jueves, 6 de diciembre de 2012

Colgada en la pared


A través de mi hermano Álex, me han hecho el encargo de un relato para un blog de ciclismo ecuatoriano llamado: http://www.vueltalasultana.blogspot.com.es/. Y este es el resultado de dicho encargo, que a su vez es un regalo para mi mejor amigo. Sin él no hubiera podido escribir una sola palabra respecto, puesto que yo y las bicicletas no nos llevamos especialmente bien. 

A Abraham G. G. y su abuelo,
Antonio G. Zapata.

Colgada en la pared
           

            En Cartagena, en casa de mis abuelos, hay una bicicleta de competición colgada en la pared, una Massi modelo Prestige. Recuerdo el día en que fuimos a comprarla a Ciclos Currá, una tienda cerca del faro, al otro lado de la ciudad, que hacía esquina, y que por fuera y de refilón parecía más una joyería que un lugar donde vendiesen bicicletas. 50.000 pesetas de aquellas, 50.000 pesetas de absoluta felicidad. Cambios de manillar, una línea fina y roja que adornaba las cubiertas y el cuadro. La recuerdo encima del capó del coche, como un Pegaso, como una hermosa ave de metal atada a la baca del Opel Corsa de mis abuelos. Por el camino, una de las correas de delante se desató debido a la fuerza del viento y la bicicleta parecía ir haciendo un caballito atravesando la autopista. Yo rezaba nervioso para que no le pasara nada, mirándola a través de la luna delantera del coche.

Cuando me fui a Berlín tenía dieciocho años. Recuerdo la fecha con exactitud porque para mí fue el último verano. El último verano que corrí con la Peña de los Amigos de los Alcázares, el último verano en que yo era el chico de las pulseras. No he podido sacar de mi memoria las sentidas lágrimas del Abuelo el día que nos despedimos. Él, el corredor más longevo del equipo, se encariñó conmigo desde el primer momento, la diferencia de edad nos hacía semejantes. El último verano, el último en que no fui de visita como ahora. Alguien pagó el uniforme del equipo. Como yo pesaba poco se me daba bien la montaña, me creía Pantani con el maillot de puntos rojos subiendo los puertos, era mi momento, atacaba en las escaladas y ponía distancia entre ellos y yo. Oía sus voces de ánimo y admiración apagándose tras mi espalda, el místico silencio del que va a la cabeza, veía en mi sombra el balanceo del escalador sobre la rampa, el perfil de mi cuerpo de pie sobre los pedales. Luego me volvían a coger en las bajadas, también debido a mi poca envergadura, pero ya no me importaba, había vuelto a ser yo, en los descansos se hablaría de mí, cañas de cerveza en mano.

Sé que mi abuelo cuida todavía de mi bicicleta, le hincha las ruedas de vez en cuando, comprueba los frenos y el recorrido de la cadena, y vuelve a colgarla en la pared. Las c mientras caen las primeras nevadas de diciembreed y ando. Las gomas tienen que estar picadas escaladas y ponámaras  tienen que estar, sospecho con extraña melancolía a miles de kilómetros de allí, mientras caen blandamente las primeras nevadas de diciembre, picadísimas por dentro por la inactividad y el paso del tiempo. Sé que algún día, puede que nunca, volveré a Cartagena a descolgar mi juventud de aquella pared, a escaparme de nuevo, subiendo un puerto de segunda hasta escuchar el silencio sobre el inmenso azul del cielo y del verano, y las voces se apaguen tras mi espalda.


sábado, 24 de noviembre de 2012

Uxoricidio involuntario (finalista del certamen LA NOVELA NEGRA) de Artgerust

Fuente: http://www.artgerust.com/blog/los-200-novela-negra

El nanorrelato "Uxoricidio involuntario" ha quedado finalista del certamen de Novela Negra de Artgerust y formará parte del libro de la antología que saldrá a la venta dentro de un mes más o menos.

Era la primera vez que me adentraba en semejante género y reconozco no ser muy ducho en este tipo de literatura. Lo más parecido a novela negra que he leído es La balada de la playa de los perros de Cardoso Pires (un libro que roza la perfección formal), El misterio de la cripta embrujada de Mendoza, los cuentos de Edgar Allan Poe y las novelas de Dostoyevski. Libros que se pueden contar con los dedos de la mano. 

De hecho el relato surgió de una casualidad. Viendo el programa "Pasapalabra" apareció la palabra uxoricidio. Su sonoridad y su significado me parecieron muy sugerentes para escribir algo con ellos. Así que hice un relato más de crítica social que de novela negra propiamente dicho, dándole la vuelta al sentido de la definición de la palabra. Hasta qué punto un hombre es capaz de someter su vida a la de su familia y a las apariencias, llegando a declararse culpable de asesinato por el suicidio de su mujer. Lo cierto, pese a lo escabroso de la temática, es que me reí bastante escribiéndolo, y es extraño, que de los cinco que envié al certamen, este fue el que menos en serio me tomé.

Podéis leerlo aquí:
Uxoricidio involuntario




martes, 6 de noviembre de 2012

El no retorno



El otoño se marcha aunque regresa
como un recuerdo, como un pensamiento.
El gris del cielo se sucede lento
como quien ha incumplido una promesa.

Y la lluvia, que todo lo atraviesa,
deja en mi corazón su encharcamiento,
la sombra de un fatal presentimiento
que se adueña del pecho y que lo apresa.

Pues siento como el tiempo repetido
se rompe de total melancolía,
y no retorna, no, que ya se ha ido.

Y esta vida que siento como mía
cae, como del árbol han caído,
las hojas que el verano sostenía.

domingo, 28 de octubre de 2012

Acéldama


The Verve Sonnet Live England 1998 von kondurperu3

Otro nanorrelato que he enviado al certamen de Artgerust de novela negra, esta vez con una temática bíblica, dándole la vuelta a la traición de Judas. Es un tema muy trillado en literatura, por ejemplo, Borges ya escribió sus "Tres versiones de Judas". Se lo dedico a mi madre, cuyas apasionadas conversaciones bíblicas de sobremesa echo de menos más a menudo de lo que me gustaría, y quien me dio, sin saberlo, la idea para esta pequeña ocurrencia. Esto no es más que una forma más que de estar, en cierto modo, con ella.



Acéldama

Soy sólo un hombre y tengo miedo. La historia dirá de mí que vendí a mi maestro por treinta monedas de plata. ¡Qué importa lo que diga la historia, la verdad que todo el mundo cree sin comprender nada! El beso, la traición, el arrepentimiento. Todo encaja.
¿Mas no era yo el discípulo más querido? ¿No lo he hecho todo por amor y lealtad? ¿No me llamó él aparte y me relató todos los misterios del reino? ¿Y no he de morir yo junto con él, el mismo día, a solas, y colgado también de la madera? ¿Nadie se preguntará el porqué de tanta prisa? ¿Y no doy yo también la vida por mis amigos?

El beso fue una amarga despedida, la traición su voluntad de entrega y el dinero la coartada perfecta. Devuélvelo, me dijo, y quedará constancia de tu inocencia, al César lo que es del César, a Dios lo que es de Dios.

Así es el amor.

sábado, 20 de octubre de 2012

Sarabande



A mi hermano Alejandro,
el día de su cumpleaños 21 de octubre del 2012.
(Y a mi hermana María, 
que me lo ha encargado para acompañar su hermosísimo retrato)




Sarabande

Hay un último día en tu mirada
de adiós o de silencio o sola sombra,
como si el mundo se rompiera de tanta noche,
como si todo al fin, próximo a extinguirse,
se deshiciera en una lentitud sagrada.

Y al fondo, en lo más negro de tus ojos,
un hombre frente a una muchedumbre de otoños,
un niño que nació en octubre
y que no ha de morir nunca.






domingo, 14 de octubre de 2012

Rueda de reconocimiento

Otro nanorrelato que he enviado al certamen de Artgerust, jugando con el sentido de la palabra reconocimiento.

Rueda de reconocimiento

-Si considera que el culpable se encuentra entre estas personas, señálela diciendo el número que portan en sus manos en alto-dijo el agente detrás de su enorme bigote.
En la sala entraron cinco individuos. Cuatro hombres y una mujer. La mujer, la número dos, tenía el pelo corto, era algo estrábica y entrada en años, sonreía como si todo aquello no fuese con ella. A su izquierda, el número uno, se hallaba un hombre que era casi todo barba pese al poco pelo de su cabeza, su mirada era penetrante incluso más allá del espejo, sentí un frío casi metálico en el centro del pecho cuando sus ojos se cruzaron con los míos. Dos cincuentones corpulentos con enormes gafas, y un cuarentón con pinta de informático y un halo extraño de tristeza formaban el resto de la escena.     
-Es el número uno, seguro-dije.
-Muy bien. Christie, Cardoso Pires, Vázquez Montalbán y Larrson pueden abandonar la sala. Dostoyevski es el culpable.





Fuente de la imagen: http://fotohakikat.blogspot.de/2012/07/fyodor-dostoyevski.html

viernes, 5 de octubre de 2012

Uxoricidio involuntario (otro nanorrelato)



Otro nanorrelato para el certamen de novela Negra, ahí va:



Siempre fue un marido y un padre ejemplar: locuaz, atento y bien mirado. Las amigas de su mujer le ponían de ejemplo en las sobremesas. Con la tripa justa para su edad, con la alopecia al límite de lo impuesto por cada década. Pasó de los vaqueros al traje, del traje al jersey con corbata, de la izquierda al centro-derecha. Atajaba las discusiones con frases hechas y repetidas que jamás parecían la misma, bajo la embadurnada calma de sus ademanes. Conquistaba la paz familiar a través del abono a canales de televisión privados, de los electrodomésticos comprados en común, de la interpretación de las miradas y los dedos índices frente a los escaparates de las zapaterías de mujer, de las tiendas de ropa, de los estantes del supermercado.


-¿Por qué lo hiciste, Papá?-le preguntó su hija antes de pedir los postres, la primera noche que le concedieron el tercer grado.


-No fui yo, fue tu madre.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Desaparecida y El dilema del prisionero (dos nanorrelatos)




Desaparecida


A los pocos días la ciudad amaneció empapelada con su rostro. Las farolas, los semáforos, las entradas de los supermercados, las salidas de los colegios, los centros comerciales, los escaparates grandes y los pequeños, las puertas de la estación de tren, las ventanas de los autobuses de línea, los espejos de los bares, los tablones de anuncios de las facultades, las mesas perdidas de algún pasillo de hospital, la sección de sucesos del diario local. Desaparecida, podía adivinarse una tristeza de primer grado de consanguinidad en la elección de la tipografía, en lo hinchado de las letras en negrita, en la deferencia de las fotocopias en color.
Y en la foto una atractiva joven de ojos verdes, pelo castaño y ondulado, que parecía sonreír con la mirada al fotógrafo.

-No te rías, no tiene gracia. Esta vez la broma se te ha ido de las manos-dijo Sonia con desdén.

-¿Y si la encuentran?-dijo Álex destornillándose de risa.

-Estás loco.

El dilema del prisionero

Cómplices. Uno, yo, dentro de la pecera del agente Muñoz, su orgullo de madero con olor a puro y taza de café oficial, esposado, herido, hundido por el fracaso de nuestro golpe y un vaso de plástico blanco con agua del tiempo, mi primer apellido escrito en él con desgana y rotulador negro; otro, él, sentado tras el espejo con el brazo en cabestrillo, la cabeza recién rapada y una brecha de seis puntos que dibujó la luna del coche después de estallar en pedazos tras siete vueltas de campana, o al menos eso me habían dicho. Pero, ¿y si el Cables huyó después de todo? ¿Y si le empapelan por irme de la lengua? ¿Y si me ha delatado él? ¿Y si van de farol conmigo? Una cosa está clara, estoy jodido y para colmo el final de toda la historia depende de una decisión que no quiero tomar. ¿Y si fuera el principio de otra novela más larga?



Relatos participantes en el certamen de Novela Negra de la editorial Artgerust, cuya premisa es no superar las 160 palabras por relato: http://www.artgerust.com/certamenes.php?id=13277
http://www.artgerust.com/certamenes.php?id=13313