viernes, 18 de noviembre de 2016

Las cejas de Elena en La voz silenciosa



Otra sorpresa en La voz silenciosa, y ya van unas cuantas esta semana; después de que me anunciaran que no iban a leer otro cuento hasta Navidad, ayer emitieron "Las cejas de Elena".
Un relato cuyo título me ha perseguido en la vida real y que tiene mucho que ver con el elefante del Principito y con las cuarenta y tres puestas de sol y una silla.
En cualquier caso, gracias de nuevo a José por su generosidad, por tomarse la molestia de buscar mis textos por la red y por dar cobijo con su voz a mis palabras, no conozco un sitio mejor desde el que puedan decirse.
Esta es la web del programa: http://www.lavozsilenciosa.net/

miércoles, 16 de noviembre de 2016

La chica de la cámara de fotos en La voz silenciosa



La generosidad de José no tiene límites ni los conoce. Anoche volvió a leer uno de mis cuentos en su programa y hoy por la mañana me ha propuesto formar parte de un proyecto más grande todavía y me ha alentado a que le mande más relatos.
Encontrarse con personas que arrojen algo de luz y aviven con sus palabras nuestro espíritu -lo he sentido literalmente- no ocurre todos los días. No me gusta escribir arrebatado por la emoción del momento, pero cuando he colgado el teléfono me he sentido rodeado por un abrazo invisible, inmenso, intenso y silencioso.

martes, 15 de noviembre de 2016

Nota para una mesilla de noche en La voz silenciosa

Hace algo más de un mes el locutor del programa La voz silenciosa, José Francisco Díaz-Salado, leyó dos de mis relatos. Ayer me armé de valor y le escribí un correo pidiéndole su dirección para agradecérselo y mandarle alguno de mis libros. 
Él me pidió más relatos y le mandé una pequeña selección de tres, de la que anoche él tuvo a bien leer el siguiente. 
Aunque se equivocara al citar el título -es solo una nota- y durante la narración se trabara un par de veces (de la emoción me ha confesado después), me hizo una ilusión tremenda escucharlo.



El programa se emite todas las noches de 00:00 a 1:00 y se puede seguir por Youtube o a través de la página web: www.lavozsilenciosa.net

sábado, 12 de noviembre de 2016

Bastian Herbst, relato finalista en el V Concurso Literario de Terror Artgerust



No suelo cultivar el género de la literatura fantástica o de terror, sobre todo, por el respeto que le tengo a autores como E.T.A. Hoffmann, Edgar A. Poe o B. Stoker. Sin embargo, como estoy tan sumergido en tratar de sacar adelante mi siguiente proyecto, necesitaba desfogarme con un texto que no tuviera nada que ver. Tengo comprobado que una de las mejores terapias para encontrar el camino a otro texto -en realidad dentro de otro texto- es tratar de escribir uno que sea muy dispar y, si es posible, antagónico. Si no recuerdo mal, en la carrera alguien dijo o escuché que Gottfried Keller hacía algo parecido y ese detalle se me quedó grabado en la memoria; siempre que puedo lo pongo en práctica: escribir para poder seguir escribiendo. 
Contra todo pronóstico, el siguiente microrrelato ha sido seleccionado finalista entre más de 700 participantes; y aunque esto no sea gran cosa, me hace una ilusión tremenda que el texto vea la luz, bajo pseudónimo, en una antología de microrrelatos de terror, pues me considero un intruso, un polizón que se ha colado en sus páginas y que comparte camarote con otros 149 viajeros a bordo. 
Aviso, no sé a quién ni por qué, de que el estilo arcaizante es pretendido y que evoca, o lo intenta, las sintaxis anfractuosa de las traducciones antiguas:

Bastian Herbst

Zaleska tomó una flor del encarnado ramo, se acarició el rostro con ella y luego se la llevó a la boca presa de la vesania, hizo lo mismo con el resto de las flores: la cercanía de la sangre se le hacía insoportable. Dedujo por el sabor que se trataba de la salada y herrumbrosa sangre de Bastian Herbst, el joven y misterioso escritor de novelas de terror que le escribía cartas en las que mezclaba la oscura tinta con su propia sangre y al que una noche estuvo a punto de arrebatar la vida de una sola mordida; lo dejó escapar porque estaba escribiendo una novela sobre ella y, en aquella ocasión, su propia vanidad fue superior a sus instintos. Lo mataría en cuanto terminara el libro. Una carta acompañaba al enigmático ramo de flores bañadas en sangre:
Mi queridísima Zaleska:
Este es el final de la novela. Las flores están envenenadas con mi sangre.
Siempre tuyo,
Bastian Herbst.