martes, 2 de agosto de 2011

Noche de amor oscura (escenas 1 y 2)


En Octubre de este año se realizará un homenaje a Federico García Lorca en el teatro homónimo de la ciudad madrileña de Getafe, será el día 12 -ya lo recordaré cuando llegue el momento- y he tenido el privilegio de colaborar con el grupo de teatro que lo va a organizar, el Grupo Versus, con un texto original e inédito sobre la figura del poeta granadino, bajo la batuta de Elpidio, el director del grupo teatral.

Se trata de un personaje-idea que busca la tumba de Lorca. La propuesta me llevó a investigar un poco más sobre la vida del autor, y allí me encontré con la figura de Serafín Ferro, actor de la época, personaje atrayente, atractivo y enigmático, amante de Lorca, Cernuda y Vicente Aleixandre (casi nada...). En él y en su relación con Lorca y el impacto del asesinato que pudo haber dejado en él he basado el texto.



Las cinco escenas de las que consta las escribí allá por el mes de enero y las he recorregido y sintetizado hace pocos días, pues se trata de un monólogo breve dentro de la antología que piensan llevar a cabo. Algo así como un tipo de entremés entre pasaje y pasaje de las obras escogidas de Lorca para el homenaje.

(Para más información sobre la relación que tenían todos estos grandísimos poetas de la generación del 27, os recomiendo el siguiente enlace: http://www.laopinioncoruna.es/estaticos/domingo/20071209/domingo.html).

Aquí os dejo las dos primeras escenas, a lo largo de las próximas semanas iré colgando las tres restantes.
Noche de amor oscura
(Cinco escenas de un amante perdido)
"Llena, pues, de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena noche
del alma para siempre oscura."

El poeta pide a su amor que le escriba.
Sonetos del amor oscuro

Federico García Lorca


Escena primera

La ofrenda

(Un hombre ataviado con un traje blanco, ramo de flores en mano, camina despacio, pensativo, enamorado, dolidamente enamorado. De vez en cuando huele el ramo de flores y sonríe mirando la lejanía, como si supiera algo que nadie sabe...)

SERAFÍN- Estas flores no tienen miedo. Ellas son valientes y hermosas. Solo los hombres somos cobardes y crueles, o niños que temiendo la oscuridad siguen sin estar preparados para la luz. Tú eras la luz, Federico. Todo lo iluminabas con tu imaginación, con tu
alegría…

Me han dicho que has muerto, pero mienten. No puede morir quien vive en el amor de los que lo recuerdan. Pueden haber matado tu cuerpo, haber callado el timbre de tu voz de hombre mortal, pero jamás podrán apagar el fuego ni el brillo de tus palabras.

La verdad y el amor están hechos de una materia indestructible.

¿Dónde estará tu cuerpo? Tu cuerpo que era el mar en el que yo hundía mis penas. Mi refugio. Tu cuerpo hecho de silencio como la luz de las estrellas. ¿Dónde llevar estas flores? ¿Y qué palabras decir con las que abrazar tu ausencia, como tú me enseñaste? Sólo dos cosas son dignas ante la muerte, las flores y las palabras, la poesía.

(Dejando las flores en el suelo con respeto saca un papel y lee).

En la hora oscura

Reharé tu imagen en la hora oscura,
a solas, con lunar delicadeza.
Nocturnamente en mí, pieza por pieza,
mi corazón será su arquitectura.

Si el recuerdo supone la fractura
y es el final donde tu ausencia empieza,
huiré de mi memoria y mi tristeza
hasta alcanzar en mí tu esencia pura.

Y así pudiendo estar cerca de nuevo
de quien hizo posible mi mirada,
devolverle a mi vida su sentido.

Y así sacar de dentro cuanto llevo
aunque hacerlo no sirva para nada,
recuperarte habiéndote perdido.

(Recogiendo el ramo, abandona el lugar)

Escena segunda

Recuerdos

(El mismo hombre, aparece en escena con el ramo en la mano derecha, como si anduviera cogido de la mano de su primer amor, evocándolo, habla como si en realidad estuviera presente).

SERAFÍN- ¿Cuántas veces anduve por las noches a tu lado, tomando tu mano sin que nos viese nadie, abandonados de todo como dioses olvidados, igual que camino bajo esta noche? Siempre me parecía la primera y siempre la sentía en mí como si fuera a ser la última. Granada, Madrid, Toledo, Cuenca, La Coruña...
Las riberas de los ríos, las orillas del mar, tu risa envolviendo la oscuridad, mi alma flotando en el fondo de tu mirada. ¿Recuerdas nuestro primer beso, el frío de tus manos sobre mi cuello, tus manos hechas de otoño, mi espalda de estío, como decías tú? ¿Te acuerdas de todas esas conversaciones insomnes que terminaban en un duelo de agujas de hiel?
La vida era para ti una hondonada, una tragedia silenciosa que rompías con tus manos al piano, con libros, con recuerdos, pocos lo sabían. Nadie como tú inundaba los lugares de alegría y nadie como tú era capaz al mismo tiempo de sentirse tan solo.
¿Sabes? Nadie podrá arrebatarme nunca tu recuerdo, te acoge mi sangre como a los marineros el océano, te acoge mi pecho como la luna abraza al cielo.