miércoles, 22 de febrero de 2012

Evocación del otro


"Tarde o temprano me perderé en cadenas.
Una  vez en la vida
debo encontrar dentro de mí
una noche de agosto
mi alma perdida que arrojé al mar"
Agosto
Héroes del Silencio


No sé dónde comienza mi memoria. Ni sé qué es lo que debería contar aquí ante el vértigo horizontal y el vacío de la página en blanco. Desconozco qué recuerdos, qué alegría o tristeza, qué placer o dolor, pesan más dentro de mí, dentro de ese igual con el que dialogamos al explicarnos la vida y que construye nuestra identidad.

Sé lo que significas para mí, pero la consciencia no tiene un sentido temporal, es todo presente. Tanto el pasado más lejano como el futuro más distante están atados a una misma columna que es el pensamiento, la huella nombrada de lo que sentimos.

Pero puede que ese tú al que nombro ya no exista, o incluso que jamás existiera, como esas lecturas que dejan dentro de nosotros un mundo por habitar, como una calle soñada o un rostro hermoso en la multitud de un vagón de tren que no hemos de volver a ver jamás. Puede que tú jamás estuvieras allí, caminando a mi lado, bajando las escaleras de mi casa a oscuras, pasando las tardes conmigo bajo el cielo gris del otoño mientras las luces de la ciudad se reflejaban en los charcos, sacando la mano por la ventanilla del coche los veranos, jugando a contar los hombres calvos antes de volver a casa, si eran pares día de suerte, si eran impares también...

Existieras o no poco importa, poseo algo más valioso que la realidad, la capacidad de evocarte.

viernes, 17 de febrero de 2012

El nombre de una calle de Andújar (Elegía al Maestro León)

Hace tres años que murió la mejor persona que conocí y, no me pesa nada admitirlo, conoceré jamás en la vida, mi abuelo Antonio León Moreno. He mentido, no ha muerto, no al menos mientras el amor de todas las personas que lo trataron y lo recuerdan, entre las que yo me encuentro, siga vivo. Es normal, frecuente y hasta obvio que los abuelos y los nietos vivan una relación especial como seres humanos, y si me siento a escribir sobre él es precisamente para llenar de silencio ese tópico, antes de que, querido lector o lectora, comiences a recordarme lo natural que es sentir la muerte de seres queridos y las inexorables leyes de la vida, desabrígate de lugares comunes o te ruego por favor que dejes de leer. No es algo que vayas a entender a la primera, ni a la segunda, ni a la tercera. Es algo que sentirás por alguien algún día o que quizás ya sientas.

Hay personas que te marcan para siempre, con su voz, con su ejemplo, con su incorruptible imagen en la memoria, con su dignidad, con su elegancia, con su manera de contar las cosas y con, sobre todo, su amor incondicional y verdadero.

Calle Antonio León -Maestro de obras-
Hace dos días que pusieron su nombre a una calle de la ciudad donde vivió, y sobre todo, trabajó durante la mayor parte de su vida. Si le recuerdan los suyos, los que lo trataron y los que le quisimos, es por su infatigable amor a las cosas bien hechas, lo que según decía él, escondía el verdadero valor de las personas. Lo importante eran las personas, ser buena persona, eso implicaba amar la propia vida y respetar la ajena. Amó su trabajo, la construcción, hasta convertirse en Maestro de Obras del ayuntamiento de su ciudad. Hablaba de todos los oficios que había tenido: agricultor, militar, cocinero en la mili, churrero, albañil y maestro de obras con auténtica pasión, como si en las actividades humanas se escondiera una verdad ulterior. Cuando amaba era igual de elegante, estuvo con la misma mujer toda su vida, la que él quiso, la que a él le gustó desde los diecinueve años -ella tenía doce por entonces- hasta el día de su muerte, y me consta su amor a lo largo de los años. Amó a sus hijos, me consta igualmente, y amó a sus nietos incondicionalmente, no es que me conste su amor es que me enorgullece, me protege y me torna en un ser más digno y más consciente.
Invitación al acto de homenaje

Su conversación tenía siempre un valor moralizante, educador y humano. Podías hablar con él durante horas, el tiempo se deshacía a su lado en una luz agradable y limpia. Los últimos veinte años de su vida se los pasó cuidando de sus patios, sus macetas y los gatos que venían a visitarle a su azotea, a la que siempre podías acudir como si fuera el último refugio de verdad del mundo. Sabía por qué hacía cada cosa, se marchaba el primero a dormir sobre las once de la noche y se levantaba sobre las siete y media de la mañana, también el primero y no te saludaba hasta estar bien peinado y aseado, el saludo requería de la elegancia y la higiene, lección por tanto: el saludo es voluntario, la vida es voluntaria más allá del cuerpo. "Al trabajo llega siempre el primero, trabaja, y sé de los últimos que se marche". A su lado pasé todos los veranos de mi infancia, y si hay alguien que ha dejado algo bueno, algo de paz real en mí, es su persona, el recuerdo de su persona, su vivo ejemplo.

Una calle es poco, pero es algo, y una calle con su nombre es mucho más. A veces el pueblo es sabio y el andaluz, mi verdadera tierra, es agradecido con los que lo amaron.

Te quiero Papá -que así te llamé siempre yo-.


***
A continuación dejo un poema que compuso mi hermano Alejandro Palacios con motivo del homenaje celebrado y que se leyó durante el mismo:

Elegía al Maestro León


Él no era de hablar mucho, y seré breve
para decir, amén de en esta calle
el resto de lugares donde debe


quedar aún su gesto y su detalle.
El Maestro León será el relieve
subiendo al santüario, y también se halle


en esas piedras que ubicó su mano;
será los gatos que esta calle crucen,
será la lluvia breve del verano.


Las fachadas del pueblo que "aun" relucen 
-maestro, de albañiles el decano-
y árboles de La Feria: que se abrucen,


al recordarle solo, paseando.
Será el recuerdo de la antigua Peña
donde quisiera verle conversando,


el hombre que se esfuerza y que no ceña,
al que nunca jamás le vi gritando.
Abuelo que divierte y que te enseña.


Aquel seiscientos con un solo asiento,
que recorría Andújar, de obra en obra,
llevando atrás los sacos de cemento,


maestro, sabio en tantas manïobras
-con botellas, molinos para el viento-
de darle utilidad a lo que sobra.


Con más utilidad aún que el coche
las casas que hizo donde el "tio" Raimundo, 
que tenían que hacerlas por la noche,


huyendo del legislador inmundo, 
experto en demolerlas a desmoche:
aquellas casas de su amor profundo.


Noble, como la piel de los olivos,
Padre, que con su corazón razona,
Maestro, como todo apelativo,


mostrando en esta calle que hoy corona
en la vida el mayor de sus motivos:
"que lo importante hijo, es ser persona".

miércoles, 15 de febrero de 2012

Por ti


Hazlo por ti
por las horas a solas leyendo en tu cuarto -tu cuarto en cada casa-,
en los trenes,
en el autobús,
por cada novela en cada avión.
Hazlo por cada vez que callaste en público lo que pensabas,
por cada injusticia de la que fuiste testigo, víctima o verdugo,
por aquella noche en que conseguiste arrancar de una vez todos los besos del mundo,
por las estanterías de sus habitaciones,
por las manos de una mujer,
hazlo por la tristeza en cada cosa,
por el susurro de una voz nocturna a la que no importaba el tiempo,
por el amor que no ha de morir nunca,
por la nieve deshecha por los pasos del hombre,
por quien te dio la mano cuando niño
por las abandonadas calles de tu infancia,
por el vaho de los cristales del coche la madrugada de un miércoles,
por la nube con forma de piano,
por ti, porque no queda más remedio
por esa persona, que como tú,
busca el silencio del otro lado del mundo con forma de música.

Hazlo por ti,
la literatura no redime de nada
pero es capaz de algo más hermoso,
cuando lo sepas,
cuando lo hayas encontrado al fin,
hazlo por ti otra vez.


martes, 14 de febrero de 2012

Alucinación (Solo mar de luz)



Ayer tan blanco el cielo y el tejado
las nubes y la nieve,
que todo era uno
y creí
que la fiebre me había al fin matado
y estaba ya camino de ese cielo
donde la ausencia espera en solo mar de luz.

Al otro lado, sentí, poco importan
los libros, los poemas, las palabras,
el alquiler, el sueldo, las facturas,
desasidos de todo
el alma y la blancura
en un dulce reencuentro con quien había sido siempre,
reencuentro de inocencia o propio olvido,
en el fondo de algún lugar donde todavía existo.

sábado, 11 de febrero de 2012

Cigarros



De noche, cuando todos los coches vecinales están bien aparcados y apenas quedan dos o tres luces insomnes en el bloque de pisos, Blanca fuma su último cigarro del día antes de irse a dormir, en un ritual placentero y suicida que hunde sus pensamientos en una conversación consigo misma, conversación hecha del silencio de las calles desiertas y mojadas por la lluvia, del silencio sonoro de alguna vespino adolescente que se marcha a lo lejos y árboles quietos, del silencio de la luz de farola desdibujada por el humo de sus caladas y su perdida mirada en torno de un recuerdo.

Si el recuerdo es grato se sonríe, si es doloroso frunce el ceño, si es un reproche arrojará el cigarrillo más tarde con rabia pared abajo, como para deshacerse de él tras haberlo apagado con desdén.

Mientras, al otro lado del mundo, el escritor la recuerda y trata de dibujarla con palabras en cada cosa que escribe como si así pudiera estar con ella todavía. Y es la suma de esos silencios tan alejados, tan singularmente lejanos el uno del otro, lo que podría llamarse amor. Pues ni siquiera sabe si ella sigue asomándose cada noche como entonces, pero eso no importa, porque basta que él escriba en un papel las cosas para que no dejen de suceder.

sábado, 4 de febrero de 2012

Genios



No, no todo el mundo puede, ni porque yo lo diga ni porque yo lo piense. Cuánto dolor, Dios mío.

Ni el talento ni la genialidad pueden aprenderse en ningún lugar, se adquieren con uno mismo, como una responsabilidad mortal. Un genio es aquella persona de la que nacen las cosas como si fueran por primera vez, sin que tengan necesariamente que serlo, en una suerte de amor involuntario. El genio destruye la mediocridad a su alrededor enfermándola de belleza y envidia, descubriendo los nuevos límites de una manera natural como si siempre hubieran estado allí.

Altos, solitarios, libres y atormentados como nubes, surcan los genios el tiempo.

viernes, 3 de febrero de 2012

Amanecer




Seguramente tú ya lo hayas olvidado
pero era hermosa aquella luz del día
y lo desnudo de tu espalda como un mundo,
como un lugar que sólo yo habitase
de azul silencio en la mañana mientras
la realidad muy lejos de nosotros
ocurría en el resto de las cosas.