domingo, 13 de mayo de 2012

Mamaconsuelo



De ti aprendí el azul del cielo,
la risa y esa luz de la mañana
en la que todavía el aire yace fresco
en los desnudos brazos de un chiquillo.

Mi vida era solo ese centímetro cuadrado
que tú ocupabas, loca, con tus labios
con un millar de besos -aquel llegar a casa-
en un nombrar eterno y repetido:
"Prenda mía" me decías. ¡Ay!
Y nunca nadie más sabrá llamarme así,
porque el amor es algo irrepetible,
esa infancia que tú supiste darme única,
y como tú
jamás podrá quererme alguien igual.

He llorado tu muerte porque en ella
iba una pura parte de mi vida,
y ha muerto un poco más de mí contigo.

Irrepetibles,
como latidos que han vencido al tiempo
mis recuerdos se pierden de tu mano
una mañana de martes y de agosto,
roscas y cajas de zapatos,
bolsas y arena de parque.

Tú,
absoluta alegría y rota madre
me entregaste en tu cuerpo las palabras.

Hablábamos con Dios al acostarnos
"por eso te quiero tanto
y te doy mi corazón,
tómalo, tómalo, tuyo es,
mío no..."
y yo, tras de que me lo pidieras,
rascaba aquella espalda tuya
que era, perdóname que llore,
el horizonte de un amor eterno
mientras miraba los árboles nocturnos
tras la persiana
mecidos por la brisa
y aquello bastaba,
aquello fue mi vida,
bastaba con sentirte cerca.

¿Qué decirte ahora,
ahora que ya no existes sino en el puro amor
que tú misma entregaste?

Nada me duele más
que no poderte dar un beso,
o estar tan solo cerca.

Y estás en cada mano que me lleva,
y estás en cada abrazo,
y en cada vez que escucho Andalucía o Valdepeñas.

Gracias.

Y estás en cada cielo,
Mamaconsuelo
o estoy tan solo cerca
o estoy tan solo
cerca.