miércoles, 18 de febrero de 2015

De haberlo sabido


Llevo quince años, camino de dieciséis, casado con mi mujer y ni una sola noche ha dejado de esperarme despierta cuando llego a casa del trabajo. No sé cómo lo hace, cómo es capaz de llevar poco después a las niñas al colegio, echar una mano en la papelería de su hermana, recoger a las niñas a la salida, hacer con ellas los deberes y bajarlas al parque o llevarlas a patinaje los miércoles y viernes, presidir la Asociación de Madres y Padres del colegio, organizar excursiones, actividades extraescolares, iniciativas, charlas y campañas de todo tipo: de concienciación medioambiental, de igualdad entre sexos, de ánimo a la lectura, de solidaridad, de educación en valores democráticos... No sé cuándo duerme, si es que duerme, su antiojeras es realmente milagroso.
Siempre tiene una palabra de aliento para mí, aunque nos hayan bajado el sueldo otra vez, pese a que dispongamos de menos recursos, menos compañeros para sacar el trabajo adelante y a mis turnos de noche. Ellos tienen su maquinaria, su lenguaje: recortes, ajustes, normativas, expedientes... Mi mujer tiene su sonrisa, más veraz que cualquier palabra de laboratorio y asesor. La sonrisa de mi mujer es un ministerio. Ni siquiera la pierde cuando regreso de otra manifestación a cientos de kilómetros con el cuerpo magullado de los golpes o cuando, después del deber cumplido, celebramos con alegría cómo se ha vuelto a detener un desahucio y se nos hincha el pecho de emoción cuando le relato las cadenas humanas frente al portal de un edificio y las victoriosas consignas de los activistas, llenas de esperanza. Si algún político, banquero o accionista de fondos buitres viera la desesperación en el fondo de la mirada de las personas a la que se les arrebata su casa, sin estadísticas de por medio, si, por un momento, fueran conscientes de lo vergonzoso que resulta un precinto policial en el silencio del descansillo, cuando nos marchamos de allí, derrotados por leyes sin corazón...

De haber sabido al aprobar la oposición que en esto consistiría mi trabajo, nunca me hubiera presentado a Policía Nacional.

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 Microrrelato que, según me han comunicado, aparecerá en el próximo número de la revista Compromiso y Cultura.