jueves, 29 de septiembre de 2011

Daphne descends



Esta canción, Daphne descends de los Smashing Pumpkins, vuelve a mí con el paso de los años cada vez con más fuerza y significado. Creo que en todo lo que rodea al disco de Adore se encuentra una parte de mí que voy revelando poco a poco, por lo que significó para mí en su momento, 1998, el absoluto descubrimiento del placer estético, de la oscuridad musical, fue como si mi cuerpo y mi alma se hubieran reconocido con la escucha de este disco, algo enormemente convulso. No he vuelto a encontrar un sonido parecido como el que tiene ese disco, hecho con poco, a veces se entrevé el silencio, y al mismo tiempo una mole de materia sonora lo acolcha.

Es extraño que una canción se haga más y más grande a lo largo del tiempo en nuestro interior, hasta conformar un éxtasis espacio-temporal, un lugar en el que habitar el alma, algo con que protegerla, un inmenso escudo de belleza en el que resguardarse del mundo o con el que salir a por él, en cualquier caso protección.

Esta es mi canción, pocos lo saben.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Padre de vida (Cuento para "Un poco de ti")



He escrito esta historia después de que Liana Castello, directora de Encuentos.com, me propusiera colaborar con la campaña "Un poco de ti" para el sitio: http://artistasunidoscontraleucemia.blogspot.com/ Os invito a colaborar y a publicitar la web allá dónde consideréis oportuno.

Aquí os la dejo para que os abrigue al principio del otoño.



Padre de vida



          A veces sólo le quedaba conducir de madrugada por la ciudad, a solas, con la única compañía anónima de los taxis, los autobuses y los servicios de limpieza; y con el silencioso recuerdo de la una vez mujer amada, su silueta en el asiento del copiloto, su sonrisa invisible en el perfil del aire, su voz contra el salpicadero, cuando el resto de las personas que lo conocían pensaban de él que estaría durmiendo, para consolarse. Aún recordaba a diario el veredicto de las pruebas médicas, la sensación que había precedido a su lectura, el segundo que cambió todo. Jamás podría tener hijos, nunca podría ser padre, nunca sería el padre de nadie. Aquel golpe le hundió como si de un segundo al otro le hubiesen dejado sin brazos, en su fuero interno Félix se sentía un inútil, un desdichado, un maldito, pues nada le hacía y le había hecho más ilusión en la vida que que alguien llevase su sangre, su apellido y fuera la prolongación de su persona, de sus valores, de lo que había aprendido en el mundo, ya no podría tener una familia propia, nada que no fuera postizo o adoptivo, un premio de consolación. Aquellos pensamientos acabaron por destruirle, por matar a la persona feliz que había sido durante tantos años junto a Alba. Todo lo que antes había sido, todo lo que había desprendido su persona, desapareció con la palabra estéril, eje de la espiral de su actual depresión. La alegría, el sentido del humor y la ilusión por las pequeñas cosas se tornaron en desprecio, malhumor y desidia sin límites. Alba lo abandonó, y él con el orgullo de las personas heridas lo achacó todo al problema de su infertilidad, sin embargo, no fue ese el principal motivo, la persona de la que Alba se había enamorado un día ya no existía, Félix ya no era Félix, era una sombra oscura y huraña que se arrastraba por el mundo, de casa al trabajo y de trabajo a casa, mirando con desprecio a quien osara dirigirle la palabra. Al menos eso era lo que creían las personas que lo habían conocido, esa era la conclusión a la que se llegaba en las conversaciones que trataban sobre él, como si el dolor de las personas fuese una magnitud capaz de establecerse con pocos tópicos y en pocos minutos. La verdad era otra.

Félix quería que Alba fuera madre algún día, madre del hombre que ella amase y escogiera, madre del hombre que pudiera ofrecerle descendencia natural, la amaba tanto que no permitía que ella se conformase con él, con los largos procesos de adopción, con la inseminación artificial de otra persona, otro hombre que habría ofrecido su semen por dinero, renunció a su felicidad por la felicidad de Alba, en un acto que él consideraba heroico. Había disimulado aquella persona que no era aferrándose a su dolor, enconándose en él para no regresar jamás a devolver aquella imagen suya de la que ella se había enamorado. Nadie sabía lo que Félix sufría a solas con aquella máscara. Bastaba con aparentar ser otra cosa para que los demás acabaran por creer que él se había convertido en ella. Sólo las calles nocturnas de la ciudad eran testigo de sus más honestas lágrimas al volante de su coche. Algunos transeúntes trasnochados que parecían regresar a sus casas con ese halo de pecado en los cabellos despeinados y las ropas arrugadas se le quedaban mirando, a veces lo señalaban y hablaban de él con la persona de al lado.

-Hay un hombre llorando en ese coche.

Él solía girar la cara en dirección contraria a los rostros de aquellas palabras. A veces sólo le quedaba conducir de madrugada por la ciudad. Los semáforos en rojo, los semáforos en ámbar, los semáforos en verde, la lluvia cayendo sobre el parabrisas, la noche infinita y oscura, los parques con las verjas echadas, las persianas bajadas de las casas, alguna luz perdida encendida en el cuarto, en el quinto, en el octavo piso de los edificios, el humo insomne de un fumador en el balcón de su casa, la luna a lo lejos, su luz pálida, creciente, llena, decreciente, nueva. Alba...

Pensaba a menudo en los donantes, pensaba en las personas que ganaban dinero por entregar su semen en un triste bote de plástico. Aquello era un acto egoísta, aquello significaba ser padre de alguien en la sombra, arrebatarle a otro hombre la posibilidad de ser padre, abocar a las mujeres modernas hartas de estúpidos y egoístas a buscar un sustituto en una jeringuilla. Todos esos hombres sí, yo no, pensaba Félix. Quería ser donante de algo valioso de forma altruista, entregar algo difícil de encontrar, entregar oro de forma gratuita, hacer de su vida un acto de entrega en otra vida, ser padre de alguna forma invisible, anónima y consciente.

A partir de entonces comenzó a donar sangre con regularidad para los hospitales de la ciudad. Aquello, pese a que era un acto de entrega, no terminaba por satisfacer su instinto de paternidad, pues aquella sangre aunque podía servir para salvar la vida de los de su grupo, podría ser utilizada tanto en personas jóvenes como en personas mayores. Un día encontró el valor suficiente para dirigirse a una enfermera en el autobús en el que le hacían las extracciones. Corría el rumor por el barrio de que Félix iba allí para charlar con las jóvenes enfermeras y lo de la donación era una mera excusa, corría el rumor y ninguno de los que rumoreaban se subía jamás al autobús a dar una sola gota de sangre.

-Disculpa. ¿Puedo preguntarte una cosa?
-Sí dime Félix, ¿te encuentras mal, te has mareado, te aprieta la vía?
-No, no es eso. Es otra cosa que necesito saber, necesito información.
-Dime.
-¿Qué cosa puedo donar, que me permita seguir viviendo con normalidad, y sea algo vital, algo que la otra persona necesite con urgencia?
-Sangre, Félix, vienes a donar sangre todos los meses. ¿Perdiste a algún familiar, no?
-No, no es eso. Perdí mi familia antes de tenerla. No puedo tener hijos... Soy estéril.
-¿Quieres ayudar a los niños?- preguntó la enfermera con una dulce compasión en los ojos.
-Sí, algo así...
-¿Por qué no donas médula ósea para los niños con cáncer? Sólo te ingresan un día, y el único riesgo es la anestesia, una posibilidad entre cincuenta mil de que salga algo mal, el 0,002 %. Te la extraen de la cadera y se regenera con el paso de los días de manera natural. Te inscribes en un registro, y si hay enfermos compatibles con tu médula, lo cual es también bastante complicado, te llaman, te ingresan y al día siguiente puedes estar salvando la vida a un pequeño. De esa manera es muy probable que estés dando una fuente de sangre a un niño. Imagina lo que debe sentir una familia que sabe que recibe un donante, es casi más que ser padre, piénsalo.

Aquella breve conversación cambió de nuevo su vida, se sentía de nuevo completo.Y aunque Félix seguía viviendo con la máscara de dolor puesta, era tan sólo eso, una máscara ante los demás. Debajo de aquella tristeza se escondía toda la felicidad de un padre anónimo, un padre de vida, el consuelo de familias golpeadas con un dolor incluso más cruel que el suyo, el dolor que provoca la indefensión. Era donante de médula ósea, aunque a veces sólo le quedase conducir de madrugada para consolarse.


***

jueves, 22 de septiembre de 2011

Alemania



A Abraham G. 
por alentarme a escribir en esta noche.

Al final
termino siempre en Alemania,
soy los solitarios pasos que alguien escucha
en sus oscuras calles empedradas
sobre los puentes de sus inmensos ríos,
soy arropado bajo su vasta naturaleza y su cielo blanco,
sus catedrales, sus plazas,
lejos de todo cuanto quiero, cerca de cuanto necesito,
un hogar, un trabajo, libertad, 
y el idioma alemán, mi más amado idioma,
se tiende ante mí entre las personas, los carteles, las cosas, los libros, 
como si las habitara de belleza, de placer, de inteligencia
de sentido.


Alemania es para mí como ese amigo
que no nos da la razón a la primera, testarudo,
lleno de extrañas costumbres y rarezas,
y sin embargo acogedor precisamente
porque tiene su idiosincrasia,
su siempre igual manera de hacerlo todo
y una infinita fidelidad a quien lo ama.


Al final
termino siempre en Alemania,
me acuerdo al escribir esto
de que las últimas palabras de Chéjov fueron
"ich sterbe"
 de que Bukowski era de Andernach,
de que Dostoievski también anduvo por aquí
y de Borges estudiando gramática de noche,
recuerdo muchas más cosas,
Erich Kästner volviendo a Dresden,
Celan buscando el silencio,
Novalis encarnando la poesía,
Schiller diciéndole a Goethe que termine el Fausto,
Hölderlin mirando el Neckar desde una torre en Tubingen,
Hoffmann borracho por las calles de Bamberg,
donde ahora vivo.


No sé de dónde me nace
tanta pasión por esta tierra, 
por su increíble cultura e historia
-la más oscura y despreciable
la más tenaz y más honesta-
por esta lengua, por su literatura,
por sus filósofos y por sus poetas 
inmortales,
inmortales en mí.

Quizá yo,
siempre haya sido un alemán antes de nacer,
un alma alemana
y así,
siempre haya sido un alemán español
desde el principio y sin saberlo
(aunque quisiera ser un ruso
porque me siento ruso, literariamente ruso.
Caí algo más allá, en España,
a lo mejor por eso). 

No importa lo que sea, lo que quiera o donde esté,
al final
termino siempre en Alemania.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Antivida y antipoema



Antivida y antipoema

No debo andar muy bien
esta noche he soñado mi suicidio
-el endecasílabo no ha sido a propósito-
dos veces,
en dos sueños consecutivos.
Todo lo que oía mientras estaba muerto
era una canción de Kent, 10 Minuter,
si no sabes quiénes son,
búscalos en Google, en Youtube o en el Spotify,
ya deberías conocerlos, al menos por tu propio bien,
en ocasiones el único lugar al que puedes huir en la vida es una canción de Kent,
tampoco entiendo cómo mi cerebro
es capaz de reproducir con tanta fidelidad las canciones mientras duermo,
una vez soñé o aluciné mientras me despertaba
el "Get born again" de Alice in Chains,
me asusté a los tres minutos,
cuando me di cuenta de que no había música puesta en mi cuarto
y la música desapareció.

Ella en el sueño me era infiel también
-y en estos versos sí ha sido a propósito
la prosodia del mal llamado verso libre,
los tres endecasílabos más dos alejandrinos-
y yo tenía que ir en su supuesto coche
(el "su" es un pronombre posesivo en este caso de tercera persona del plural, de ellos.
Ahora utilizo paréntesis y no guiones, porque aclaro el contenido, no es algo que diga aparte,
me gusta utilizar así los paréntesis,
Dios escribe los paréntesis de nuestras vidas)
en la parte de atrás,
me iban a dejar en algún lugar,
parecía un hotel o un aeropuerto,
y ella me decía "aún sigo enamorada de contigo"
lo decía mal gramaticalmente,
arrepintiéndose al pronunciar el "ti" y lo cambiaba por "contigo"
y yo he llorado en el sueño
cuando ella ha cambiado las palabras.

Dicen o leí, poco importa,
que censuramos nuestro subconsciente con el pensamiento
y que en los sueños sucede
lo que pensamos sin censura.

Me parece una gilipollez de frase,
una gilipollez de las auténticas,
una gilipollez endecasílaba,
el subconsciente no existe y los pensamientos no ocultan nada,
existirá tan sólo en los individuos imbéciles,
somos lo que sentimos hasta que dejamos de sentir,
los pensamientos son la forma concreta de lo que sentimos
y cuánto más sensible, más inteligente,
mayor definición,
como ese monitor del que se sienten orgullosos los padres de familia,
es como tener un millón de ojos capaz de observar diferentes tiempos en un mismo espacio,
somos una huella del tiempo,
una huella en nosotros mismos nada más,
eso o tengo un corazón cuántico:

Antivida

Qué hermoso es observar la noche en la distancia
mirando las estrellas
dejarse atravesar los ojos por el blanco lunar
y en ella evocar tu nombre,
tu nombre que es un cuerpo de mujer
en el que hundir mi vida
y como si en toda la sombra celeste habitase nuestro amor
dibujar en mi memoria tu mirada como una constelación.

     ***

Sitúe la anterior estrofa
en la historiografía literaria, nombre su autor, su corriente literaria, la sociedad de su tiempo,
analice las figuras retóricas y enumere los recursos literarios de los que se vale
el mismo para llevarlo a cabo y escriba
un breve comentario personal equiparándolo a alguna lectura del curso
de la que puedan extraerse influencias visibles.

No tengo nada que ver con casi nadie.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Las cinco menos veinte




A quienes dieron su vida ante la crueldad y la incomprensión del resto del mundo.



Cuando le preguntan por qué no lleva reloj, Laura acostumbra a contestar que puede consultar en el teléfono móvil , en la pantalla del ordenador o en cualquier parada de autobús la hora que es, miente. Al mismo tiempo que alguien le espeta la pregunta suele recordar "al fondo está la muerte" las palabras del microrrelato de Cortázar utilizadas hace poco tiempo en una campaña publicitaria, y que ella conocía desde hace años. Las rememora con esa vergüenza secreta que sonroja el alma de las personas tímidas, no vaya a ser que el interlocutor se asuste o sospeche que ama la literatura. Hay que vivir escondiendo el alma, en la hiperficie social no hay tregua, está prohibido adjetivar la emoción y mucho menos dotarla de bibliografía.

Miente, no le ha contado a nadie el porqué. Tenía un reloj, su pensamiento era capaz de redibujarlo con exactitud, desde el tacto de la correa sobre la yema de los dedos hasta el calor que dejaba en la muñeca cuando se lo quitaba para ir a dormir. Una vez tuvo un reloj, un reloj que no funcionaba, adornaba su muñeca. Ningún joyero dio con el misterio de tal avería, daba lo mismo, era su reloj, lo seguía siendo pese a no llevarlo desde hacía mucho, años, lustros -le gustaba esa palabra-, décadas. Las agujas siempre detenidas a las 4:40 o las 16:40 o las cinco menos veinte, ¡qué alegría cuando alguien le preguntaba a aquellas horas la hora que era y podía mostrarlo, poco antes de salir de clase, cuando era niña!

Aquel reloj se lo había dado en mano el hijo de una hermana de su abuela, se llamaba Rubén y murió de sobredosis a finales de los años ochenta, con una sonrisa de oreja a oreja y en secreto, a los pies de las escaleras de su casa un ardiente miércoles de verano por la mañana, con una cercanía y una sensibilidad que hasta entonces nadie le había transmitido o sólo los fantasmales árboles azules y verdes en su vaivén nocturno bajo la luz de la luna tras la mosquitera, cuando ella todavía dormía en la misma cama con su abuela. El escándalo monótono de las chicharras era una forma de silencio entre ambos cuando Rubén se acercó a ella y revolvió sus cabellos con la mano antes de dirigirle la palabra. Pese al calor él llevaba manga larga, su cuerpo hacía una sombra delgada, sombra de aire, casi de luz sobre los adoquines grises.

-Toma este reloj, Laurita, sé que no funciona, fíjate, ya ni siquiera a mí me sirve. No tengo otra cosa que regalarte, quería darte algo antes de irme, así no nos olvidaremos. Yo soy como este reloj y tú serás mi muñeca.

Laura miente, sí que lleva un reloj. Sobre el libro de Cortázar descansa aquel reloj en una estantería de su cuarto donde son siempre las cinco menos veinte.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Ella era la lluvia



Al conducir en los días de lluvia volviendo de la capital, cuando el horizonte y el techo gris del cielo ofrecen cortinas lejanas hechas como de llanto de dioses -eso quiere pensar ella- o sombras gigantescas y nómadas, es cuando Laura se recuerda a sí misma. Veranos de soledad y lectura, libros y más libros, ventilador y persiana a medio bajar, noches sentada al margen de la autovía viendo pasar los coches. Todo aquello bastaba, el sabor de un chicle, el ruidoso camión de la basura con sus urgentes sirenas luminosas a lo lejos, una vecina gorda y nocturna que bajaba a pasear al perro, hombres intempestivos y descamisados a los que rodeaba el pecado como lo hacía el humo del cigarro que fumaban.

Poco o nada aparte de aquellos recuerdos desdibujados en su memoria quedaba de aquellos días, ¿había sido aquello su vida? Ahora todo era rutina, una rutina que extraña se había ido instalando en su vida: trabajo, facturas y sexo. Era feliz, feliz como una modelo del Cosmopolitan, feliz como alguien que habla de sí mismo ante los demás dando detalles y pronunciando días de la semana, feliz como un taxista calvo engañando el precio de la carrera a una guiri.

Recordar para Laura era olvidarse, ella era la lluvia.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Pertristeza


poesía

se 
requiere 
de mucha 
desesperación 
insatisfacción 
y desilusión 
para 
escribir 
unos 
pocos 
buenos 
poemas. 
no es 
para 
todo el mundo 
ya sea para 
escribirlos 
o siquiera para 
leerlos

Charles Bukowski



Pertristeza 

ayer de camino a casa
por la noche
cuando los semáforos cambiaban de color para nadie
y un perro ladraba atado a las verjas de un night-club
iluminado de rosa y verde
iluminado de pared sucia y balcón con las persianas bajadas
me dediqué a romper mis pensamientos
que es una de las formas que tengo de no llorar
o de llorar sin que nadie lo sepa


desvanecerse
desvanecer
desván
des-
de

desventura
ventura
ven
ave


desesperación
desespera
espera
es
per
siempre

tristeza
triste
te
tris

huida
ida
fui

de una rotonda puesta en las últimas elecciones municipales
salía
un reguero de agua de aspersores mal puestos
las luces de un pabellón deportivo de instituto
estaban dadas también para nadie o algo peor
para disuadir
y había latas aplastadas de refresco a los pies de un banco del parque
y unas hormigas
se afanaban por relamer
los restos de la tapa de un helado
sabía que a esa hora
estaba entrando la luz de la luna por la ventana de mi cuarto
y Bukowski me susurró al oído:
"o siquiera para
leerlos"

lunes, 5 de septiembre de 2011

Mis recuerdos contigo




En toda vida,
-en toda vida humana-
llega un momento tan desconsolado
que tan siquiera el llanto puede comprenderlo.
Sucede y lo atraviesa todo
en una luz violenta y tan desnuda
que de increíble hace sonreír.

Te escribo,
desde el envés de todas las palabras
desde todas las noches que soñé contigo,
desde el día que te conocí,
-¿te conocí algún día o tú ya eras?-
pues hoy como aquel día me parece imposible.

Hay un azul ignoto e innombrable
que existe para mí, como de cielo.

Llévate, llévate tú,
mis recuerdos contigo.
Llévame a ti, llévate a mí,
y a tus recuerdos conmigo.