jueves, 21 de marzo de 2013

Los ojos de Constance Dowling



Estoy a la última, soy un hombre de mi tiempo, empieza la primavera. Bla, bla, bla... Hoy que dicen que es el día mundial de la poesía, quiero dejar aquí el que es, a mi juicio, el poema más hermoso jamás escrito.

Lo escribió Césare Pavese, dicen que murió un 27 de agosto, precisamente el día que dicen que yo nací.  Me gusta por su eco, por la herida que dejan las palabras en el pensamiento después de leerlo.

Sé, como se saben las cosas que se saben después de muchos años de reflexión, que el hermoso misterio del poema reside en la tensión verbal, el futuro y el presente, como en nuestro pensamiento. Y como en nuestro pensamiento, la enorme carga de silencio mortal. Porque los ojos hablan sin palabras, como la muerte habla sin palabras: insomne, sorda, como un viejo remordimiento, como un vicio absurdo, una palabra vana, un grito acallado, un silencio, la vida y la nada, la mirada, el rostro muerto, escuchar un labio cerrado.
Y porque es el último poema de amor de un suicida y su manera, taxativa, de decirse adiós y con él a nosotros: Para todos tiene la muerte una mirada. 


Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
esta muerte que nos acompaña
del amanecer a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un vicio absurdo. Tus ojos
serán una palabra vana,
un grito acallado, un silencio.
Así los miras cada mañana
cuando te inclinas hacia ti misma
en el espejo. Oh amada esperanza,
aquel día también nosotros sabremos
que eres la vida y eres la nada.

Para todos la muerte tiene una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como abandonar un vicio,
como ver en el espejo
el resurgir de un rostro muerto,
como escuchar un labio cerrado.
Descenderemos mudos en la vorágine.


Césare Pavese

Einaudi, Torino, 1951.
Traducción de Víctor Sampayo.


Constance Dowling, los ojos que inspiraron el poema y, dicen, el posterior suicidio de Pavese.

Fuente: http://lankelot.eu/filesV2/UserFiles/Image/marina%20monego/Costance-Dowling%5B1%5D.jpg