martes, 14 de agosto de 2012

Una ventana abierta



Dejas al personaje en la repisa a punto de saltar desde lo más alto del edificio, o es él el que te aparta de la página como si hubiera comprendido algo que estaba en ti: se escuchaba a Mahler en el piso de abajo.

En realidad lo viste caer, fue un mes de septiembre, en realidad se dejó caer de espaldas, no saltó. Y supusiste que miraba al cielo, al cielo que era todo azul y muerte y distancia. Lo viste, escuchaste el ruido seco de su cuerpo contra la carrocería de una furgoneta blanca. Un diario de encuadernación barata se hacía eco de su muerte en las peluquerías, en los bares, en las salas de espera de los ambulatorios a los pocos días, tomaste notas, lo has llevado contigo a todas partes. Desde entonces te preguntas, le preguntas y aunque has hallado más respuestas de las que esperabas, más de las que deberías página a página, todavía eres incapaz de dejarle caer. Las respuestas son siempre aburridas y poco misteriosas, no así las preguntas.

¿Qué vas a hacer narrador? ¿Qué quieres demostrar con todo esto? Ya ni siquiera tú lo sabes. ¿Una ventana abierta por la que sale música? ¿Es eso cuanto a ti te salva?