sábado, 12 de noviembre de 2016

Bastian Herbst, relato finalista en el V Concurso Literario de Terror Artgerust



No suelo cultivar el género de la literatura fantástica o de terror, sobre todo, por el respeto que le tengo a autores como E.T.A. Hoffmann, Edgar A. Poe o B. Stoker. Sin embargo, como estoy tan sumergido en tratar de sacar adelante mi siguiente proyecto, necesitaba desfogarme con un texto que no tuviera nada que ver. Tengo comprobado que una de las mejores terapias para encontrar el camino a otro texto -en realidad dentro de otro texto- es tratar de escribir uno que sea muy dispar y, si es posible, antagónico. Si no recuerdo mal, en la carrera alguien dijo o escuché que Gottfried Keller hacía algo parecido y ese detalle se me quedó grabado en la memoria; siempre que puedo lo pongo en práctica: escribir para poder seguir escribiendo. 
Contra todo pronóstico, el siguiente microrrelato ha sido seleccionado finalista entre más de 700 participantes; y aunque esto no sea gran cosa, me hace una ilusión tremenda que el texto vea la luz, bajo pseudónimo, en una antología de microrrelatos de terror, pues me considero un intruso, un polizón que se ha colado en sus páginas y que comparte camarote con otros 149 viajeros a bordo. 
Aviso, no sé a quién ni por qué, de que el estilo arcaizante es pretendido y que evoca, o lo intenta, las sintaxis anfractuosa de las traducciones antiguas:

Bastian Herbst

Zaleska tomó una flor del encarnado ramo, se acarició el rostro con ella y luego se la llevó a la boca presa de la vesania, hizo lo mismo con el resto de las flores: la cercanía de la sangre se le hacía insoportable. Dedujo por el sabor que se trataba de la salada y herrumbrosa sangre de Bastian Herbst, el joven y misterioso escritor de novelas de terror que le escribía cartas en las que mezclaba la oscura tinta con su propia sangre y al que una noche estuvo a punto de arrebatar la vida de una sola mordida; lo dejó escapar porque estaba escribiendo una novela sobre ella y, en aquella ocasión, su propia vanidad fue superior a sus instintos. Lo mataría en cuanto terminara el libro. Una carta acompañaba al enigmático ramo de flores bañadas en sangre:
Mi queridísima Zaleska:
Este es el final de la novela. Las flores están envenenadas con mi sangre.
Siempre tuyo,
Bastian Herbst.