernudianamente:
"como un leño perdido que el mar anega o levanta".
Cernuda que murió en México, tan lejos de España, a la que nunca dejó de amar,
él dejó escritos algunos de los mejores poemas sobre la faz de la tierra,
es también un buen motivo para nacer en 1984,
la Realidad y el Deseo ya estaba editado.
Y Bukowski ya había escrito casi todas su novelas,
Henry Chinaski por las alamedas que diría Pepe Hierro de Peter Pan desde la cárcel,
y Chéjov ya había dado al mundo sus cuentos y sus dramas de gente pequeña y grandes problemas,
y César Vallejo ya había pasado por el mundo,
César Vallejo estuvo vivo,
si no lo has hecho nunca,
lee a César Vallejo.
Si no lo comprendes no estás preparado, que diría Hank.
Todos ellos justifican nacer y pertenecer a la especie a la que pertenezco,
aunque haya millones de personas a las que no soy capaz de soportar y entender
cuyos pensamientos, si existen, son más huecos que los de cualquier insecto o bacteria,
justifican la muerte con sellos y banderas a las que adjetivan oficiales
sobre los tanques y los misiles,
los financiamos nosotros,
escriben leyes en lugar de poemas,
son gente seria.
No han entendido nada y nosotros tampoco.
Pero está bien, está bien...
No he venido a odiar a nadie al mundo,
y en este poema tampoco.
He venido a amar lo que amo,
aunque no sepa ni por qué lo amo,
como quiero a mi hermana por ser quien es y por hacer lo que hace y nada más.
Ese nada más es muy importante.
Llenan mi vida de cosas hermosas y horas que merecen la pena,
porque te hacen sentir y pensar.
Amo a toda esa gente, a sus palabras, a su música, a su absoluta inocencia y grandeza.
Por suerte,
me he tomado un café tan cargado que sólo podía decir la verdad,
mientras escuchaba Trains de Porcupine Tree de fondo.
¿Qué más quieres? Me pregunto.
¿Qué más quieres de la vida que esa sola canción penetrando tu oído y tu alma?
Está bien.
Estamos al otro lado, break on through,
break on throug yeah!
Jim Morrison y César Vallejo
comparten cementerio con Heine en París.
Está bien.
No os olvidéis del Principito.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Voces amigas e invisibles



Cada vez me cuesta más encontrar las palabras o el instante de las palabras, no porque no acudan a mí, sino porque me faltan horas al cabo del día para hacer todo lo que quiero hacer y por cansancio termino renunciando a lo esencial, a una de las pocas cosas que me importan de la vida que es sentarme a escribir, aunque siempre estoy pensando en escribir, a mirar fuera de mí lo que había dentro. En una biografía de Chéjov leí que a él le pasaba algo parecido, que veía una nube con forma de piano y pensaba cómo incluirla en un cuento, que veía un cenicero lleno de colillas a una determinada distancia de la mano de alguien y pensaba en el sentimiento que le provocaba esa imagen, para luego dejarlo por escrito en tal o cual escena. Bukowski decía que su vida era un 10% de escritura y un 90 % de esperar a escribir. No es que los entienda, o que me sienta identificado con ellos, es que yo de alguna forma soy así antes de haberlos leído siquiera y los comprendo. Nunca ha sido de otra forma. Lo único que calma tanta sed de escritura y falta de tiempo es la lectura a deshoras, nocturna y casi obscena con mi descanso. Sé o tengo la certeza que el resto de cosas que hago en la vida son absolutamente prescindibles en el mundo, con ello quiero decir que las podría hacer cualquier otro, que se pueden adscribir a un formulario, a una valoración, a un salario. Pero leer, escribir e imaginar: no, es otra vida dentro de la vida. Es la única vida que me importa realmente.
He empezado a leer hace días "Trópico de Capricornio" de Henry Miller y me está resultando increíblemente cercano, por la forma de ser y de decir y de enfrentarse a la escritura y a la asquerosa e inigualablemente sensible realidad humana, es tremendo y demoledor y al mismo tiempo rebosa ternura. Además hace poco he recibido un hermosísimo regalo llamado "Lo bello y lo triste" de Kawabata, libro que estoy paladeando despacio, como me pide el autor que lo lea desde su extraño y lejano silencio. Kawabata se suicidó y nadie sabe por qué, aunque me parece haberlo comprendido a las pocas páginas. Destila soledad, busca la soledad, encontró su propia compañía en la escritura, en decirse lo que veía hasta que seguramente no pudo más que ver lo mismo y se agotó, o quiso sentir lo que era morir voluntariamente, como acto supremo de soledad.

Siempre me ha gustado leer varios libros a la vez, la diferencia de velocidades y de miradas. Es como quedar con varios amigos la misma noche y tener un rato a solas con cada uno.

Al final, al final de todo y de tanto, es como si solo me comprendiera a través de lo que leo que me dicen esas voces amigas e invisibles. Como si la absoluta honestidad cupiera solo de esa forma en el mundo, al menos, de esa forma en la que hay otras vidas en la vida y amistades -invisibles- tan grandes que merece la pena vivir.

Aunque el mejor libro y las mejores páginas de mi vida han estado siempre ocultas en los ojos de la persona que amo, como si en ellos las palabras, silenciosas e invisibles, fuesen solo la verdad que designan.

domingo, 1 de mayo de 2011

Ser presencia de amor


A mi madre.

"Si no amo, estoy muerto"
San Juan de la Cruz

Ser presencia de amor

Tú me quisiste, madre, y me has querido
antes de yo nacer tú me existías,
me hablabas, me esperabas, me decías
aunque todo nos diera por perdido.

¿Oyes mi corazón? Cada latido
es un eco de amor, todos los días
repite nuestro nombre. ¿Tú sabías
lo que yo con el tiempo he comprendido?

Si el amor es el único motivo
que le otorga un sentido a la existencia,
la vida es algo que empecé contigo.

Entonces soy amor porque estoy vivo
porque a través de ti soy la presencia
de lo que amaste y va siempre conmigo.