martes, 7 de junio de 2011

Henry Miller


"Soy un hombre libre... Y necesito mi libertad. Necesito estar solo. Necesito meditar sobre mi vergüenza y mi desesperación en soledad; necesito el sol y los adoquines de las calles sin compañía, sin conversación, cara a cara conmigo mismo, con la compañía exclusiva de la música de mi corazón"

Henry Miller


No sé cómo ha llegado hasta a mí, creo que Bukowski lo mencionaba en alguna de sus novelas, el caso es que por casualidad abrí las páginas de Trópico de Cáncer hace unos días, ante una de las estanterías cercanas a mi cuarto que solo mi madre sabe mantener desordenadas a lo largo del tiempo y sobre la que se acumulan el polvo, algunas fotos familiares y libros que ya no sabe dónde poner. Desde aquel momento no he dejado de leer ni una sola noche alguna página o fragmento de ese libro, por muy agobiado de tiempo que estuviera o por muy mentalmente cansado que me encontrase.
Ha roto algo dentro de mí ese libro, en una destrucción creativa y hermosa de cualquier atisbo de pose vital. Valoro muchísimo más lo que tengo a mi alrededor, la manera con la que me enfrento a mi propia vida, mi forma de amar, mis limitaciones, mi manera de sentir alejada de todo y de todos, mis problemas. Lo propiamente propio. Siempre hay dos opciones la de todos y la tuya misma, la que hace que te diluyas y la que te convierte en una piedra sobre la que esculpir a golpes una verdad, la verdad de tu propia vida, aunque sea a base de completos desastres sobre los que ir sobreponiéndose.
Henry Miller es un susurro al oído del alma humana, una servilleta doblada y sucia a los pies de una papelera de estación en la que está escrita una de las formas de la absoluta sinceridad. Al menos hay alguien que ha dicho la verdad una vez, sin cortapisas, sin más limitación que la propia expresividad de las palabras.
Literatura de verdad, como una inmensa nube de tormenta sobre la ciudad, como el silencio que rodea a los cementerios, como el traqueteo incesante y escandaloso de un tren de mercancías desde el andén.
¡Estaba en la estantería!
(Como tantas otras cosas en la vida, a solo un palmo, a solo una decisión espontánea de distancia).