domingo, 3 de marzo de 2013

Líricas de pastel II (y todo su campo semántico)




Llevo tiempo sin querer escribir cosa alguna por culpa de algo indefinible y ni por esas consigo quedarme quieto. No es sólo porque esté leyendo a Lermontov o a Hamsun traducidos al alemán y me parezca que ya esté todo escrito. Es algo, sin duda, menos estético y pretencioso. 

La extraña causa es lo poético, cómo decirlo, lo literario, esa estilística de contracubierta, manual y solapa.

Me atenaza la vigencia de todas esas palabras que se utilizan escogiéndolas de más y no significan nada: abismo, etéreo, onírico, efímero, naufragio (y todo su campo semántico), umbrío (y todo su campo semántico), lo cotidiano (y todo su campo semántico), lo cardinal, lo meteorológico y lo astronómico (y todo su campo semántico), etcétera. 

La arritmia yámbica escogida y obvia, el metaplasmo mental, los encabalgamientos innecesarios de algorín, la retórica paradójica, lo bimembre de piezas de lego, la sinestesia de patio interior, la anáfora sin alma evocadora, la catáfora y los estribillos a modo de, las súmulas bibliográficas con intenciones unitarias, la evolución y demás impostaciones. 

Qué sé yo, podría pasar por alto todas esas patrañas si me emocionaran lo más mínimo, como la ropa interior de demasiado tamaño tendida en plena calle en un barrio de ciudad española o la soledad y el abandono que quedan encerrados dentro del local de un negocio que se ha ido a pique, me refiero a esa mezcla de vergüenza ajena y autenticidad de un cartel de "Se vende" o "Se alquila", en la que algo falla, pero asimismo nos transmite una emoción, un sentimiento, una idea, un recuerdo, algo que estaba ahí antes de empezar a leer y que después, al terminar, esté de otra manera. 

Las bragas enormes expuestas ante la multitud, la derrota y todo su campo semántico, eso sí me interesa. Puede ser que sea mi propio pasteleo.