lunes, 1 de octubre de 2012

Dos fragmentos celestes




I

Cada palabra que hundo en el silencio
es para ti, para que siempre tuya
me sobreviva, pura, en tu recuerdo.

Y sin embargo muere todavía
la música que nombro y no te alcanza,
como si fuera demasiado otoño
para el inmenso amor que yo te tengo.

Y he de volver a ti, he de abrazarte,
para que todo
deje al fin de matarme bajo el cielo.

II

Sólo a través de ti he comprendido
lo que mi vida al mundo significa.

Tu cuerpo abierto en absoluta ausencia
y tu mirada rota, melancólica,
trazando el horizonte,
el camino que lleva hasta ti misma,
y más allá del mar donde terminas
una tristeza única sin nombre.

Como si el tiempo fuese de este modo
herida y cicatriz, memoria y cielo.