jueves, 22 de septiembre de 2011

Alemania



A Abraham G. 
por alentarme a escribir en esta noche.

Al final
termino siempre en Alemania,
soy los solitarios pasos que alguien escucha
en sus oscuras calles empedradas
sobre los puentes de sus inmensos ríos,
soy arropado bajo su vasta naturaleza y su cielo blanco,
sus catedrales, sus plazas,
lejos de todo cuanto quiero, cerca de cuanto necesito,
un hogar, un trabajo, libertad, 
y el idioma alemán, mi más amado idioma,
se tiende ante mí entre las personas, los carteles, las cosas, los libros, 
como si las habitara de belleza, de placer, de inteligencia
de sentido.


Alemania es para mí como ese amigo
que no nos da la razón a la primera, testarudo,
lleno de extrañas costumbres y rarezas,
y sin embargo acogedor precisamente
porque tiene su idiosincrasia,
su siempre igual manera de hacerlo todo
y una infinita fidelidad a quien lo ama.


Al final
termino siempre en Alemania,
me acuerdo al escribir esto
de que las últimas palabras de Chéjov fueron
"ich sterbe"
 de que Bukowski era de Andernach,
de que Dostoievski también anduvo por aquí
y de Borges estudiando gramática de noche,
recuerdo muchas más cosas,
Erich Kästner volviendo a Dresden,
Celan buscando el silencio,
Novalis encarnando la poesía,
Schiller diciéndole a Goethe que termine el Fausto,
Hölderlin mirando el Neckar desde una torre en Tubingen,
Hoffmann borracho por las calles de Bamberg,
donde ahora vivo.


No sé de dónde me nace
tanta pasión por esta tierra, 
por su increíble cultura e historia
-la más oscura y despreciable
la más tenaz y más honesta-
por esta lengua, por su literatura,
por sus filósofos y por sus poetas 
inmortales,
inmortales en mí.

Quizá yo,
siempre haya sido un alemán antes de nacer,
un alma alemana
y así,
siempre haya sido un alemán español
desde el principio y sin saberlo
(aunque quisiera ser un ruso
porque me siento ruso, literariamente ruso.
Caí algo más allá, en España,
a lo mejor por eso). 

No importa lo que sea, lo que quiera o donde esté,
al final
termino siempre en Alemania.