jueves, 22 de diciembre de 2011

Las horas y el camino




No se agota el silencio que te tengo
ni este existirme en ti a través de todo,
que es algo más que amor porque no muere.

Si hay un final en la mirada
como horizonte inalcanzable
o palabra,
mi pensamiento y esta imagen tuya
sol que deshaces el azul, amanecer de carne,
esta imagen tuya sólo mía,
pureza en la que todo ríe,
alma incapaz del odio,
que me deja conmigo algo más solo;
es vivirme contigo a cada instante.

Qué difícil
ver transcurrir las horas, lentas y llenas de kilómetros,
después de haber estado entre tus brazos.

Y qué sencillo
hasta el más duro y más aciago de los caminos
que me conduce a ti.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Fe



Y si sólo
tan sólo una palabra
habiéndose sin verbo, antes de ti y de mí,
luz que huye
como nombrándose en todo vacío.

Algo que pide
dejar en la vida algo de lluvia,
hacer del aire que respiras algo digno de atravesar el silencio
amor o música, caricia única
verdad que quede en otro cuerpo.

Fe,
una fe tan humana
que haga falta todo un Dios para entenderla.


domingo, 18 de diciembre de 2011

Un poco de idealismo


"You may say I´m a dreamer, but I´m not the only one"
John Lennon
Imagine
Reconforta saber que no eres el único que ha pensado y sentido exactamente lo mismo, y que alguien tuvo el valor de decirlo, medio en broma, medio en serio, disfrazado de barbero y dictador, en uno de los peores momentos de la historia del hombre en nombre del resto. Dedicado a todos aquellos que se atreven a llamarnos utópicos e idealistas, nunca estuvimos ni estaremos solos, y por suerte vosotros tampoco.

viernes, 16 de diciembre de 2011

El resto de las cosas



Me pides un poema,
a mí que sólo soy un hombre
mortal,
perecedero y prescindible
y tú, que eres el resto de las cosas,
me crees capaz acaso de escribirlo
de darte unas palabras parecidas
a lo que crees que siento.

Tú, 
la brisa en que se rompen los inviernos
la toda luz y toda noche,
el deseo y los sueños,
la quimera posible hecha ya carne
mujer de blancura, 
de inocencia
como el rostro de un niño tras el llanto,
tierna como una flor tronchada por la lluvia
amapola y tormenta de verano,
luna siempre presente y misteriosa,
cenit lejano en la mirada
azul de mar que rompe el horizonte,
mano y camino
que buscan mis latidos
sin encontrarte nunca o sólo a veces,
porque el amor
es esa búsqueda de ti que huye
de mi cuerpo
acabando en tu cuerpo,
destino o mar o meta
abrazo y refugio donde desaparece la ruindad del mundo.

Yo sólo un hombre
y tú, 
el resto de las cosas.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Por qué no decirlo


Cuando te sientes obligado a dormir
y cada hora pertenece a una actividad concreta,
cuando la vida se torna al fin
en diferentes caminos iguales al trabajo,
autobuses, trenes o coches
que van y vienen
lo mismo da en Madrid que en Alemania,
la lluvia y la luna son las mismas,
piensas:
¿Es esto la vida? ¿En serio?
¿Es esto en lo que acaba nuestra infancia,
nuestra adolescencia,
las mejores horas, los más puros latidos,
acaban aquí?

Tristeza de cajeros automáticos
de que las únicas cartas que lleguen sean facturas
de luz o de internet,
o hacienda u horarios de recogida de basura,
pienso en la persona que metió la carta automática en el sobre,
en la cartera que la trae ataviada con un uniforme ridículo
y una bicicleta que se pierde en la gélida mañana,
mi existencia les acarrea trabajo.

Llegar a casa y pulsar el power del ordenador
porque no hay nadie,
y todo está tan lejos que sólo queda una canción en la guitarra
o un libro a medio leer o café en la despensa,
o irse a caminar a solas a ver cómo cae el río.
El Skype no te devuelve a nadie ni a sus abrazos
ni el calor de su cuerpo,
es una forma extraña de espiritismo físico,
es como hablar desde el más allá.

Trato de buscar consuelo,
ordeno la casa, paso el aspirador,
pongo mi ropa en el armario,
pienso en mi supervivencia
preparo mis clases,
me estoy cansando ya de llorar las mismas penas
de escuchar
y sentir como la única ley del mundo es el egoísmo,
de volver para marcharme
y de marcharme para volver
y, por qué no decirlo,
de que sólo me quede la poesía
para decir la verdad.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Un recuerdo




Sus ojos eran del color del amanecer y la música estaba demasiado alta para tener una conversación. Supongo que gritábamos al hablarnos al oído. Llevábamos doce años sin vernos, nos saludamos con la efusividad impostada que surge a deshoras en la oscuridad de una discoteca, si hubiera sido por la calle un día de diario tan sólo nos hubiéramos mirado o saludado de pasada. Por su forma de hablar, de vestirse tan ceñida, ir tan bien peinada y su modo de tomarse la copa deduje que era bastante infeliz, su voz transmitía el hartazgo y la desesperación de sentir que la vida es un laberinto sin salida. Su cara era ya un rostro de mujer cansada. Me preguntó cómo me iba y se lo dije, un extraño brillo acudió a sus ojos. Me habló de mí como quien sonríe leyendo el final de un libro, de la persona que yo fui y que ella recordaba hace tiempo. Me vi rodeado de una imagen pretérita que parecía haber terminado en un montón de sueños cumplidos. No recordaba haber dicho ni haber hecho aquellas cosas que acudían a su memoria. Cuando le dije adiós parecía saber algo más de mí que yo desconocía.

Creo que nuestros sueños sólo se cumplen a ojos de los demás, y los de ella eran del color del amanecer.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Alma




La música
es una forma de silencio.

Lo más difícil de aprender,
en esta vida en la que todos los demás
y su opinión importan tanto,
es saberse escuchar
a uno mismo el alma,
el único silencio nuestro,
entre culpar y olvidar
elige siempre cualquier forma de olvido.

Jamás dejes que nadie,
ni tan siquiera un verso hermoso y libre,
te arrebate el silencio
o tan sólo el amor, ese de las contadas ocasiones,
y su forma de cuerpo y nombre indescifrable.




domingo, 4 de diciembre de 2011

Yo y la lluvia



Llueve sobre la casa vieja
es hermoso escucharlo
y no puedo o no quiero dormir,
los canalones recogen al borde del techo
la siempre igual tristeza
y en la calle los charcos
están hechos de lágrimas, están hechos de pena y piedra.

Pensaba tumbado en la cama
bajo el rumor constante y nocturno del otoño
que de escribir tan sólo hay una cosa que me disgusta,
y es que no puedo hacerlo a oscuras.

Qué diferentes yo y la lluvia...

sábado, 3 de diciembre de 2011

Oscuridad en todo caso



El frigorífico vacío y la página en blanco
me recuerdan tu ausencia,
escribo al día y compro cada dos o tres,
la vida exige un tamaño familiar
lo sabes cuando el litro de leche dura demasiado
y siempre sobra carne en la bandeja de plástico
o las patatas y los ajos echan raíces en la bolsa de red.

Aunque en el fondo siempre lo he sabido
me he fijado en esas cosas y su tristeza
desde que tengo uso de razón,
aquel cazo de leche desconchado y marrón,
o aquel interruptor del baño azul, inútil, que no encendía nada
frente al espejo y mi niñez asomada
con tres años mi disco favorito era el Animals de Pink Floyd,
espero que nunca te preguntes el porqué,
su portada
ya me hacía volar el pensamiento hacia Alemania,
pensamientos de niño que acababan en brazos de madre
o en brazos de la muerte.

Hay demasiados cubiertos en casa
y demasiados platos para nadie o por si acaso,
y sobra espacio para uno
sillas, sofás y mesas,
trato
de ocupar el espacio con canciones
que me devuelvan una imagen tuya,
no me importa siquiera que lo sepas
te amo con el silencio, con las paredes blancas,
soy de los que nunca revela las fotos
y si tiene melancolía lee a Bukowski
y relee y vuelve
a colgar tus cartas en un panel de corcho con chinchetas
una carta vale más que mil fotos,
hay algo sensual en poner sellos,
en escribir tu nombre a miles de kilómetros.

No te diré las noches que he llorado a solas
pensando en ti
aunque lo haga en este verso,
tendrás que adivinarlo
mientras crees que me olvido de ti.

Ha llegado un momento en que mi vida excede
lo que es capaz de comprenderse,
ya ni siquiera me importa
hago con ella lo que puedo,
novelas o poemas
rimas o leyendas
oscuridad en todo caso.

De todos modos
acabas encontrándote
contigo mismo en otro alguien,
llámalo amor o verso
y esa nimiedad
(en la mejor acepción, en la acepción más amistosa,
un académico diría aquí: de la importancia de un comino)
le da sentido al resto de las cosas.

No necesitas pedirme que te susurre palabras de amor al oído
son ya versos mis labios
mis brazos y mi cuerpo,
en derredor de tu recuerdo puro
tan sólo el que ha tenido que escribirse
sabe
que todo es de verdad, que no se acaba,
o aún tienes tiempo de leer el principio
de una novela de André Breton:
"Lo que yo he amado, lo conservara o no, lo amaré siempre".

Te quiero,
del mismo modo que David Gilmour
sabe tocar una guitarra.

Oscuridad en todo caso.