jueves, 26 de abril de 2012

Irrecuperable (Cómo, dónde y cuándo)



Hay un vacío irrecuperable que sólo se conoce desde uno mismo, por eso es vacío. Puede reducirse a la suma de todas las tristezas, pero ni siquiera es una sensación que pueda tildarse al amparo de los adjetivos tornados en nombres, su nominalización consciente, las palabras terminan por decepcionarte si te asomas a los repetidos acantilados de su morfología, su calculada matemática. Sin embargo su música jamás decepciona, esa extraña distancia pronunciada.

Entonces se busca la trascendencia en la forma como si así pudiera salvarse algo, como la entrega de un amante sobre el cuerpo del otro. Atravesar la página y dejar algo en ella, como esas colillas que ensucian las calles o el sonido de unos pasos de mujer en la madrugada, o simplemente un recuerdo, ese gris tan gris de tu ciudad bajo la lluvia, esa que ahora ya sólo ves de visita muy de vez en cuando -qué extraña es la pena que se amontona en memoria- o ese marrón de adobe en la oscuridad que rezuma una historia invisible e, inexplicablemente, presente.

El arte es absolutamente forma, un cómo, lo mismo que un recuerdo es absolutamente espacio, un dónde y un cuándo.

lunes, 23 de abril de 2012

Carta desde un precipicio



Desterrada la presencia queda el afecto, y del afecto la memoria, y en la memoria el recuerdo. Hay quien no sabe llorar sino a destiempo, ante las piedras de una calle o la sombra del cielo.
¿Recuerdas aquel inmenso precipicio en el cabo de San Vicente? La mirada anhelaba despeñarse sobre el azul del mar para no ser o ser del todo. La muerte es vertical como una música profunda, como las distancias del niño al hombre, como las viejas palabras gastadas en las que nos decimos.
Te consuela la noche por oscura, como refugio insomne donde los pensamientos desaparecen de ti en dulce luz lejana. Y las estrellas y las nubes bajando reflejadas sobre el río no pronuncian nada. Siempre supiste que al final estabas solo, todos lo están. Y hay algo, sin embargo, que espera darse y no es amor sino silencio. Y ese silencio es algo hermoso al no decirse y entregarse como el que escucha en sueños.

Llegan las olas del mar, y estas pocas palabras en las que te dices son lo poco que queda de ti mismo. Al menos, eso piensas, nunca has perdido esa certeza.

domingo, 15 de abril de 2012

La orfandad del amor



Sólo la muerte o el olvido pueden dejarnos huérfanos y entonces las palabras dejan de significar, para convertirse en un estorbo inútil porque se refieren a la vida. Y el cielo sigue ahí y las personas hablan, y habrá periódicos en los kioskos y pan en las panaderías, mientras tú no podías hacer otra cosa que estar a miles de kilómetros mientras las voces se asomaban a los teléfonos como un charco. El amor no soporta la distancia y la muerte es una distancia suficiente como para necesitar contemplar el cuerpo que fue depósito de tanto amor, más puro que el mar o que la luz de una estrella porque nace de la carne, hijo de su sangre. Rompiste la distancia por lo tanto, hundiste uno a uno los miles de kilómetros. Viste amanecer los campos desde el tren, el constante huir del paisaje tras los cristales, el mundo es una historia triste y repetida. Reconociste tu alma en el centro de ti mismo, en la absoluta soledad del que recibe el comprobado billete del revisor y da las gracias en un idioma que no es el suyo y que, sin embargo, se torna involuntario con el tiempo. Y otra vez el mismo aeropuerto que nunca es el mismo, porque tampoco tú eres el mismo, con su gente de bajo coste, con sus baños apestando a orín y aquello era la tristeza, pensaste, aquel hedor de la vida por el que nadie hace nada. Y había españoles en una sala acristalada predispuestos a quejarse porque no saben hacer otra cosa que sentirse más inteligentes que el resto, y no quieren que los engañen y tu pena abrazaba la puerta de embarque, y tu dolor despegó aquel avión. Luego ofrecieron de comer por precios abusivos y tú recordabas una tarde inmensa de sol como el que había tras las nubes, pero las nubes tampoco significaban nada, y todos los poemas del mundo dejaron de significar de pronto, porque el mundo mismo no era más que una enorme piedra redonda. Cruzabas el cielo, el paisaje se tornó vertical, las lágrimas caían involuntarias en el diminuto baño en el que te encerraste para poder llorar a solas, el inodoro de metal las absorbió junto al papel higiénico. Disimulaste sueño, abriste un libro de poemas y te abrazaste sobre aquella voz amiga desesperadamente. Leíste un libro de trescientas páginas dos veces, y aterrizaste en la ciudad en la que jamás debiste nacer pero naciste, Bukowski en Andernach, tú en Madrid, pensaste.

Y el coche alquilado olía a nuevo y estuviste a punto de matarte dos veces en un accidente de tráfico del cansancio y la desolación que arrastraba tu cuerpo, pero la muerte no te quiere todavía, ni siquiera te inmutaste por ello. Y volviste a tu ciudad y llovía a cántaros y era jueves y la gente era igual y encontraste aparcamiento y las calles eran las mismas de siempre y en un chino te vendieron un refresco y un sandwich mixto unos niños. Hiciste tiempo, compraste un desodorante y te ofrecieron la tarjeta de cliente habitual y dijiste que no como siempre, y la nada se abría paso entre las manos de la cajera y el cambio del billete de cinco euros que guardaste en el bolsillo del pantalón. Y abrazaste a tu hermano, y te reconociste en aquella compañía después de doce horas, y te duchaste en una bañera que justo hacía un año había contemplado tu cuerpo desnudo por las mañanas, y el agua caliente resbaló por tu espalda y el llanto volvió a resbalar por tus mejillas confundiéndose en el desagüe, y él te dejó una corbata. Y cenaste con él y compraste Redbulls para el viaje y chicles y cogiste una camisa negra de tu casa, de la que había sido tu casa en aquella que había sido tu ciudad, y dejaste de saber quien eras cuando viste la bombona de oxígeno en el salón de casa y las pastillas en la mesa del salón que ya no iba ingerir nadie y un verso de Richard Ashcroft acudió a tus labios involuntario: "this time I´m coming down".
Y fuiste feliz, como sólo se puede ser feliz en medio del momento más oscuro, escuchando con tu hermano a todo volumen canciones del Último de la fila por la Autovía del Sur, tal es el nombre propio de esa carretera, y vosotros erais aquellas canciones de algún modo y olvidaste la mezquindad de las personas que hacían cola en la puerta de embarque, y eras español del todo por primera vez, y las palabras significaron durante algún instante el resto de los instantes.
Y llegasteis a Andújar tras tres horas de viaje, tras veinte horas de viaje, tras veintisiete años de viaje, tras ochenta y dos años de vida, tras millones de horas de amor y te reconociste en el reflejo del cristal del tanatorio. Y entonces lo supiste, se nace para amar y ser amado. Y otro verso recorrió tu cuerpo y tu memoria como un destello: "y lo que hace el amor no muere nunca".

Y es cierto, gracias Mamá, gracias por todo lo que nos quisiste y por enseñarme que el verdadero amor es, y es para siempre, incondicional.

lunes, 9 de abril de 2012

Pétalos III



Cuanto más indigno creemos que es un dolor, más nos hace sufrir. La dignidad del sufrimiento reside en la lógica que lo provoca, cuanto más incomprensible sea, mayor será el efecto de su intensidad y su persistencia en el tiempo.

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El peor de los ignorantes es el que se empeña en sembrar su ignorancia en el resto.

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Las emociones son pensamientos que no encajan, toda emoción es imprevista, por lo tanto la emoción es una consecuencia lógica de nuestro pensamiento. No hay emoción sin pensamiento, siempre y cuando se defina el pensamiento como la proyección sensible, consciente o inconsciente, de lo que ocurre en nuestro cuerpo, de forma intrínseca y extrínseca.

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Se escribe para que puedan escucharnos a solas.

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La flor azul consiste en buscar la flor azul a sabiendas de que es imposible encontrarla.

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El amor es ese calor que se disipa en el cesto de la ropa sucia.

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Los sueños son la censura del pensamiento.

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Hay cuerpos hechos para amarse los unos a los otros, y hay cuerpos para envejecerse en ellos.