viernes, 29 de junio de 2012

Consuelo enumerativo



El silencio apilado de las páginas, las horas solitarias al volante, los cines a las cuatro de la tarde, la noche entre tus manos destrozada. Los pasos de algún padre que madruga, trenes que llegan, paran y se marchan. Teléfonos callados, pilas gastadas, agendas sin más años que guardar, camas de hotel deshechas, persianas bajadas, sobres abiertos sin cartas, fundas de gafas sin pañuelo, libros de texto, tiendas de muebles sin habitar, canciones, cuentas de restaurante, luz de farolas, siempre las mismas calles y siempre un solitario caminar.


No eras el único al que el tiempo le arrebató su juventud, es una historia bien sabida ya.

Y es demasiado fácil repetirla. Mejor, mejor no reparar en nada, mejor callar.