miércoles, 28 de marzo de 2012

Paralipómenos de pena


"La noche por ser triste carece de fronteras"
Luis Cernuda

Siempre queda otra página blanca sobre el silencio
donde la noche escucha abandonada
de nosotros su última tristeza,
y nadie sueña y todo muere
como una música entregada y rota
que puede recordarse y nunca vuelve.

martes, 27 de marzo de 2012

1 de abril de 1880




Qué triste es amarlo todo sin saber lo que se ama! Parece que las estrellas compadecidas me hablan; pero como están tan lejos, no comprendo sus palabras."

Juan Ramón Jiménez 

     Ferrán, el loco, le hablaba así a las estrellas antes de morir, la noche del 1 de abril de 1880:


"Ha habido que morir más de una vez, el tiempo es una serie de muertes sucesivas. Y ha habido que hundir el alma en todas las palabras, como aquella tarde en la que el sol se despidió de ti al final del mar, desatando tu niñez del cuerpo, como si en aquel lejano gesto cupiera una absoluta música. Y no sabíamos que el olvido, el de esas sucesivas muertes de uno en el otro, era la forma en que la luz se anidaba en nuestros corazones para romperlos. Y hubo que escribir palabras que nos contuvieran, porque sin ellas no quedaba nada y aun con ellas fue poca la ceniza que pudo levantarse. Se contemplaron los cuerpos, se perfiló el deseo trenzándose en caricias, se sintieron el uno en el otro, el uno en el otro hasta completar su ausencia. Mas quién al fin y al cabo es capaz de no quedarse solo, quién pudo destruirse hasta tal punto de transitar la desnudez de su memoria, donde quizás acaso un niño o una sombra nos espere.

No comprendemos la muerte, por eso ha habido que morir más de una vez, por eso hemos hundido el alma en todas las palabras..."

sábado, 24 de marzo de 2012

Todo mortal (principio)



Este es el principio de mi próxima incursión narrativa, cuyo nombre provisional es "Todo mortal" en el que el poeta Augusto Ferrán hace recapitulación de sus vivencias, calaveradas y pensamientos sobre la literatura y la poesía junto a Bécquer, tras la muerte del mismo:

"Todo mortal. También hace mucho tiempo, como al principio de tus ojos verdes, que tenía ganas de escribir cualquier cosa con este título. Y ahora sí, definitivamente amigo mío, que el mundo está vacío tras tu muerte, vacío para mí mientras bebo estas lágrimas que llevan tu nombre, mientras bebo mi vida en torno de un recuerdo que jamás podré abandonar de mi memoria, de cuyo solitario olvido, el mío, el de mi propia voz y pensamiento gastados, me propongo rescatar con estas páginas. Quizá, quiero pensar para consuelo mío, tu espíritu flote libre al fin lejos de las míseras cadenas y grilletes de la existencia, y ya seas leve bruma melancólica que baja insomne acunada por el Guadalquivir; u ola sobre la que la luz nocturna de la luna hermosamente herida y blanca se inunda de destellos en un rumor sin fin y oscuro, del mar a las arenas, del mar a las arenas. O seas el infinito y noble Cierzo que azuza en Trasmoz y silba entre las celdas de Veruela, celdas de calma y dulce anhelo, lejos de la Corte, que tanta paz nos dieron. O seas ya la suave e íntima brisa que deja el perfume de una mujer al pasar, el callado murmullo de unos labios que repiten tus versos en la profunda soledad de una habitación, encarnado en idea, en deseo, hasta que la mañana clareando el azul, incierta y triste, envuelva los cuerpos desnudos de todos los amantes que sueñan."

(Todos los derechos reservados. Tanto del Título como del cuerpo del texto en el registro de propiedad intelectual Safe Creative).

martes, 13 de marzo de 2012

Ahora ya no hay palomas




He llegado a un punto, en lo que respecta a la literatura, en que rechazo mis ideas, mis pensamientos, la sentimental burocracia de las anotaciones y me aburren soberanamente las ideas de los demás, de los demás escritores que leo habitualmente o que ya he leído, o de los autores que recuerdo incluso, sus poéticas, sus fórmulas, sus cuadernos escaneados con dibujos... La anécdota al uso, las partes de su vida privada que dejan al descubierto, el lirismo de sus bolsas de la compra, del trauma infantil que los abocó a las palabras, de los polvos echados a deshoras como superhéroes, sus paseos de divorciado en el parque con los hijos y la verbigracia y erudición de sus hasta la extenuación comentadas lecturas, normalmente de autores extranjeros inauditos pero éditos -porque están editados-, mesías literarios a los que los demás mortales jamás tendremos acceso y que son importantísimos, ellos los leen y los comentan, los citan en sus obras. Echo de menos la literatura que no busca follarse a sus lectores, me hastía la intención feromónica de sus páginas, el halo de persona ultrasensible que incomprendida vaga por el mundo y por la vida -más bien por las mañanas- y se convierte en una imitación de escritor de los chinos a lo C. Bukowski o J.Keruac, aunque ellos si paguen la televisión de plasma a plazos con sus tarjetas de crédito.

No quiero convertirme en uno de ellos porque sería lo más cómodo, porque sería sencillísimo, quizá también y para ser sincero, porque he estado muchas veces a punto de alistarme a sus filas y hoy, en lugar de escribir sobre lo que no soporto -ni tan siquiera de mí-, hubiera hecho una descripción de la sensualidad que subsiste en las adolescentes embutidas en pantalones de colores y las patatas fritas del McDonalds, o en lo estúpido que resulta verlas fumar como si hicieran algo épico, o sobre una anciana alemana que siempre me encuentro comprando el pan. Nada de anécdotas, basta.

Estoy más cerca de José Cardoso Pires, de A. Daudet, de Stifter, de Böll, de Chéjov y de Bécquer que de los noticieros, lo supuestamente cotidiano y lo digno de lirizarse. No escribo para ti, lo siento.


domingo, 4 de marzo de 2012

El perdedor de bolígrafos


"I remember

When we could sleep on stones

Now we lie together

In whispers and moans"

Ultraviolet

U2



Hay libros que te buscan como los versos de una canción, hay historias que acaban por dar contigo, como un golpe, como una caricia, como un amor inmerecido. Y ella lo puso en mis manos como tantas otras palabras, hermosas y terribles, verdaderas, a lo largo de la vida.


Aquí, en Alemania, en esa soledad que alguna vez escogí sin saber a miles de kilómetros de todo cuanto considero mi vida he leído "El bolígrafo de gel verde" de Eloy Moreno. Es un libro que hace sufrir, porque es un libro que hace pensar. Para mí, lo de menos en una novela es la historia que se cuenta, lo de más, lo más importante es cómo se cuenta esa historia y desde dónde se cuenta. Y éste, con tilde, es un libro que está escrito desde la sinceridad, desde el silencio, desde las entrañas, desde el lugar en que es imposible distinguir la idea del cuerpo, el alma de la carne, un libro de una conciencia destruida que a base de haberlo perdido todo durante años, huye de sí misma, y huyendo de sí misma termina por alcanzarse. Subyace y no se muestra del todo en este libro, un gran escritor, un gran observador de la vida, parafraseando a Nabokov, y no sólo en los pequeños detalles con los que cualquiera podría trazar una historia más o menos sentimental, no, no categórico. Se trata de asumir la inmensidad de las emociones a lo largo del tiempo, de lo ignoto del pensamiento y los sentimientos, a lo concreto, al silencio que habla mucho más allá de las palabras entre las personas, el silencio con el que se construye el relato constante de nuestra vida.


Es un libro sencillo de leer, difícil de asumir. Yo también he perdido muchísimos bolígrafos, pero ella, ella me ha regalado este de gel verde y no lo perderé jamás, porque con él se ha escrito también una parte de mi vida. La lectura no es sólo lectura, es una reinterpretación constante de la propia vida, una vida dentro de la vida, palabras dentro de todas las palabras. Y hay páginas escritas con este bolígrafo de gel verde que te destruyen, o mejor dicho, que te hacen consciente de tu propia destrucción.


Tocado, y hundido.